jueves 5/8/21

La irresponsabilidad de los que no se quieren vacunar

Uno puede ir conduciendo, y puede elegir la ruta que le parezca más conveniente, pero lo que no puede es ir en dirección contraria

La libertad es un bien muy preciado, quizás por ello merece la pena reflexionar sobre su utilización, desde la libertad de expresión hasta la libertad de equivocación. Ahora bien, ese  derecho nuestro tiene un límite,  cuando produce un daño a terceros que no tienen culpa alguna.

Uno puede ir conduciendo, y puede elegir la ruta que le parezca más conveniente, pero lo que no puede es ir en dirección contraria, ni debe saltarse las normas de tráfico, puesto que ello puede producir un gran daño a otras personas. La imprudencia temeraria está tipificada en el  código penal para ciertos comportamientos que ponen en peligro la vida de los demás.

Si alguien llevara en una bolsa un producto que pudiera causar desde una grave enfermedad hasta la muerte a otras personas, sabemos que eso además de ser grave irresponsabilidad, también estaría actuando fuera de la legalidad vigente. El Estado con sus normas coercitivas puede detenerlo y ponerlo a disposición judicial. 

Sin embargo, hay un grupo considerable en esta sociedad que puede llevar en su interior ese producto lesivo para otras personas, y sin embargo parece que esto es un derecho. Ellos no tienen que someterse a las reglas de los demás,  pueden contaminar impunemente, pueden causar graves daños... A nadie le gusta que le pinchen, aunque haya gente para todo, y somos muchos los que podemos tener nuestras reticencias a que te inyecten substancias desconocidas, no han sido pocas las controversias con las vacunas, solo recordar el caso de AstraZeneca daría para un serial.  Sabemos que hay intereses dentro de las empresas privadas, que uno de sus principales objetivos es la rentabilidad, basta ver el comportamiento del CEO de Pfizer. Así el día que anunció el logro de la vacuna contra el Covid, se apresuró a vender sus acciones obteniendo un pelotazo de esos que ni Messi.

Con todo lo vivido, si hay un dato claro es que las vacunas salvan vidas

Ahora bien, con todo lo vivido, si hay un dato claro es que las vacunas salvan vidas, basta ver las estadísticas de casos actuales de Covid, el índice de mortalidad, de ingresos y enfermos en la UCI. Que se podía hacer mejor, sin duda, que hay defectos en cuanto a las recomendaciones de las Administraciones Públicas y sus actuaciones, lo estamos viendo en el espectáculo de resoluciones judiciales, muy poco edificante,  que ponen a la justicia a los pies de los caballos, donde los ciudadanos no podemos comprender que los distintos Tribunales de Justicia de las diferentes Comunidades Autónomas, ante situaciones similares, emitan resoluciones contrarias.

Incluso es muy discutible la propia sentencia del Tribunal Constitucional sobre el primer Estado de Alarma decretado por el Gobierno de España. Esa dicotomía entre la protección de los derechos fundamentales y la salud, parece como si nuestros magistrados vivieran en el mundo de las teorías, y no en el mundo real, donde unos días de retraso a la hora de tomar medidas de prevención pueden producir miles de muertes.

Siempre he defendido la necesidad de que nuestros legisladores dieran herramientas a los jueces para proteger la salud de los ciudadanos, como lo han hecho otros países de nuestro entorno, pero ello no quita que en una urgencia, ante un infarto,  no se paren a preguntar al enfermo, por su nombre, su número de DNI, la dirección... aquí sí que lo primero es antes, y lo primero es salvar vidas. Por ello, el tribunal constitucional incluso teniendo sus razones teóricas, quizás no ha valorado suficiente la urgencia. Por otra parte da hasta coraje que aquellos que han sido sancionados por poner en peligro la vida de los demás queden  impunes, sin sanción alguna.

Otra cosa muy distinta es que un Estado de Alarma se pueda prorrogar por seis meses, cuando había tiempo más que suficiente para tomar todas las medidas legislativas pertinentes, aunque sobre ello todavía no se ha pronunciado el Constitucional, y aunque sorpresas te da la vida, tiene toda la pinta de que esa prórroga del Estado de Alarma también va a ser declarada inconstitucional. 

¿Qué pasa cuando el Ejecutivo promulga decretos que son inconstitucionales?, ¿qué responsabilidades tiene el mismo?, Si los ciudadanos tenemos un comportamiento similar nos crujen, ¿puede el Ejecutivo hacer de su capa un sayo, y hacer normas, que bordean la ley constantemente, cuando no la infringen descaradamente?. Recordando que la exvicepresidenta primera del Gobierno, Carmen Calvo, es doctora en Derecho Constitucional,  se le supone que algo sabría sobre el tema. ¿Tiene algo que ver su salida con esta sentencia?

Ver la incidencia del covid en los jóvenes superando ampliamente los mil casos por cada cien mil habitantes, es comprobar cómo las vacunas están haciendo su efecto

Aunque en los mentideros dicen que ella era partidaria del Estado de Excepción, y que el nuevo hombre fuerte del Gobierno, el Ministro Félix Bolaños, fue quien impuso la tesis de ir por el atajo del Estado de Alarma, pero vayan Uds. a saber, lo evidente es que el legislador, en casi dos años, no ha movido un dedo para proteger la salud de los ciudadanos.  Ahora mismo estamos viendo mucha más responsabilidad en los propios ciudadanos, que no hacen caso al Gobierno y siguen con la mascarilla por las calles, ya que  consideran que ello puede ayudar a no transmitir el virus. 

Ver la incidencia del covid en los jóvenes superando ampliamente los mil casos por cada cien mil habitantes, es comprobar cómo las vacunas están haciendo su efecto. Lo hacen  doblemente, en cuanto a la menor gravedad cuando uno es afectado por el contagio del covid, y actuando como el mejor escudo, hasta ahora, para las variantes conocidas del virus.

Por ello, esta grave irresponsabilidad está en los negacionistas de la realidad, los que llenan la cabeza de grillos a nuestros jóvenes con teorías seudoconspiratorias. Ninguno tenemos la verdad absoluta, pero según todos los datos, quien se vacuna se protege y protege a los demás, quien no lo hace tiene sin duda muchas más papeletas para ser un portador y exportador de lo que puede ser una grave enfermedad. 

A veces la ignorancia, el individualismo, el creernos más listos, invencibles, que la enfermedad no va con nosotros, los antisistemas, la desconfianza en la ciencia y en los expertos, así si juntamos todo podemos tener un cóctel peligroso, para ellos y para los demás. La responsabilidad tanto colectiva como individual es el camino para un futuro mejor. Todo sea dicho con el debido respeto para lo que puedan pensar de otra forma, que no se trata de herir susceptibilidades. 

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