domingo 24/10/21

La hipocresía del poder

El asesor, que no tenía asesor, el jugador de ajedrez que no tenía tablero, el peón vuelve a su función, a trabajar para el Conde, y hacer de bufón para ganarse su simpatía y las suculentas migajas que caen de su brillante plato

A veces, lo mejor es estar a la sombra y desde allí ir creando un mito, un personaje que pocas veces tiene que ver con la realidad, son incluso los demás los que se encargan de adornarlo de virtudes. Él fue quien descubrió el fuego, el que hizo presidente a Sánchez y, aún el más difícil todavía, el triple salto mortal, hacer que el Sr. Iglesias fuera Vicepresidente en menos de 24 horas.

Con este currículum a ver quién es el guapo que le tose, la bola de nieve va creciendo y todo lo positivo que hace el Gobierno, o al menos una parte de él se le atribuye. Mientras que los errores pasan a ser no del señor en la sobra, que ya tiene un estatus como el de los hombres en la Atlántida, casi de semidiós, y los semidioses no se pueden equivocar, eso queda para los mortales, seres que vagan por la Tierra ganándose la vida malamente en busca de la muerte, aunque esta sea política.

Así llegó el día en el que de tanto tocar los tambores desde la oscuridad al Presidente, este más celoso que el mono al que el amigo le quita su pareja, al notar las protuberancias en su cabeza, la cosa se puso fea. Tal era la rabieta por los cuernos recibidos que ya no hay semidiós al que se le aguante, y este tuvo que correr a coger las de Villaviciosa y Villadiego juntas, que no están los tiempos para tomar el pulso a un Presidente cornudo y cabreado. 

Así siempre quedaría el relato, aquello por lo que un consultor que se precie lucha, nunca por la verdad, pero siempre por el relato. Podrá decir como el cronista deportivo, me marché yo, que quede claro, que nadie se entere aunque fuera cinco minutos antes de que la guadaña del Presidente le cortara la cabeza y la entregara a los leones de la prensa. Así, enseñar al pueblo que a un Presidente ni se le puentea, ni mucho menos pu... Quien tiene mando en plaza, el poder terrenal, aunque sea por un tiempo limitado, puede destruir a todo rival, por mucho que se esconda entre las sombras y se vista de semidiós de los consultores.

Los duelos de titanes apasionan al personal y si estuviéramos en la city las apuestas correrían como en los partidos de pelota, tres a uno por el rojo, aunque esté un poco descolorido. Ya se sabe que la venganza es un plato que se sirve frío. Bueno, algunos no tienen tanta paciencia y lo ponen templado. Cuando el ego empieza a trabajar, a hincharse, es muy complicado tener los pies en el suelo, y algunos piensan que ya pueden salir de su escondite y volar solos. 

Cuando enseña su cara, es cuando pierden su encanto, cuando al nuevo Rasputín se le ven sus trucos

Ahí, cuando enseña su cara, es cuando pierden su encanto, cuando al nuevo Rasputín se le ven sus trucos, ya no hay emoción y el ídolo de barro cae en desgracia rodando por el monte de la popularidad y con libertad de la manada para despellejar.

Cuando uno se define como el mejor, el más guapo, aunque haya usado las manos del cirujano, y tenga una melena, mucho más abundante que en su tierna juventud, se hace sospechoso. Él que todo lo hace bien, que tanto le deben, a este supuesto ser cuasi divino, se le ha roto su traje de superconsultor, y ahora deja parte de sus vergüenzas al descubierto.

El asesor, que no tenía asesor, el jugador de ajedrez que no tenía tablero, el peón vuelve a su función, a trabajar para el Conde, y hacer de bufón para ganarse su simpatía y las suculentas migajas que caen de su brillante plato. 

Las puertas giran y giran, como diría aquella reina del pueblo de los programas de corazón y demás vísceras, "yo por 400.000 euros mato, políticamente a quien haga falta", y lo mismo puedo ser un vicepresidente de una eléctrica, que nuevo bufón del reino. Poderoso caballero es don dinero, que tantos esconden en paraísos fiscales.

Si dabas los jugosos y sabrosos frutos del árbol electoral, entre los suyos, todo son parabienes, pero cuando se cambia el guion, palo y a la cabeza. Quizás no era un semidiós, sino un listo a tiempo parcial, que mientras fue útil le regalaron los oídos y cuando fue incómodo, los mismos, por tertulias y columnas, le condenaron al destierro de la torpeza y la indiferencia. 

Eso de ser burro y apaleado no le gusta al personal y busca sus minutos de gloria, dar su versión contra la realidad filtrada por las gargantas profundas del poder, en defensa legítima de su propio honor.

La hipocresía del poder pasa por ensalzar las virtudes del gran jefe, y de los que se van sin molestar, eso sí para siempre en la faz de la Tierra

Aunque ya se sabe que cuando uno se defiende asimismo, tiene muchas posibilidades de disponer de un cretino por abogado. La hipocresía del poder pasa por ensalzar las virtudes del gran jefe, y de los que se van sin molestar, eso sí para siempre en la faz de la Tierra, ya decía Rubalcaba que "en España sabíamos enterrar muy bien", a veces en vida y a veces...

Los nuevos prestidigitadores ocupan su puesto, se estrenan por todo lo alto, dan cheques a los que cumplen la edad de votar, hacen leyes que quedan muy bien, pero donde no tienen competencias. Los hay que realizan leyes, y de tanto mandar, se creen reyes. También es verdad que para quedarse a mirar, no necesitan tantos asesores, consultores y ministros varios.

No se puede olvidar que hay un lado oscuro del poder que da miedo, sobre todo porque el poder sin control ya nos ha enseñado de lo que es capaz, la corrupción ha dejado su profunda huella durante muchos años en nuestra memoria y en las arcas públicas. Ahora que llega el maná europeo más nos vale que funcionen los bolsillos de cristal, que el portal de transparencia sigue siendo muy opaco.

Los que vemos la realidad desde nuestro rincón, con las gafas casi siempre prestadas o de segunda mano, tenemos que tener mucha prudencia, que cualquier parecido con esa realidad quizás sea pura coincidencia.
 

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