miércoles 23/6/21

Goodbye, goodbye, Mr. Johnson

Dentro de la UE se tiene que reflexionar por qué empieza a ser más atractivo para muchos ciudadanos estar fuera de ella, esa imagen de burócratas en la lejanía, de cementerio de elefantes políticos, de falta de sensibilidad, esas críticas de los responsables políticos que disimulan su incapacidad diciendo que todo es por su culpa, el problema es de la UE, esto puede destruir quizás el proyecto más hermoso políticamente de Europa.

Las acciones tienen consecuencias, fomentar antipatía, aversión, el encono, la enemistad y el odio hacia los demás dejan huella, en quien lo realiza y en quien lo recibe. Cuanto más simple sea la idea, el mensaje mejor se inyecta ese veneno en las vísceras del personal, "ellos son los malos y lo tuyo lo bueno". Confundir defender tu identidad, tu cultura, con atacar la de otros seguro nos empobrece.

Los héroes siempre son los tuyos, siempre llevan tu camiseta. Las guerras siempre las ganan los tuyos, además de ser incierto, produce un efecto de deformación de la realidad, que llevados al extremo la historia, ahora que celebramos el 75 aniversario de la liberación de Auschwitz-Birkenau, nos recuerda las graves consecuencias que puede tener. Da la impresión que no se pudiera querer al perdedor, al que se equivoca, al más débil, el que no es ni el más guapo, ni el mejor, menos mal que nos queda la literatura, donde ahí los perdedores dan mucho más juego. Ese sentimiento nacional, chauvinismo, patrioterismo exacerbado va cavando trincheras, levantando muros, que si pocas veces tuvieron sentido, mucho menos en la edad de la comunicaciones, de la globalización. 

Confundir defender tu cultura, con atacar la de los demás, es cruzar la línea de la racionalidad

Hay que reconocerlo, ese discurso triunfa, llega y es muy fácil de digerir, es capaz de atraer a jóvenes y mayores, identificar a los tuyos marcados con unos símbolos, que tantas veces sirven para distinguir a unos y excluir a los demás. Es como aquellos que van a un partido, y solo tienen ojos para lo bien que lo hacen los suyos, el contrario es el enemigo, se le puede insultar impunemente desde el anonimato de la grada, metido en medio del grupo, todos haciendo el coro, diciendo al contrario "muérete", con un repaso por el árbol genealógico del árbitro, que siempre estará comprado si es imparcial. Confundir defender tu cultura, con atacar la de los demás, es cruzar la línea de la racionalidad, es como decir ahora que los británicos se van de la Unión Europea que William Shakespeare era un tuercebotas con la pluma, los Beatles no eran la banda sonora de nuestra juventud, o que todos los habitantes del Reino Unido tienen un pensamiento único. Bueno recuerdo que no hace tanto tiempo unos concejales iluminados querían quitar una calle a D. Antonio Machado, y es que ya lo dijo el Gallo cuando le presentaron a Ortega como filósofo, "Tié q'haber gente pa'tó"

La historia de desencuentros entre la Europa continental y las islas británicas han sido frecuentes desde tiempos inmemoriales. Decir que los ingleses son muy suyos, muy amantes de sus tradiciones, no es nada nuevo, ni nada peyorativo, mientras ello no suponga el desprecio hacia los demás. Afirman de los pueblos conquistadores de imperios que siempre queda algo en su ADN, que les hace muchas veces creer que van dos palmos por encima del suelo.

Fue en el lejano 1973, cuando se incorporó el Reino Unido, junto a Irlanda y Dinamarca a la entonces Comunidad Económica Europea, pronto comenzaron los problemas así en 1975 ya se había celebrado un primer referéndum sobre la permanencia del país en dicha institución. En la década de los setenta y ochenta, la izquierda era quien más pedía la salida de la Comunidad Europea. El Partido Laborista abogó por la retirada total. Aunque también es cierto que por la derecha Margaret Thatcher daba caña, quién no recuerda sus enfrentamientos en las cumbres y aquel paraguas de las discrepancias con el que tantos se taparon.

Sería en los 90, cuando la oposición y los euroescépticos crecen principalmente por la derecha, acentuado por el Tratado de Maastricht en 1992, creó la UE el mercado único, garantizando la libre circulación de bienes, servicios, capitales y personas en toda la UE, esto levantó grandes reticencias en varios países por la pérdida de soberanía. Los discursos más duros llegaron de las Islas Británicas y la semilla del Brexit se iba regando poco a poco. David Cameron, tenía un buen lío interno e intentó adormecerlo, taparlo, prometiendo en las elecciones generales de 2015 celebrar un nuevo referéndum. Es aquello que muy bien saben hacer los políticos, un problema interno lo convierten en un problema de un país, e incluso de toda la UE, esperando que sean los electores los que les solucionen sus propias incapacidades e irresponsabilidades. 

Cameron siempre pensó que ese referéndum, como el de Escocía, lo ganaría, que no se iban a atrever a salir de la UE por las consecuencias que traería. Midió muy mal sus fuerzas, allí ya estaba el exalcalde de Londres, Boris Johnson, un populista de tomo y lomo, que le daba lo mismo decir una mentira, que tirar migas a las palomas, pero que tenía carisma y su mensaje llegaba al personal. El 23 de junio de 2016 por un escaso margen, en contra de muchas encuestas, el Brexit gana por un 51,9%, y el Gobierno británico invocó el artículo 50 del Tratado de la Unión Europea. Aquí nunca hay que olvidar los intereses económicos y los que manejan los hilos y los medios de comunicación.

El Brexit sería un serio motivo de tristeza para aquellos arquitectos y creadores intelectuales de la Unión Europea superviviente del Holocausto

En todo esto hay un personaje nefasto, en su ambigüedad mal calculada, llegó a aseverar "represento a los dos lados del Brexit", este era hasta las últimas elecciones el líder del partido laborista Jeremy Corbyn. La izquierda británica le podía decir aquello de Cayetana, "nunca te lo perdonaré Jeremy". Por el contrario Boris Johnson ganó esas últimas elecciones con un mensaje claro y diáfano de apoyo al Brexit, y de sacar al país del embrollo que él mismo había contribuido a meter. La historia, como la vida, nos demuestra que da muchas vueltas e igual los que hoy se van, mañana quieren volver, es bueno recordar que Winston Churchill fue de los principales defensores de los "Estados Unidos de Europa", decía que una Europa unida garantiza la paz, eliminaría el nacionalismo y sus siempre eternos enfrentamientos. El Brexit sería un serio motivo de tristeza para aquellos arquitectos y creadores intelectuales de la Unión Europea Jean Monnet, Konrad Adenauer, Robert Schuman, Altiero Spinelli, Joseph Bech, Simone Veil superviviente del Holocausto, primera mujer que preside el Parlamento Europeo superviviente del campo de concentración de Auschwitz-Birkenau, Marga Klompé, Ursula Hirschmann...

También es cierto, que dentro de la UE se tiene que reflexionar por qué empieza a ser más atractivo para muchos ciudadanos estar fuera de ella, esa imagen de burócratas en la lejanía, de cementerio de elefantes políticos, de falta de sensibilidad, esas críticas de los responsables políticos que disimulan su incapacidad diciendo que todo es por su culpa, el problema es de la UE, esto puede destruir quizás el proyecto más hermoso políticamente de Europa. Goodbye, goodbye Mr. Johnson, el futuro siempre es incierto, pero hay tantas cosas que nos unen que ni los políticos pueden apagar la admiración por un pueblo que ha hecho tantas contribuciones a nuestra historia. 
 

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