viernes 14/5/21

Desde la calle mirando mi vivienda "okupada"...

Una señora de 94 años fue a visitar a su hermana, cuando volvió se encuentra su casa ocupada, sin poder entrar en la misma, y sus pertenencias vendidas en el mercadillo que se hace habitualmente cerca de esa vivienda.

Que el acceso a la vivienda es un grave problema de nuestro país no hay duda alguna. Los altos precios, los bajos salarios, el paro...hace que los jóvenes tengan una barrera muchas veces insalvable, para realizar un proyecto de vida en común fuera del ámbito familiar.

Los alquileres han subido como la espuma, la adquisición en propiedad de la misma está ya casi vedada en muchos lugares por esos altísimos precios. Esto genera un problema que no es menor, y nuestras autoridades por muchos discursos grandilocuentes que den no acaban de resolver.

Según un informe reciente del Observatorio de Emancipación del Consejo de la Juventud, pone de manifiesto que la emancipación en España de los jóvenes entre 30 y 35 años se ha reducido considerablemente en los últimos años. Así casi el 30% vive aún en casa de sus padres en contra de lo que sería su voluntad. 

Una persona joven que quisiera acceder a una vivienda en alquiler debería destinar cerca del 90% de su salario

El citado estudio nos informa como una persona joven que quisiera actualmente acceder a una vivienda en alquiler, de media, debería destinar cerca del 90% de su salario. De esta forma, la posibilidad de esa querida emancipación pone a los jóvenes en una situación económica desesperada, precaria y con el riesgo de caer en la pobreza.

Las crisis que nos anuncian no hace más que agravar el problema y poner el futuro lleno de nubarrones. Las políticas sociales brillan por su ausencia, la construcción de viviendas con iniciativa pública, y a precios asequibles, se ha convertido casi en una quimera. Solo aquellos afortunados donde los dos miembros de la pareja tienen un trabajo de los llamados "decentes", por el montante de la nómina, se pueden a duras penas abrir camino en ese costoso mundo de la hipoteca, que como decía Gila "yo me casé con una hipoteca para toda la vida...y más allá".

Esta situación de necesidad ha ayudado a agravar un problema, que en nuestro país está llegando a cotas nunca vistas, el fenómeno okupa.  Aquí hay que distinguir ese movimiento antisistema, alternativo, el fenómeno incluso con un punto de romanticismo de aquellos okupas de lugares públicos, o deshabitados que incluso tiene reminiscencias artísticas, de comuna, de colectivos que se apoyan dentro de una situación de pobreza y que a veces viviendo de una forma alegal, no perjudican a su barrio, incluso todo lo contrario son tenidos como parte del mismo y apoyados muchas veces. 

Ha proliferado otro movimiento muy peligroso y agresivo, que no respeta las más mínimas normas de convivencia

Aunque recientemente, ha proliferado otro movimiento muy peligroso y agresivo, que no respeta las más mínimas normas de convivencia, una mafia, que aprovechan las viviendas que en esos momentos no están ocupadas para introducirse en las mismas y hacerse fuertes en ellas, aprovechando vacíos legales totalmente incomprensibles en un país avanzado. En Europa no tiene precedentes en su permisividad con quien no respeta, ni la ley, ni la propiedad de terceros, ni las más básicas normas de la educación. 

Este nuevo fenómeno okupa nada tiene que ver con el romanticismo del que hablábamos anteriormente. Hay lugares que son auténticas mafias, organizadas para sacar dinero de los propietarios de los inmuebles. Una vez que entran en el hogar, o vivienda, cuando hablan con los legítimos propietarios lo primero que hacen es pedir dinero a cambio de salir de la propiedad e incluso no son pocas las veces que venden todo lo que se puedan encontrar en la vivienda, que han asaltado y ocupado.

Cuando la justicia no la imparten los organismos que les corresponde, acaban tomándola los ciudadanos cansados de la violación de su intimidad

Cuando unas normas son injustas o ineficaces acaban por no respetarse, e incluso puede producir graves alteraciones de la convivencia. Cuando la justicia no la imparten los organismos que les corresponde, acaban tomándola los ciudadanos cansados de la violación de su intimidad, de sus viviendas, de ver cómo lo que con mucho trabajo y esfuerzo se ha construido unos desalmados lo destrozan, lo venden, mientras la policía no puede hacer nada y el juez cita a los propietarios y asaltantes para dentro de 3 meses en el mejor de los casos.

Hace apenas un año se vivió en Bizkaia un suceso de esos que conmueven los sentimientos colectivos. Una señora de 94 años fue a visitar a su hermana, cuando volvió se encuentra su casa ocupada, sin poder entrar en la misma, y sus pertenencias vendidas en el mercadillo que se hace habitualmente cerca de esa vivienda. La indignación primero de un barrio y después de todo un pueblo, Portugalete, quedó expuesta en una gran manifestación ante la casa de Vitori, esa señora de 94 que no podía creer lo que estaba pasando, ni que hubiera personas con tanta maldad. La fuerza del pueblo, consiguió lo que no hicieron la justicia, ni la policía, devolver la vivienda a su legítima dueña, aunque con un daño psicológico, un miedo pasado que ella nunca olvidará.

Es difícil explicar que tengamos unas normas que permitan estas situaciones, que el legislador mire para otra parte mientras ocupan tantas viviendas, haciendo un profundo daño a las familias que ven violadas sus pertenencias, su intimidad. Un fenómeno que está creciendo en nuestra sociedad de forma tremendamente preocupante, y que en situaciones como la pandemia con su confinamiento, esas mafias que ven un dinero fácil, se reproducen sobre todo en la zona de Cataluña, pero como una nueva pandemia se extiende por toda España. Así las empresas de seguridad privada hacen negocio ocupando el espacio vacío que ha dejado el Estado al no garantizar la seguridad ni de tu propia vivienda. Estas mismas empresas daban datos reveladores asegurando que la ocupación ilegal de viviendas ha aumentado "un 300%" con respecto a antes del confinamiento:

Mientras algunos no son capaces de distinguir una violación de la ley, un robo descarado y encuentran una justificación en complejos de un derecho profundamente garantista con el infractor, las víctimas quedan en la calle sin su hogar viendo como otros ocupan su propia vivienda. A estos personajes les sale muy barato delinquir, y es aquello de "okupo que, seguro, con algo me quedo".
 

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