miércoles 4/8/21

Los abusones

Manos invisibles que manejan el poder

¿Quién no recuerda a los abusones de clase, o los matones de barrio que imponían su voluntad por encima de cualquier razón? Chulos por excelencia quienes creen que en el mundo todos los demás estamos para servirles, ellos pueden hacer e imponer su santa voluntad, donde lo que se puede hacer por la fuerza no se negocia.

Estos abusones que tienen el poder como arma, ya sea un particular o de Estado, ahí están las grandes potencias para demostrarlo, basta ver el propio funcionamiento de la ONU y quien tiene derecho de veto, para darse cuenta de quien manda. Organizaciones como la OTAN, países armados hasta los dientes para garantizar la paz, donde el que más armas y mejores tiene impone sus normas y criterios. Los hay más barriobajeros como son las declaraciones y actuaciones del actual Presidente de EE.UU, donde con la excusa primero lo mío, se cree con derecho a vejar a las mujeres y minusválidos, insultar a la prensa, realizar apología de la tortura, no respetar los derechos humanos, el derecho internacional, estigmatizar a los hispanos, decir que creará un muro en la frontera con México, pero que además, ejerciendo de ese chulo de barrio, dice que "el muro lo pagarán los propios mejicanos", y pondrán... las cervezas. Si el hombre más poderoso del mundo puede hacer y decir estas barbaridades ¿qué mensajes está lanzando a la sociedad?. Si el Dow Jones marca máximos históricos a cada bravuconada y amenaza del Presidente. ¿Qué defiende el mundo del dinero?. Si alguien pretende hacer un mejor reparto de la riqueza, la bolsa se desploma, pero si alguien lanza un mensaje xenófobo, y en contra de los derechos más elementales sube. Está claro que el dinero no tiene conciencia, el dinero sólo defiende los beneficios, sean lícitos o ilícitos, sean éticos o inmorales. Si las barbaridades que dice y ahora hace Trump, las hiciese un Presidente de un país pequeño, le caería, con razón, la del pulpo, pero a los abusones se les tiene miedo, o se espera que de su mesa caigan algunas migajas.

Si alguien pretende hacer un mejor reparto de la riqueza, la bolsa se desploma, pero si alguien lanza un mensaje xenófobo, y en contra de los derechos más elementales sube.

Ahora bien, cuando un pueblo hace Presidente a un señor como Donald Trump con estas características y currículum, alguna responsabilidad tenemos los ciudadanos, si esto además lo hace la sociedad más avanzada, a la que imitamos hasta sus fiestas y costumbres, da para una profunda reflexión. Una cosa es lo políticamente correcto, y lo que se dice en las encuestas, luego están los intereses, los bajos instintos que se manifiestan en la soledad ante una urna. Demasiadas veces se dora la píldora diciendo que el pueblo es soberano, sabio e inteligente. Bueno, el pueblo somos todos con nuestros defectos y virtudes, por ello también podemos meter la pata, basta con ver muchas veces a quienes elegimos para que nos gobiernen.

Tanto o más peligrosos que estos personajes conocidos y al final votados por nosotros, son aquellos que desde la oscuridad del anonimato ponen su dinero, medios, personal... para pagar sus campañas, quienes en la sombra son los verdaderos poderes reales. Pocas veces conocemos sus nombres, cuando salen en los medios de comunicación son grandes directivos triunfadores, la mayoría de las veces son la verdadera mano invisible que mece la política y economía nacional e internacional, influyendo decisivamente en la toma de decisiones, que disfrazan de democráticas, y han sido auspiciadas en el ático, en la oficina de un departamento de una gran multinacional.

Algunas grandes empresas en el mundo del consumo actúan también como esos abusones, imponiendo sus criterios, contratos, precios y condiciones. Nos hacen auténtico bullying abusando y acosando a los ciudadanos. Utilizan armas de destrucción masiva contra nuestras conciencias, mediante la adulación, pasamos del "cliente siempre tiene razón", al " cliente preso y cautivo". Muchas veces detrás de una gran sonrisa de palabras amables, de adular y regalar la oreja al ciudadano, como se hace con el votante, realmente se está adormeciendo al mismo, mediante los sedantes suministrados a través de la publicidad directa e indirecta, para poder actuar impunemente y abusar de esa voluntad ya pasiva y cautiva, "nada debilita más que el elogio inmerecido"

Nos hacen auténtico bullying abusando y acosando a los ciudadanos

Existen controles democráticos en la abundante legislación que en teoría nos protegen a los consumidores, pero lamentablemente estas empresas tienen medios para saltar esos filtros, incluso para a través de sus lobbys cambiar la misma. Hay veces que los tribunales sobre todo de la Unión Europea que, aunque tardíamente, les ponen topes como en el tema de las hipotecas, cláusulas suelo, protección del tercero de buena fe... pero por cada uno que se detecta diez pasan con toda impunidad. Nunca han existido tantas normas para proteger a los ciudadanos, y pocas veces nos hemos sentido más indefensos ante estos monstruos que trabajan con tantos medios que nos desarman sin saber que se ha iniciado la batalla.

Cada día es más difícil saber cuál es el mundo real, y hasta dónde va a avanzar la exclusión social. Cuando parece que tenemos más medios y más libertad, te das cuenta que quizás es cuando más controlado y manipulado puedes estar. Orwell en su novela 1984, que se ha puesto de actualidad por tener tantos paralelismos con la situación actual, hace ya 60 años, planteaba esa sociedad vigilada y manipulada por la información, un sistema que todo lo controla con la represión como fondo. Donde "la verdad es lo que dice el líder, no lo que tu deduzcas, ni siquiera lo que tus sentidos perciban". Vamos, como dice la Administración Trump "los hechos alternativos". En un universo donde el que más poder tiene más abusa del mismo, en esta Europa nuestra a la hemos echado la culpa de todos nuestros males, viendo como está el planeta y mirando las amenazas que nos llegan del otro lado del charco, seguro que hay mucho que mejorar, pero a veces tiramos demasiadas piedras a nuestro propio tejado.

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