lunes 6/12/21

Grafeno para los candidatos

Me incluyo entre los españoles que deseamos un cambio en el Gobierno central pero, sobre todo, un cambio hacia otras políticas que no descarguen más el coste de la crisis sobre las clases medias y trabajadoras con nómina o los emprendedores, mientras que las muy altas incrementan sus patrimonios en porcentajes insultantes.

El grafeno es el material del futuro inmediato. Estaba ahí desde siempre, en nuestras mochilas de escolares –y en las de los nuevos diputados- pero no lo sabíamos. Esta única capa de átomos de carbono unidos en celdas hexagonales y que se puede ‘ver’ fácilmente al frotar un lápiz contra un papel, resulta que tiene propiedades de supermaterial.

200 veces más resistente que el acero, pesa solo 0,77 miligramos por metro cuadrado, es 200 veces más rápido que el silicio de los chips actuales en conductividad y disipa el calor 10 veces más que el cobre, entre otras propiedades. Y todo eso lo llevábamos en el estuche del colegio sin saberlo. Si lo llegan a saber nuestras abuelas, nos habrían quitado “esos lápices que al hijo de la Felisa le han hecho enfermar por chupar la punta”.

Cuando nos queramos dar cuenta, en la gran superficie de los que “no son tontos” los productos tecnológicos ya no se hablará de “wifi integrado” o “super FulHD”, sino del grafeno, que nos permitirá estar a la última y sorprender a nuestro cuñado con sus increíbles características.

Materiales de construcción para rascacielos imposibles, pantallas para tablet que se pueden doblar, baterías eléctricas de, por fin, larga duración, procesadores en los chips mucho más rápidos que no se calientan… Los tecnólogos están encantados con este nuevo-viejo material y proponen cada día una nueva aplicación, idea seguramente surgida entre los vapores de la ducha matutina y la curva de la felicidad que el espejo se empeña en mostrarnos.

Una vez más, la ciencia nos depara sorpresas donde menos te lo esperas. Por eso muchos responsables políticos no son partidarios de apoyar a los investigadores, porque las sorpresas son imprevisibles e incontrolables.

Ya que hemos dado el salto a la actualidad política, me pregunto si Pedro Sánchez tiene un traje de grafeno, porque en caso contrario no hay dios que aguante una presión que “alucina” hasta al sensible Revilla. Y como el otro presidente, aunque en funciones, sigue jugando a lo de “a mi que me contáis, haber votado al PP”, la presión de varias atmósferas sobre el líder socialista –la previsible externa y la inexplicable interna por extemporánea- amenaza con superar la resistencia del propio acero. Que hable con el Centro Tecnológico de Componentes en el PCTCAN y encargue un chubasquero con el nuevo material; por si no es suficiente protección la consulta a los militantes sobre un posible pacto con la que ha sorprendido a los faraones socialistas, después de ceder obligado en las fechas del congreso interno. Y eso que tampoco están para nuevas elecciones, y menos aún tras airear las disensiones en el patio de la comunidad en lugar de resolverlas en la cocina de Ferraz. Así que el periodo de negociación que acaba de iniciar el ex jugador de baloncesto va a requerir un montón de triples de tres para evitar una nueva cita con las urnas.

Mejor una sólida estructura organizada con técnicas mafiosas - los calabreses si que saben- para cobrar suculentas comisiones y luego disfrutarlas en torno a una paella o en la próxima y dopada campaña electoral. Eso si que es previsible, y además de puede contabilizar: mil, dos mil, tres mil…

Y si en mi casa cuecen habas, en la tuya a calderadas. Ya veremos si, en el último momento, el recientemente autoproclamado vicepresidente in pectore -menudos muslos iba a echar si tiene que estar cuatro años de pie para no sentarse en el sillón azul de la casta- decide que la repetición de las elecciones no es tan buena idea como parecía aquel ya lejano 21 de diciembre.  Especialmente cuando sus aliados ya reclaman con fuerza asamblearia su propia tribuna, mensaje y visibilidad; ya no se conforman con la buena técnica dialéctica-televisiva de su teórico líder. Empiezo a entender aquello de “la hegemonía se mueve en la tensión entre el núcleo irradiador y la seducción de los sectores aliados laterales", que nos regaló Errejón el pasado verano en Twitter. Ya hablaba de tensión con los aliados laterales, que listo este chaval encumbrado al núcleo irradiador, que espero no sea de rayos gamma, muy dañinos en grandes dosis.

Y mientras tanto el de Pontevedra, tras dar por segunda vez calabazas al “Ciudadano Felipe”, vuelve a esconderse tras su capa de peregrino, que parece de grafeno porque le permite resistir impasible mientras decenas y decenas de dirigentes de su partido hacen cola obligada a la puerta de la Udef.

Todo apunta –hoy, que la cosa cambia a mayor velocidad que el escaparate de Zara- a que estamos en una carrera negociadora de resistencia, con al menos cuatro semanas de duración. Y sentimos la impaciencia –hasta ansiedad por repartir ministerios- porque en España no estamos acostumbrados y no conocemos a nadie en Bélgica a quien preguntarle. Pero tenemos que ir aclimatándonos, porque esto es la democracia. Si nos quejábamos del bipartidismo, ahora hay que lidiar con el multipartidismo, que viene bien para levantar alfombras y limpiar la mugre aunque es más trabajoso.

Me incluyo entre los españoles que deseamos un cambio en el Gobierno central pero, sobre todo, un cambio hacia otras políticas que no descarguen más el coste de la crisis sobre las clases medias y trabajadoras con nómina o los emprendedores –el pequeño autónomo de toda la vida- mientras que las muy altas incrementan sus patrimonios en porcentajes insultantes sin pasar por taquilla.

Pero como la historia es pendular –da igual estudiarla, acabamos repitiéndola- me basta con disfrutar de estos apasionantes tiempos que van a marcar los próximos 30 años. Como los de las guerras médicas, qué tiempos aquellos…

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