lunes 23/5/22

Diógenes, Los Picapiedra y el Capitán Trueno

El ya cansino proceso negociador de nuestros representantes para formar un gobierno mínimamente estable tiene muchos puntos en común con Los Picapiedra. Mientras Pedro Picapiedra intenta irse de farra con su amigo Pablo Mármol, éste último se hace de rogar porque solo hay una corona de cartón.

Con el afán por compartir algunos de los descubrimientos científicos que tanto me sorprenden, en mi último comentario sobre las ondas gravitacionales me dejé llevar por una mezcla de arrogancia y prepotencia (además de un tono alto) que sonrojaría a Diógenes, el discípulo de mi antepasado, que por austeridad elegida vivía en una tinaja y se cubría con un raído manto. Por cierto, la Biblioteca Central de Cantabria, en la santanderina calle Ruiz de Alda, acoge el interesante trabajo del artista cántabro Nacho Zubelzu titulado “La Tinaja de Diógenes”.

Día si y día también comprobamos que el ejemplo de Diógenes no ha sido, precisamente, el que han seguido unos cuantos de nuestros políticos. Ellos prefieren lujosos áticos al borde del mediterráneo que sucias tinajas. Aquel griego recorría las calles de Atenas con un candil buscando “hombres honestos”. Al igual que en algunas localidades españolas actuales, el asceta desgastaba sus sandalias sin encontrar lo que buscaba. Fíjate si era raro que se manifestaba “ciudadano del mundo” y no de una ciudad en particular.

Pedro no se amilana y reúne a todos los amigos para que Pablo, víctima de la envidia, abandone su posición marmolea y se sume a una fiesta que promete ser la más divertida de Piedradura en muchos años

Pero regreso al hilo inicial, porque en esta ocasión, para esquivar las acertadas pero dolientes críticas de algún lector y hasta de mi propia familia, mi intención es no perderme en metáforas científicas a la hora de disparar la presente fotografía desenfocada y subjetiva, muy lejos de un análisis de politólogo, de la actualidad política nacional; o plurinacional; o federal; o lo que sea. A veces me pregunto: ¿A qué se dedicaban los politólogos hace dos años, antes de salir en La Sexta?

Para la ocasión, y tras el mea culpa, aprovecho la sugerencia que me ha hecho una amiga: el ya cansino proceso negociador de nuestros representantes para formar un gobierno mínimamente estable tiene muchos puntos en común con un capítulo de Los Picapiedra. Mientras Pedro Picapiedra intenta, por lo civil o por lo criminal, irse de farra con su amigo Pablo Mármol, éste último se hace de rogar porque solo hay una corona de cartón y, además, tiene pánico de contárselo a su compañera Betty, ocupada como está en la crianza de BamBam.

Pero Pedro no se amilana (bonita) y con la determinación que le caracteriza coge el troncomóvil y reúne a todos los amigos, conocidos e incluso a los medio enemigos (incluidos El Capitán Trueno y hasta el Papa Francisco) para que Pablo, víctima de la envidia, abandone su posición marmolea y se sume a una fiesta que promete ser la más divertida de Piedradura en muchos años. No es la primera vez que Pedro ha tenido que dormir al raso cuando Vilma, mujer sureña de carácter, ha descubierto algunas de sus escapadas de amigotes (“¡¡Vilma, ábreme la puerta!!”), pero esta vez la ocasión merece correr el riesgo.

Aún es pronto para saber si habrá fiesta de amigotes en Piedradura, quién lucirá la única corona de cartón incluida en el menú infantil o si, por el contrario, Pedro dormirá de nuevo bajo las estrellas, como Diógenes. Tendremos que esperar al siguiente capítulo. Pero creo saludable rebajar la pasión latina que nos caracteriza y vivamos el proceso democrático con un poco de humor y menos postureo, especialmente de los que piden menos postureo.
 

Diógenes, Los Picapiedra y el Capitán Trueno
Comentarios