jueves. 13.06.2024

Utopías y caminos

Desde hace cuatro años la formación soberanista apoya y defiende sin fisuras haciendo que la inclusión del cántabru en nuestro ordenamiento social y también estatutario pueda ser posible.

Hace unos días (16-2-2023) Nerea De Diego Colmenarejo (politóloga y miembro del equipo de coordinación de Cantabristas) publicaba una interesante reflexión en relinchu.com que llevaba por título “El camino de las utopías”, una circunstancia ésta que a mí me recuerda mucho al álbum de música titulado precisamente “El camino de las utopías”, del grupo español de rock Extremoduro (1987-2019), y en donde en el mismo nos comparte la ilusión y las ganas por hacer de Cantabria un lugar posible y con futuro donde las personas sean capaces de soñar y de imaginar el porvenir que verdaderamente se merecen. A continuación un párrafo de su intervención:

“En Cantabristas tenemos la intención genuina de mejorar las cosas desde la ilusión y con la certeza de que hay muchos futuros contingentes de los que somos directamente partícipes. Futuros que tienen que ver con la posibilidad real de vivir en Cantabria de manera digna, con igualdad y respeto por todas las personas y por la tierra en la que vivimos; futuros que tienen que ver con el derecho a soñar y a vivir la vida que deseamos. Futuros que tienen que ver con algo que no se parece a lo que nos hemos resignado a aceptar. Pero para poder llegar a eso, primero tenemos que creer, y en Cantabristas ya estamos en ello”.

Desde Cantabristas se aboga por la salvaguarda y la permanencia de nuestra realidad e identidad lingüística

Hemos querido comenzar este artículo así y de esta manera pues sabemos que pronto comenzarán a realizarse las ya tan consabidas y acostumbradas precampañas electorales, y ocurre y resulta que hasta el momento presente no atisbamos a ver con claridad y suficiente resplandor que salvo Cantabristas, ninguna formación política en nuestra tierra aboga de una manera clara y decidida por favorecer y dar visibilidad al cántabru: la otra lengua de Cantabria.

Una realidad esta que desde hace cuatro años la formación soberanista apoya y defiende sin fisuras haciendo que la inclusión del cántabru en nuestro ordenamiento social y también estatutario pueda ser posible y real, si verdaderamente deseamos que esta lengua no muera y desaparezca para siempre de nuestra realidad y cotidianidad, pues una lengua no muere porque no se escriba, muere si no se habla, si no se enseña, si no se difunde y si no se habla de ella. Por eso desde Cantabristas se aboga por la salvaguarda y la permanencia de nuestra realidad e identidad lingüística, pues ya se sabe que cada dos o tres semanas desaparece una lengua que en sí misma lleva consigo todo un patrimonio cultural e intelectual de incalculable valor: al menos el 48% de las más de 6.000 lenguas que se estima se hablan en el mundo están en grave peligro de extinción.

Preparar en este sentido y en este caso una auténtica transformación y revolución en favor del cántabro se hace y se antoja ahora más que nunca, y en los tiempos actuales de una cada vez mayor toma de conciencia ciudadana en favor del idioma, necesaria, oportuna e imprescindible.

Decía Ricardo Flores Magón, que fue un periodista y escritor mexicano nacido en 1873, y asesinado en un centro penitenciario de Kansas-EE.UU. en 1922 (aunque la causa oficial fue un infarto) que “El verdadero revolucionario es ilegal por excelencia. El hombre que ajusta sus actos a la Ley podrá ser a lo sumo, un buen animal domesticado pero nunca un revolucionario. Y es que la Ley conserva, y la Revolución renueva. Por lo mismo y por lo tanto, si hay que renovar, lo que hay que comenzar a hacer es empezar por romper la Ley”.

Esa Ley que no está escrita y que sistemáticamente margina y relega al cántabru de manera continuada y constante desde hace ya casi tres siglos (y casi medio siglo desde que en España se instauró la mal llamada “democracia”), y que hoy está representada y simbolizada a través del ya archiconocido “Régimen del 78”.

La humanidad, como especie biológica perteneciente al planeta Tierra, forma parte integrante de los ecosistemas naturales

Y por parafrasear de nuevo a Ricardo Flores podemos añadir con respecto y en relación a lo que tiene que ver con el cántabru, que la verdadera revolución democrática comenzará en Cantabria cuando se aparte y se destierre para siempre la idea de pretender imaginar que la revolución pueda ser desarrollada dentro de la Ley, pues ello es una locura, o si prefiere, un contrasentido, ya que la Ley es yugo, y el que quiera librarse del yugo tiene antes que quebrarlo.

“(…) Y así, por ejemplo, el que predica a los trabajadores que dentro de la Ley puede obtenerse la emancipación del proletariado, es un embaucador, porque la Ley ordena no arranquemos de las manos del rico la riqueza de lo robado, y la expropiación de la riqueza para beneficio de todos es la condición sin la cual no puede conquistarse nunca la emancipación humana. La Ley es un freno, y con frenos no se puede llegar a la libertad”.

El físico alemán Albert Einstein (1879-1955), sin cuyo trabajo científico y su compromiso ético no hubiéramos abierto una buena parte de las puertas por las que la sociedad ha propulsado su conocimiento y sus horizontes de progreso mantenía que “solo la moralidad de nuestras acciones puede darle belleza y dignidad a la vida”.

Con esta actitud, y tomando como referencia estas intenciones, bien podríamos hacer por impulsar en nuestra realidad y en nuestra cotidianidad más y mejores acciones en favor del cántabru, en medio de una sociedad a veces decadente y decepcionante, apática e indolente, donde una ciudadanía observa perpleja y atónita la falta de compromisos que trasmite la política actual, dejando de esta manera en mero decorado las instituciones, y en particular el poder legislativo, que lleva años sin atender a su primera obligación para con el pueblo soberano al que representa, y que en este caso es legislar. Ante esta situación es preciso un ejercicio de optimismo en el que el recurso a la ética y a los valores se hacen ahora más que nunca necesarios y harto imprescindibles.

El artículo 3 de la Constitución Española establece, claramente en su punto 1º, que el castellano es la lengua oficial del Estado, y, en el punto 2º, que las demás lenguas españolas serán también oficiales en las respectivas comunidades autónomas de acuerdo con sus estatutos, y señala claramente que la lengua es un patrimonio cultural que será objeto de especial respeto y protección. También las lenguas que no están reconocidas y que no han sido apoyadas por las instituciones, aunque también por determinadas organizaciones políticas al servicio de un Estado depredador para con las realidades más débiles y amenazadas lingüísticamente que en ese mismo Estado conviven.

Con estos antecedentes una de las premisas y compromisos de nuestros gobernantes (que son pagados con el dinero público) debería de ser fomentar e impulsar el plurilingüismo a través del proyecto lingüístico en cada centro de enseñanza público que pueda servir para la mejora del conocimiento de la lengua cántabra por el alumnado, a fin de poder así incrementar el uso de nuestra lengua nacional no cooficializada, y con la intención clara de poder avanzar de esta manera más fácilmente hacia actitudes más favorables para con la convivencia lingüística de nuestro pueblo, pues entendemos que la educación plurilingüe es también una oportunidad para movilizarse y favorecer una educación inclusiva, equitativa y de calidad que brinde la oportunidad del aprendizaje a lo largo de toda la vida para todas las personas.

Creemos que la escuela es uno de los primeros espacios vitales y definitorios donde las personas se forman en todo tipo de aprendizajes y materias, entre las que cobran especial relevancia y protagonismo las lenguas, por lo que por lo tanto se debe y se debería de garantizar el dominio de las mismas (en este caso cántabru y castellano) a fin de poder favorecer así la sapiencia y con ello el conocimiento, tan necesarios estos en medio de la actual sociedad multicultural y globalizada en la cual actualmente vivimos y nos desarrollamos.

Con la extinción de los idiomas mengua también la rica urdimbre de la diversidad cultural y general de los pueblos

Y como muy bien nos recuerda la Declaración Universal de los Derechos Lingüísticos de Barcelona (Junio 1996) esta con rotundidad afirma: “Considerando que la mayoría de las lenguas amenazadas del mundo pertenecen a pueblos no soberanos, y que los factores principales que impiden el desarrollo de estas lenguas y aceleran el proceso de substitución lingüística son la falta de autogobierno, así como la política de los Estados que imponen su estructura político administrativa y su lengua”.

“Y considerando que la invasión, la colonización y la ocupación, así como otros casos de subordinación política, económica o social, implican a menudo la imposición directa de una lengua ajena o la distorsión de la percepción del valor de las lenguas, y la aparición de actitudes lingüísticas jerarquizantes que afectan a la lealtad lingüística de los hablantes. Y considerando que por estos motivos, incluso las lenguas de algunos pueblos que han accedido a la soberanía están inmersas en un proceso de substitución lingüística, por una política que favorece la lengua de las antiguas colonias o de los antiguos poderes imperiales”.

En verdad la humanidad, como especie biológica perteneciente al planeta Tierra, forma parte integrante de los ecosistemas naturales, llamándoles así y para diferenciarlos un poco más de lo comúnmente reconocido como artificiales, como por ejemplo sucede con los ecosistemas que son propios de las ciudades.

Esta afirmación es importante pues posiciona el entredicho de que al ser éste un elemento más del ecosistema terrícola, sus creaciones (tanto materiales como ideológicas) igualmente y también son parte de ese mismo ecosistema, y por lo tanto le afecta a éste de una manera y forma directa y constante. Por lo tanto las acciones (todas) de la humanidad repercuten sobre manera en la sociedad y en lo que solemos llamar habitualmente como Naturaleza: flora, fauna, etc.

Seamos siempre revolucionarios, siempre constantes y siempre auténticos en favor y en la defensa del cántabru

Así pues la historia de la sociedad humana no puede entenderse con la fragmentación del ecosistema que ha creado, lo que incluye necesariamente a las instituciones sociales que rigen hoy su vida y su forma de relacionarse con el resto de las especies y formas diversas de vida que existen en eso que llamamos “espacio”, “lugar”, “área”, o simplemente “emplazamiento”. Un análisis este que no está exento de contradicciones, pues no podemos simplemente borrar las particularidades del momento o del lugar donde los acontecimientos se suceden, como igualmente y tampoco podemos ignorar y/o borrar las pasiones y los intereses que llevaron a las personas a ser parte de la Historia, ya sea como grandes personajes o bien como simples y sencillos seres anónimos en el vaivén de la existencia llamada “vida”.

Por lo tanto, y ante esta disyuntiva (que ha configurado y marcado al oficio de historiar durante ya bastante tiempo) y realidad es imposible desarrollar una metodología que nos ayude a solventar esta contradicción entre el sujeto y las estructuras que le rodean, pues ellas son siempre volubles y harto cambiantes, nunca estáticas y siempre variables. Y ello está bien, pues no existe un solo camino o método hacia la verdad y el entendimiento (y menos si hablamos de una “verdad histórica”), sino que por el contrario muchos y muy variados.

Ante esta realidad se hace cada vez más necesario y evidente el poder desarrollar herramientas de análisis premeditadas que nos permitan superar esta falsa dicotomía entre sociedad y sujeto. Y esto es solo posible si retomamos con interés la propuesta de Walter Benjamín (traductor y ensayista alemán muerto a mediados de pasado siglo en Portbou-Alto Ampurdán) de ver la historia a contrapelo, es decir, tratando de encontrar siempre aquello que no se acomoda, que está fuera de lo normal, o bien aquello que tiene siempre una continuidad irrefutable. Por ello y para ello hay que cuestionarlo todo, empezando por no solo la información que tenemos almacenada en nuestro consciente, sino las también características ideológicas que nos llevan a aceptar esa misma información como única y/o verdadera.

Y por lo que respecta al cántabru ello es más que obvio y manifiesto, pues con la extinción de los idiomas mengua también la rica urdimbre de la diversidad cultural y general de los pueblos, perdiéndose así, y por lo tanto, posibilidades, tradiciones, recuerdos, modalidades únicas de pensamiento y expresión. Recursos en definitiva valiosos y necesarios para lograr un futuro mejor y más rico en visiones y sensaciones.

Nos gustaría que desde la Consejería de Cultura del Gobierno de Cantabria (y como vienen haciendo desde hace ya muchos años diferentes y distintas organizaciones culturales y sociales que abogan por la oficialidad del cántabru), y aprovechando que hace poco se ha celebrado en buena parte del mundo la fecha del 21 de Febrero (Día de la Lengua Materna), se recogiera la necesidad de proteger y valorar en su justa medida la inmensa carga cultural y patrimonial de incalculable valor que atesora y alberga el cántabru, una realidad que es necesario proteger y salvaguardar en una sociedad cada vez más universal y cambiante, y en donde cada vez con más insistencia surgen voces y movimientos que buscan salvaguardar los rasgos que hacen de un lugar un espacio único y singular, y donde sin duda la lengua propia juega un papel exclusivo y fundamental.

En este sentido la urgencia en desarrollar el tan ansiado y esperado Instituto Cántabro de Cultura y Patrimonio (reclamado por Cantabristas desde al menos el mes de Abril de 202) es clave a la hora de poder dar salvaguarda y protección a nuestra lengua desde las Administraciones, además de que es una apuesta clara por tratar la lengua cántabra como el patrimonio que la Constitución reconoce que es y siempre debe de ser.

No quisiera desaprovechar este artículo para recordar un texto del príncipe Piotr Alekséyevich Kropotkin (1842-1921), a veces conocido en español como Pedro Kropotkin, quien fue geógrafo, zoólogo y naturalista, y aparte de ser un teórico político y económico, también fue un afamado escritor y pensador anarquista ruso. En su obra: “El espíritu de rebelión”, y concretamente en su primer capítulo podemos leer: “En la vida de las sociedades hay épocas en que la Revolución llega a ser una necesidad imperiosa, en que ésta se impone de una manera absoluta. Las nuevas ideas germinan por todas partes, buscando salir a la luz y encontrar su aplicación en la vida, pero chocan continuamente con la inercia de aquellos interesados en mantener el antiguo régimen y ahogar estas ideas en la atmósfera sofocante de los antiguos prejuicios y las tradiciones”.

Seamos siempre revolucionarios, siempre constantes y siempre auténticos en favor y en la defensa del cántabru.

Utopías y caminos
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