martes. 28.05.2024

Televisión, antidesarrollismo y autarquía lingüística, las otras luchas en favor del cántabru

En este sentido, el antiprogresismo marca una ruptura con toda la crítica social anterior que, prisionera de la perspectiva burguesa consideraba los adelantos tecnológicos, los descubrimientos científicos, así como el aumento de la producción, como peldaños de la escalera que llevaba a un progreso infinito de la humanidad. Sin embargo, las raíces de la explotación del hombre y de la mujer son exactamente las de la explotación de la Naturaleza (de la consideración de la naturaleza como objeto explotable) facilitada ésta por la ciencia y por la técnica. Eso es justamente el progreso hoy en día, aunque a veces no sepamos analizarlo y verlo con perspectiva.

Desde hace ya varias décadas, y en las sociedades contemporáneas en particular, es cada vez mayor la importancia de los medios masivos de comunicación, y en particular, la influencia que ejerce la televisión en este proceso. Y esto es así porque sabemos que sobremanera influye sobre la forma de actuar y de pensar en las personas, hasta el punto de que llegan a modificar (total o completamente) la manera en que los pueblos conocen y comprenden la realidad más inmediata que les rodea y en la cual se desenvuelven.

Sabemos que sobremanera influye sobre la forma de actuar y de pensar en las personas

El comportamiento del telespectador-consumidor ha sido objeto de estudio a lo largo de las últimas décadas por múltiples empresas y organismos de muy diversa índole y naturaleza, para así poder conseguir incrementar notablemente sus ventas y los beneficios que se derivan de este inmenso mercado generador de juicio, dictamen y parecer, pero también muchas veces de enconada controversia y discusión. Y una de las técnicas que utiliza, precisamente el marketing (control mental) para poder llegar a los consumidores potenciales es precisamente la publicidad. Y más hoy en día en donde la sociedad se ve muy influenciada por ésta a través, fundamentalmente, de las redes sociales y las mal llamadas “corrientes de opinión”.

 A la hora de hablar de programación subliminar, manipulación de la realidad, y, sobre todo, de falsa percepción de los acontecimientos… sobre y por lo que respecta al cántabru (como también ha ocurrido con otras lenguas minoritarias) sabemos que se ha ejercido una brutal y despiadada política de anulación y supresión de una realidad, que en pocos años a punto ha estado de hacer desaparecer una cultura única y singular.

Los diversos y diferentes grupos antidesarrollistas hace ya tiempo que se percataron de esto y de esta realidad, y aunque existe abundantísima información al respecto, aquí podemos verlo claro a través del siguiente enlace:

https://despertandoalarealidad.wordpress.com/2016/02/18/patente-us-6506148-b2-revela-que-tu-televisor-te-esta-lavando-el-cerebro/ [1]

Al contrario de otras luchas que pueden integrarse en el mundo de la mercancía, siempre y cuando la coyuntura sea favorable porque no llegan a cuestionarse a fondo y en forma adecuada, la defensa del territorio (al obstaculizar el crecimiento) significa que con ello se ataca el mismo corazón del Sistema, que no pocas veces es explotador, depredador, injusto y poco digno y respetuoso para con los pueblos y con su diversidad.

El análisis antidesarrollista parte de que el capitalismo, pero también el comunismo, las “democracias” globalizadas y mundializantes, el sectarismo variado y variopinto de muchas religiones institucionalizadas y anuladoras, así como otras formas de teocracias conduccionistas, junto a las ahora nuevas “normas” de lo que se ha llamado por definir como “digital”, todas ellas dirigidas e institucionalizadas (pero al final anuladoras no pocas veces de autoanálisis y lógica); lo que han hecho ha sido contribuir (sobre manera) a sobrepasar sus propios límites externos derivados de la limitación de los recursos disponibles con los que cuenta en la actualidad la humanidad.

En consecuencia, las contradicciones que se desprenden de la explotación infinita de unos recursos finitos no han cesado de producirse, derivando y conduciendo progresivamente al mundo al colapso acelerado de una civilización que ya empieza a estar enferma de transhumanismo y de mucha falta de ética o neuroética.

Miguel Amorós, en Julio de 2016, en un artículo en kaosenlared.net que lleva por título: “Qué es y qué quiere el antidesarrollismo” afirma muy acertadamente lo siguiente:

El antidesarrollismo por un lado sale del balance crítico del periodo que se cierra con el fracaso del viejo movimiento obrero autónomo y con la reestructuración global del capitalismo, nace pues entre los años setenta y ochenta del siglo XX. Por otro lado, se manifiesta tanto en el incipiente intento de ruralización de entonces, como en los estallidos populares contra la permanencia de fábricas contaminantes en los núcleos urbanos y contra la construcción de centrales nucleares, urbanizaciones, autopistas y pantanos.

En realidad, el antidesarrollismo es una reflexión racional sobre el devenir nocivo del mundo, pero no es solo y meramente una simple crítica del crecimiento sin fin (y sin final) de la economía y de la técnica, sino que por el contrario; es toda una crítica de la ideología del progreso no racional y absurdo que conduce al mundo (y a la civilización) hacia un devenir catastrófico. Al final, “no centrado”, “no ordenado”, y “no equilibrado” con las leyes simples y lógicas que rigen la biología, la Naturaleza y el sentido común.

En este sentido, el antiprogresismo marca una ruptura con toda la crítica social anterior que, prisionera de la perspectiva burguesa consideraba los adelantos tecnológicos, los descubrimientos científicos, así como el aumento de la producción, como peldaños de la escalera que llevaba a un progreso infinito de la humanidad. Sin embargo, las raíces de la explotación del hombre y de la mujer son exactamente las de la explotación de la Naturaleza (de la consideración de la naturaleza como objeto explotable) facilitada ésta por la ciencia y por la técnica. Eso es justamente el progreso hoy en día, aunque a veces no sepamos analizarlo y verlo con perspectiva.

No terminamos de comprender que el sometimiento implacable de la Naturaleza acarrea en última instancia la esclavitud de la humanidad entera, e inversamente, la esclavización de la humanidad comporta la sumisión de la Naturaleza. Además, la intrusión de los valores económicos en todos los ámbitos degrada las relaciones sociales, al tiempo que también destruye el entorno natural. En definitiva, se hace necesario arremeter contra la sociedad creada por el llamado “Estado del Bienestar”, y el acto de consumir convulsivamente como paradigma psicológico y conducido de una sociedad que es cada vez menos humana y sí, más tecnológica.

No terminamos de comprender que el sometimiento implacable de la Naturaleza acarrea en última instancia la esclavitud de la humanidad entera, e inversamente, la esclavización de la humanidad comporta la sumisión de la Naturaleza

El desarrollismo desenfrenado y sin alma nos conduce indefectiblemente a la postración y a la alienación, por eso hay que salir de allí con imaginación y con mucho humor, y luego buscar un plan alternativo, no solo al trabajo asalariado, sino también como forma de hacer frente a esa otra “moda” llamada “marxismo cultural”, tan perniciosa ésta como lo es el llamado “capitalismo liberal”. Pues ambas pretenden decirle al individuo (con su correspondiente dosis de adecuada “corrección política”) lo que está bien y lo que no lo está, imponiendo así, y a través del uso de ciertas palabras (y proscribiendo otras), como hay que pensar y como hay que actuar y proceder, intervenir y trabajar. Ambos, “capitalismo liberal” y “marxismo cultural”, no son sino engranajes de un mismo sistema que busca, a través del adoctrinamiento ideológico, una nueva forma de esclavitud y control de la voluntad y del pensamiento.

 En el libro: “Perspectivas antidesarrollistas”, de Miguel Amorós, podemos leer: “En el mundo globalizado y urbanizado el espacio rural propiamente dicho no existe, depende enteramente de la urbe, bien como reserva de espacio urbanizable, bien como decorado o vertedero de lo urbano. Lo rural no tiene autonomía, una ordenación territorial impuesta desde la urbe le designa una función y un destino, según sea la cuantía de las plusvalías esperadas. Lo urbano explica lo rural y no al revés”.

La que podría definirse como “la realidad más certera”, habría más bien que buscarla en las condiciones materiales de la existencia, que hoy son las que se corresponden a una sociedad de consumo que es tecnológica, y al tiempo, también está masificada y sobreexplotada. La ciencia y la técnica puestas al servicio de la economía (y desarrolladas únicamente en esa dirección) reproducen y refuerzan el tipo de sociedad que precisamente se debería combatir: autoritaria, opresiva y artificializada.

Son pues días y tiempos en que nos quieren hacer creer que la solución a nuestros problemas es reanimar al sistema financiero, estimular y aumentar más la producción, volver a tener acceso a más créditos y, por supuesto, consumir más, y más, y más... sin medida y sin control.

Consumir desmesuradamente, irracionalmente y compulsivamente. Y esto no es verdad, pues “la crisis” es un excelente momento para reflexionar sobre la forma en cómo vivimos, para así podernos dar la oportunidad de cambiar hábitos y empezar a consumir menos, y de una manera más responsable y sostenida.

Ni las ciencias ni las tecnologías son neutras: las hay que favorecen la desigualdad y la explotación, aunque también las hay que fomentan la cooperación y la convivencia. Las primeras colonizan la vida cotidiana y la someten a las leyes de la mercancía, las segundas la liberan y fortalecen el sentimiento comunitario. Unas actúan sobre la Naturaleza como si fuera un objeto inerte, las otras la tratan con respeto considerándola como sujeto. Esa sería, precisamente, otra de las características diferenciales del antidesarrollismo, aprendida de las comunidades indígenas donde el respeto y la cooperación son la norma y el bien común a preservar y conservar. Unas son autoritarias, las otras son racionales y justas.

Las personas que se puedan sentir enmarcadas e identificadas dentro de esta categoría o perspectiva, sintonía y/o lazo de proximidad con las teorías antidesarrollistas, puede ahora servirse del cántabru como si de una herramienta más de lucha y resistencia se tratase; a fin de poder así sustituir un tipo de energía por otra que sea más adecuada y acorde con la producción y el sostenimiento, el aprovechamiento de los recursos y la autogestión.

Decía el famoso activista británico (escritor, locutor, ecologista, minifundista y activista) en el siglo pasado, John Seymour (una influyente figura del movimiento de autosuficiencia) lo siguiente en “El Horticultor Autosuficiente”: “El autoabastecimiento es la pugna por conseguir una calidad de vida más elevada, alimentos frescos, buenos y orgánicamente elaborados, una vida grata en un ambiente agradable, la salud corporal y la paz mental que nacen de un trabajo duro y variado al aire libre, y la satisfacción que proviene de la realización correcta y eficiente de tareas difíciles y complicadas. Cada día es un nuevo reto”.

A continuación un video para la reflexión:

https://www.youtube.com/watch?v=N_YuQUkod90

 Por lo tanto, si fuera necesario y hubiera de llegar al caso, no habría que tener ningún miedo de emprender decididamente el camino que nos conduzca hacia la autarquía lingüística cántabra. Circunstancia esta que se ha de dar y de producir cuando a un pueblo se le niegan sistemáticamente los derechos de poderse expresar y vivir en cántabru su existencia y realidad más inmediata y cercana.

Esto no quiere decir que no se siga y no se progrese con entusiasmo y decisión en todos los frentes posibles y necesarios en favor del cántabru: sociedad civil en su más amplio sentido y expresión del término. Simplemente con estas acciones y avisos, requerimientos y puestas en escena, se quiere poner en marcha (de manera real y práctica) el deseo de emplear una más de las muchas estrategias posibles que hagan posible el ejercer la presión necesaria que posibilite el que nuestra lengua opte por tener más repercusión mediática y de atención real en todos los escenarios posibles.

Y para que esta realidad sea visible y reconocible, no estaría de más el que se creara algún símbolo representativo y visible, a fin de que la persona o personas identificadas con este ideal pudieran llevar de la manera que fuera más visible y palpable esta identificación: bien en la ropa, en el coche, en la bicicleta, en la fachada de una casa, etc.

Cuando hablamos de autarquía enseguida nos viene a la memoria el concepto o el paradigma económico como motivo más referencial de una situación y/o un encaje, sin embargo, este término (que comúnmente es usado en la economía, y que indica la condición de las personas, lugares, mecanismos, sociedades, sistemas industriales o naciones que luchan por su autoabastecimiento o que rechazan toda ayuda externa) también se puede aplicar a nuestra lengua cántabra cuando un Estado, un Gobierno local, o bien una Institución pretende negar una realidad y una evidencia que es anulada, acallada, o también secuestrada de manera consciente y sistemática.

Por resumirlo podríamos decir que la autarquía lingüística (aplicada esta al plano político) sería el ideal de una sociedad capacitada para autosostener sus necesidades sin la presencia de una estructura de Estado o entidad de regulación para los individuos. Por ejemplo, un Gobierno local que se niegue a reconocer la existencia y la protección de su patrimonio lingüístico.

En la Antigua Grecia varias corrientes filosóficas vieron en la autarquía un ideal de vida. Para las escuelas cínica, estoica, epicúrea y cirenaica, la autarquía es la situación propia del sabio, que se basta a sí mismo para ser feliz, pues no necesita para ello otra cosa que el ejercicio de la virtud. En este sentido es la independencia del sabio, junto a la autonomía (libertad) y a la ataraxia (imperturbabilidad), quienes entre otras cosas y cualidades configuran las características ideales más sobresalientes del sabio.

Sabio porque el que debe y se supone que tiene que hacer de “sabio” (el Estado, o el Gobierno local de turno), ningunea y engaña repetidamente, y con sórdida desvergüenza, atrevimiento, insolencia y desfachatez, los derechos naturales y lógicos de un pueblo que sufre represión lingüística y anulación cultural premeditada; por precisamente ese “sabio” en el cual sus conciudadanos depositan su confianza para que les proteja y les represente.

Si esto no se da, o si bien esto no se produce, surge entonces la pregunta: ¿Qué obligación deben de seguir o bien hacer cumplir esos ciudadanos administrados por parte de ese Estado o Gobierno local, que de manera sistemática y recurrente anula sus derechos de poderse expresar en su lengua original y propia?

En el derecho administrativo, la autarquía es la forma de descentralización administrativa que permite el Gobierno

En el derecho administrativo, la autarquía es la forma de descentralización administrativa que permite el Gobierno por sí mismo en lo administrativo, en la personalidad jurídica y en el patrimonio propio, y, además, permite y sostiene también una finalidad pública en sus funciones.

Según el derecho constitucional, la autarquía es la capacidad de autoadministrarse o autogobernarse, pero conforme a estatutos orgánicos

provenientes de un poder superior. Los conceptos de autonomía y autarquía, para adquirir precisión, deben estar necesariamente referidos a un sistema jurídico-político determinado; ya que existen diferencias importantes en los matices.

Y es que si nos vamos a los matices, o bien a las concreciones, en este trabajo exponemos y lanzamos a todos los vientos de nuestra geografía el término de “autarquía lingüística cántabra”, como propio o referido a que las personas autárquicas no obedecerán otras leyes que no sean las que emanen directamente de sus derechos a poderse gobernar o regir mediante el uso y promoción para su vida del cántabru, en cuantos requerimientos personales y comunes, solicitudes con la Administración, demandas, avisos, exhortos, etc. se den en el ámbito de la natural comunicación y exposición de pareceres, opiniones y asuntos que tienen que ver con lo humano y con lo social propio y característico de la comunicación entre iguales.

Televisión, antidesarrollismo y autarquía lingüística, las otras luchas en favor del...
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