lunes. 15.04.2024

Soberanía alimenticia y poder popular, conciencia, consciencia y cántabru

Cuando este estado de cosas suceden y acontecen la insumisión al Estado es y debería de ser igualmente otra forma y manera más de hacer frente a la autonomía y a la autogestión

El contenido que aparece firmado en este artículo forma parte de un reciente libro publicado en Junio de este año, cuyo título es “Salud y Soberanía Alimenticia. O de cómo nos roban y nos manipulan la salud y la vida”, de la editorial Dos Lunas, y del cual soy autor y editor. Y se lo dedico y lo comparto con Ana, mi compañera de vida y aventuras, con la cual coincido en estas y otras muchas más reflexiones acerca de la vida y de sus muchos y variados misterios.

Podríamos empezar diciendo que muchos han sido los descubrimientos relativos a la alimentación y a la buena salud que por demasiado tiempo (e intencionadamente) se han ocultado a la humanidad, y es así y de esta manera como hemos llegado finalmente al error de desnaturalizar los alimentos, quitándoles de esta manera y forma la parte más importante de sus componentes, y con ello también sus propiedades; a fin de así desposeerles de sus verdaderos y más saludables beneficios y provechos.

Solo las personas despiertas y autosuficientes pueden evitar ser controladas por otras, o bien por su propio ego

Lo verdaderamente curioso y peculiar de todo esto es que luego vamos al supermercado (la industria) y compramos suplementos minerales y complejos vitamínicos diversos (previo pago de una importante suma de dinero por nutrirnos con alimentos procesados y que han sido desprovistos de vida y de energía vital), para finalmente terminar pagando otro dineral por los compuestos vitales que previamente habían sido ya eliminados de los alimentos. ¿No resulta esto absurdo y acaso más bien propio de personas trastornadas y/o enloquecidas? ¿Por qué el Estado y los consorcios internacionales son cómplices y responsables de esta situación de ilegítima apropiación de recursos y de medios para sostener la vida en la tierra?

Cuando este estado de cosas suceden y acontecen la insumisión al Estado (en sus múltiples formas y variantes) es y debería de ser igualmente otra forma y manera más de hacer frente a la autonomía y a la autogestión que la humanidad ha de ejercer en todo momento sobre sus propios cuerpos y mentes, pues la pérdida de conciencia es cada vez mayor, más evidente, y sin duda más manifiesta que nunca (en sus múltiples formas y maneras de actuar y proceder) en un mundo que cada vez está más enloquecido y también más manipulado. Es por ello que solo las personas despiertas y autosuficientes pueden evitar ser controladas por otras, o bien por su propio ego, a fin de así poder salir de la Matrix que hemos creado entre todos: unas veces por desconocimiento y otras por omisión y/o dejadez.

Por ello es necesario, vital y más urgente que nunca el que inmediatamente regresemos y volvamos al cuidado responsable de nuestro bendito y bienaventurado cuerpo y mente, como garantes y garantías que son y deben de ser siempre a la hora de poder despertar aquellas facultades y habilidades que hagan posible una nueva conciencia en favor de una auténtica alimentación consciente y responsable, ética y saludable. Y lo primero que se debe de comprender y de saber a la hora de recuperar la correcta salud y el bienestar es conocer más y mejor acerca de la verdadera nutrición y sobre sus muchas propiedades a la hora de reconstruir y restaurar un cuerpo vigoroso y más luminoso.

Una nutrición que ha sido secuestrada y manipulada por el Nuevo Orden Mundial, y que muchos presidentes y primeros ministros occidentales ya anunciaron efusivamente (y de una manera reiterada) hace ya algunos años tras el auto-atentado contra las Torres Gemelas del año 2001, pero que no es más que el nombre con el que la élite de las altas finanzas internacionales ha bautizado a su proyecto político universal e ideologizado, cuya última finalidad es el establecimiento de un único y exclusivo gobierno mundial secreto y sectario dirigido por mentes crueles y perversas; y que como no podía ser de otra manera esta vez nos llega a través de la Agenda 2030.

“Conciencia” se refiere al saber de sí mismo, al conocimiento que el espíritu humano tiene de su propia existencia, estados o actos

Dicho Gobierno Mundial pasa necesariamente por la desaparición de los Estados-Nación (y también las Regiones-Nación, tal cual ahora las conocemos), y a este respecto diremos que aunque en su momento sería el ilustrado y polímata franco-suizo Jean-Jacques Rousseau (1712-1778) el verdadero creador del concepto de soberanía popular, en verdad sería Emmanuel-Joseph Sieyès (1748-1836), a la postre uno de los teóricos más notables y destacados de las constituciones de la Revolución Francesa (y de también la era Napoleónica), quien se encargaría de desarrollar la noción de soberanía nacional. Para Sieyès la soberanía está radicada en la nación y no en el pueblo, ya que también se debe tener en cuenta el legado histórico y cultural, así como los valores bajo los cuales se ha fundado y cimentado la nación.

Con todo el concepto de soberanía nacional tendría con posterioridad (y finalmente) su plasmación por primera vez en el artículo 3 de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, cuando nos recuerdan: “Toda soberanía reside esencialmente en la nación”. Soberanía que aunque es el ejercicio de la autoridad, sin embargo, y para la camarilla oscura del pantano, la autoridad que ellos pretenden imponer hace ya tiempo que no pasa por que la posean los Estados-Nación sobre los que ellos están radicados en sus límites actuales y territoriales (tierra y mar, aire y subsuelo), siendo ello más que nunca harto evidente en todos los órdenes y estamentos a los que nos podamos referir y a los que podamos abarcar; como ciertamente se encarga de hacérnoslo ver a diario la triste y cruda realidad.

Nos recuerda Aristóteles que “La excelencia nunca es un accidente, siempre es el resultado de una intención alta, esfuerzo sincero y ejecución inteligente, al tiempo que representa la sabía elección de muchas alternativas. La elección, no la casualidad, determina tu destino”. Y es precisamente esta frase célebre la que nos da pie y sirve para con ella poder hablar de una diferenciación importante que ahora más que nunca es preciso y necesario comprender y entender claramente: conciencia y consciencia.

La “conciencia” (del latín “conscientia”: conocimiento compartido), que es diferente de “consciencia” (ser consciente de ello), se define (en general) como el conocimiento que un ser tiene de sí mismo y de su entorno. Se refiere a la moral, o bien a la recepción normal de los estímulos del interior y del exterior. “Conscientia” significa, literalmente: “con conocimiento”, del latín: “cum scientia”. Y en la especie Homo Sapiens la conciencia implica varios procesos cognitivos claramente interrelacionados.

La “consciencia” sería por el contrario la capacidad que tiene el ser humano para percibir la realidad y reconocerse en ella

“Conciencia” se refiere al saber de sí mismo, al conocimiento que el espíritu humano tiene de su propia existencia, estados o actos. O si se prefiere, se aplica a lo ético, al tiempo que es el conocimiento moral de lo que está bien y lo que está mal (que se pueden desprender de nuestras acciones) en base al conocimiento de sí mismo y de su capacidad para actuar sobre el entorno.

La “consciencia” sería por el contrario la capacidad que tiene el ser humano para percibir la realidad y reconocerse en ella.

Hoy en día el mundo uniformador que nos desgobierna (y también desinforma) pretende (y no solo a través de la alimentación) manipular nuestros cuerpos y conciencias a sabiendas de que una vez dominada ésta le será mucho más fácil y sencillo al poder tener un control real, total y más efectivo sobre nuestras mentes y voluntades: consciencia. ¿Acaso no sabemos, o bien intuimos, que la soberanía nacional hace ya tiempo que dejó de estar en manos de los Estados-Nación, pues ha pasado ella a ser solo un coto exclusivo de las multinacionales universalistas y exclusivistas que no rinden cuentas en los lugares en las cuáles estas se radican? O dicho de otro modo: las Naciones-Estado ya no son dueñas de sus recursos naturales, de sus propias materias primas, o sencilla y llanamente de sus propias fuentes de riqueza y de energía: soberanía.

Por ejemplo, es más que aclaratorio y significativo el caso de la ya archiconocida Amazonía brasileña (el 65% de la selva amazónica está en Brasil y se estima que desde 1970 ha perdido unos 700.000 km² que han sido deforestados con intención y alevosía) por el que se busca y se pretende (a través de los distintos actores globales e internacionales) que nunca más vuelva ésta a estar en manos de los gobiernos brasileños, y sí por el contrario en poder de los distintos y diferentes organismos reguladores internacionales que no rendirán nunca jamás cuentas ante nadie, sino solo y ante sí mismos y/o bien ante sus intereses y agendas ocultas y siempre amenazantes y disfrazadas de buenas intenciones irrealizables para el conjunto de la humanidad y de la gente más desfavorecida y dependiente.

Y es que los políticos ya no gobiernan, o si se prefiere, la soberanía nacional ya no existe, aunque aún haya gentes que piensan que esto no es así porque se realizan elecciones “democráticas” cada cuatro o cinco años. Elecciones que dicho sea de paso, cada vez están más manipuladas y operadas por los deslegitimadores y los secuestradores de la razón y la verdad.

Sin embargo, y en realidad, los controladores solo administran al ser meros y simples garantes y gestores que están puestos al servicio de las grandes corporaciones que, por otra parte, son quienes financian luego con millonarios fondos sus campañas electorales “democráticas”, y sus no menos fraudulentos negocios y agendas de control diverso y dispar, como vemos desvergonzadamente y tristemente en cada vez más lugares y territorios a lo largo y ancho del mundo, y en donde las denuncias por fraudes no hacen sino crecer y aumentar de una forma y manera escandalosa e inmoral, desvergonzada e hiriente año tras año.

Lo que en definitiva estamos viendo en este momento es el nacimiento de un nuevo modelo político-industrial-productivo

Y es que la interdependencia económica y tecnológica (instituida ésta a través de la globalización) convierte cada vez más a las Naciones-Estado en rehenes de sus propios poderes fácticos, al tiempo que el creciente endeudamiento de los Estados-Nación acentúa (aún más si cabe) su subordinación vergonzosa respecto a “los mercados”: eufemismo utilizado para referirse a los banqueros internacionales de nariz aguilucha y olfateo no menos predispuesto.

Porque lo que en definitiva estamos viendo en este momento es el nacimiento de un nuevo modelo político-industrial-productivo destinado a sustituir el viejo modelo de las Naciones-Estado, por un nuevo modelo que se consolida a medida que la globalización avanza, despojando de esta manera a los países y a las regiones de su propia soberanía, y configurando así y de esta manera taimada y soterrada un nuevo sistema de gobernanza global plutocrático no sometido nunca y en ningún momento a las voluntades y a los dictámenes del pueblo.

Por ejemplo, la soberanía alimenticia les ha sido arrebatada hace ya tiempo a las Naciones-Estado por megaempresas (tipo Bayer-Monsanto, Corteva, Syngenta y BASF (que controlan la mitad del mercado global de semillas y el 75% del de agroquímicos) y corporaciones financieras (tipo Blackrock, Vanguard, Norges Bank…) que, por ejemplo, controlan la producción agropecuaria, la distribución de los productos, y lo que es más importante, el mercado de las semillas.

Y es que los banqueros mundialistas del Club Bilderberg, o bien a las gestoras de fondos y corporaciones varias del estilo Blackrock y Vanguard (los que desean la sustitución del dinero en metálico por números en una cuenta al estilo de “crédito social” o tarjeta de plástico), o las del por ejemplo no menos renombrado Foro Económico Mundial, lo que pretenden y quieren es finalmente lograr y conseguir su ansiada Gran Crisis, a fin de así poder seguir incrementando su poder para al final instaurar y crear su propio y exclusivo Nuevo Orden Mundial; así como su no menos único Gobierno Mundial dirigido siempre por la élite bancaria desde sus mundialistas organizaciones creadas a la postre para tal fin y proyecto final de consumación y acabación de la diversidad.

La soberanía alimentaria es el derecho de los pueblos (y de sus países o uniones de Estados) a definir y decidir como mejor convenga su política agraria y alimentaria sin dumping frente a países terceros. El derecho de los campesinos y el de los productores es el de generar alimentos, y el derecho de los consumidores es el de poder decidir lo que quieren o no consumir y, cómo y quién se lo produce.

Más extensamente diremos que la soberanía alimentaria defiende el derecho de los pueblos a tener y cultivar alimentos nutritivos y culturalmente adecuados, accesibles y producidos (si esto es posible) de una forma sustentable y ecológica, así como el derecho a decidir su propio sistema alimentario y productivo sin interferencias o chantajes de ninguna clase o tipo; que es lo que ahora está sucediendo, y sin que por ello pueda intervenir nunca la soberanía popular al haber sido ésta secuestrada y manipulada por las grandes corporaciones político-industriales-financieras del momento.

La soberanía alimentaria sostiene que la alimentación de un pueblo es un tema de seguridad y de soberanía nacional

Sitúa, por lo tanto, a aquellos que producen, distribuyen y consumen alimentos en el corazón mismo de los sistemas y las políticas alimentarias, y por supuesto, por encima de las exigencias de los mercados y/o de las empresas y/o de las especuladoras. Defiende los intereses de las culturas locales, al tiempo que también incluye a las futuras generaciones en “hoja de ruta” verificable y aplicable. Ofrece una estrategia para resistir y desmantelar el comercio libre y corporativo, así como también el régimen alimentario actual, a fin de esta manera poder encauzar de una manera más correcta y acertada los distintos sistemas alimentarios, agrícolas, pastoriles y de pesca, hacia una correcta gestión por parte de los productores y las productoras locales; siempre de una manera ética y responsable, adecuada y correcta.

La soberanía alimentaria sostiene que la alimentación de un pueblo es un tema de seguridad y de soberanía nacional, así como de integridad de primer orden, al tiempo que igualmente de orgullo que en ningún momento hay que pasar por alto o dejar al azar. Y es que si para alimentar a su población un territorio o una nación debe antes de depender de los caprichos del mercado internacional, o bien de la voluntad de una super potencia al utilizar los alimentos como instrumentos de presión internacional, o bien, y por ejemplo, de la imprevisibilidad que se pueden originar por los altos costos debido al transporte que supone la larga distancia, ese país ya no está seguro, ya sea con respecto a su propia seguridad nacional, como a la propia seguridad alimentaria de y para con su propio pueblo y comunidad.

La soberanía alimentaria va más allá del simple concepto de seguridad alimentaria, el cual ha sido despojado de su verdadero significado por las diversas maneras en que la noción ha sido manipulada y utilizada por los diferentes intereses creados y gestionados a la postre para tal fin. Y es que seguridad alimentaria significa que cada ser humano debe tener la certeza de contar con el alimento suficiente que le permita cada día el poderse sostener y vivir una vida plena y con dignidad. Pero la concepción no dice nada con respecto a la procedencia del alimento, o bien a la forma en cómo éste se genera y se produce, arma de la cual luego se vale el Nuevo Orden Mundial para envenenar con sus productos basura las mentes y las venas de los “impuros” consumidores adoctrinados por la tele, los diversos medios de la desinformación, así como de parte de “las escuelas de pensamiento” que siguen las normas del sistema corrupto y manipulador imperante de turno.

La soberanía alimentaria da prioridad a las economías locales y a los mercados nacionales, otorgando de esta manera el verdadero poder a los campesinos y a la agricultura familiar, la pesca artesanal o el pastoreo tradicional, al tiempo que coloca la producción alimentaria, la distribución y el consumo sobre la base primordial y principal de la sustentabilidad ambiental, social y económica de la nación y/o el territorio en cuestión.

La soberanía alimentaria promueve el comercio transparente que hace posible garantizar los ingresos dignos para todos los pueblos, así como los derechos de los consumidores para controlar su propia alimentación y nutrición. Garantiza que los derechos de acceso y la gestión de nuestra tierra, de nuestros territorios, de nuestras aguas, de nuestras semillas, de nuestro ganado y de nuestra biodiversidad estén en manos de aquellas personas que verdaderamente producen y cuidan los alimentos.

La soberanía alimentaria supone por lo tanto nuevas relaciones sociales libres de opresiones y de desigualdades entre los hombres y las mujeres, los pueblos y los grupos étnicos, las clases sociales y las nuevas generaciones; circunstancias estas que a día de hoy no se dan ni tampoco se producen.

En la actualidad las Naciones-Estado occidentales tienen una capacidad cada vez menor y más limitada para poder ejercer con garantías de consecución su verdadera y lógica autoridad

Lamentablemente un grupo de 10-12 mega-corporaciones semi-secretas, que ni tan siquiera cotizan en bolsa, y que muchas de ellas incluso facturan presupuestos anuales superiores al de muchos países medianos y grandes (superando incluso el Producto Interior Bruto de dichos países), controlan casi por completo el mercado mundial de materias primas.

Otro ejemplo paradigmático lo encontramos en la producción energética, cada vez más alejada del control público. Un abastecimiento energético éste que es de vital importancia, y que a la postre está en manos de muy pocas corporaciones y empresas privadas, lo que finalmente convierte a los Estados-Nación en dependientes de los poderes privados, limitando de esta manera y descaradamente su soberanía y su eficiente representatividad.

Eso por no hablar de las multinacionales químico-farmacéuticas que poseen las patentes de los principales medicamentos, ejerciendo de esta forma un monopolio efectivo, real y descarado sobre la salud en todos los órdenes posibles e inimaginables, lo que claramente sirve para decir con rotundidad que invalida por completo la capacidad que los Estados-Nación deben de tener a la hora de poder gestionar y garantizar con suficientes avales y respaldos su propio ámbito de salud, y por lo tanto alimentario.

En la actualidad las Naciones-Estado occidentales tienen una capacidad cada vez menor y más limitada para poder ejercer con garantías de consecución su verdadera y lógica autoridad, mientras que por el contrario las grandes corporaciones privadas y las instituciones globales o multinacionales trasnacionales (muchas dirigidas directamente por el propio Estado a través de testaferros y sucursales varias y variopintas de muy diversa índole y condición) poseen cada vez más y mayor poder de decisión sobre las cuestiones fundamentales que afectan a la ciudadanía y a su devenir cotidiano, ya que las Naciones-Estado (junto con sus “órganos soberanos y representativos”) han quedado reducidos ya casi por completo a su más mínima expresión al convertirse, de hecho (y como claramente vemos y observamos a diario), en una mera y simple caricatura de lo que antaño fueron.

Y todo esto ocurre y sucede porque los países, los gobiernos, y hasta incluso las entidades locales, regionales, o simplemente vecinales, ya no poseen (ni tampoco tienen) la libertad para poder legislar libremente acerca de sus asuntos y prioridades. Ya no solo por la obligatoriedad de respetar multitud de acuerdos y/o tratados internacionales y/o transnacionales sobre los cuales no se les ha consultado nunca jamás, sino por el chantaje permanente y continuado a que se ven sometidos por parte de los mercados y los lobbys privados de muy diversa procedencia y/o reputación, que al final legislan y actúan con prepotencia y descaro de espaldas y en contra del pueblo y de su soberanía democrática y popular.

Si a la toma de conciencia en favor de la soberanía alimenticia de nuestro pueblo se le suma el que la misma se pueda hacer empleando para ello y con ello también el cántabru, a esta lucha y responsabilidad le habremos dado sin lugar a duda originalidad y cercanía, anclaje y proyección de autenticidad y permanencia. No desaprovechemos por lo tanto las oportunidades que aún y todavía están a nuestro alcance para hacer del cántabru una herramienta más de lucha y de reflexión que a todas luces puede de seguro abarcar muchos ámbitos y realidades posibles.

Soberanía alimenticia y poder popular, conciencia, consciencia y cántabru
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