jueves 26/5/22

Lo que es natural es por necesidad permanente

Se trata, por lo tanto, de vislumbrar y de ver que el cántabru es y debe de ser incluido con absoluta naturalidad y certeza en el corpus vivo y normal, ordinario y habitual de la vida común y circunstancial de las personas, sin tener estas porque sentirse mal o a disgusto por creer que el interlocutor que le escucha se puede sentir mal o extrañado por emplearse en la comunicación ordinaria una lengua que ella desconoce.

El mundo actual necesita hoy más que nunca una nueva y mejor educación y también una más y deseable psicoterapia para el alma y el espíritu. El mundo hoy necesita más autoconocimiento para así podernos empoderar más y mejor frente a las nuevas y trepidantes situaciones vitales que nos tocan vivir y sentir, experimentar y probar.

El mundo hoy necesita más autoconocimiento para así podernos empoderar más y mejor

Decía el famoso vedanta adwaita, Venkataraman Iyer (más conocido como Ramana Maharshi), uno de los más importantes maestros espirituales hinduistas indios del siglo XX, junto a Paramahansa Yogananda y Sri Aurobindo que: "Lo que es natural es por necesidad permanente". Y es que a veces olvidamos, quizá con demasiada frecuencia, que lo que es más natural y simple, al final resulta ser lo más efectivo para la vida normal y ordinaria, por lo que a la hora de dar a conocer el cántabru esto es y resulta principal y básico de entender y de comprender en su más amplia forma y extensión.

Se trata, por lo tanto, de vislumbrar y de ver que el cántabru es y debe de ser incluido con absoluta naturalidad y certeza en el corpus vivo y normal, ordinario y habitual de la vida común y circunstancial de las personas, sin tener estas porque sentirse mal o a disgusto por creer que el interlocutor que le escucha se puede sentir mal o extrañado por emplearse en la comunicación ordinaria una lengua que ella desconoce.

Cuando esto sucede hablamos de emoción, que es una combinación de reacción química, eléctrica y fisiológica que envía información al cerebro y lo prepara para la respuesta inmediata. Emoción que también actúa a modo de sensor interno que nos señala que hay energía que se pone en movimiento ante ciertos acontecimientos asociados a heridas personales y a la propia personalidad que nos hace reaccionar según la intensidad y el tipo de emoción que se pone en acción.

Hay emociones primarias de supervivencia, como el miedo, la tristeza y la ira, y otras de carácter más social, como la vergüenza, la culpa y la envidia. Y hay emociones "superiores" vinculadas a los estados de "alta vibración", como la gratitud, la compasión, la empatía y la serenidad.

Es y serían a estas dos últimas emociones a las cuales habría que prestar más atención y centramiento, pues son ellas las que en buena medida y en última instancia van a poder facilitar que la mente no se enrede y nos cuestione todo desde "la razón del neo córtex" con sus filtros y permanentes boicots, que más tienen que ver con lo "establecido" y lo "aceptado", que con lo "sentido" y lo "expresado", lo "vivido" y lo "querido".

Y todo ello es debido a que las creencias arraigadas (la mayor de las veces impuestas por terceros) en alguna temprana edad del desarrollo juegan siempre su baza y su papel a la hora de posicionarnos, por lo que llegado el caso, la combinación estará siempre servida en forma de bloqueo y duda, incertidumbre y vacilación.

Por lo tanto, y para que la naturalidad pueda siempre permanecer, lo deseable es y sería que esas "bolsas energéticas" de traumas condicionados y conflictos varios atrapados en el tiempo se puedan soltar y liberar, a ser posible desde una sana y saludable inteligencia emocional, correctamente balanceada e inclinada siempre hacia el encuentro con nuestro verdadero ser y sentir. Y es que todo el mundo, en su fuero interno, de alguna u otra manera alberga el pensamiento de que su vida podría ser algo mejor de lo que en verdad es.

Convertir a esta sociedad en una más consciente no tiene por qué ser una lucha. Este cambio es más bien una revolución silenciosa y lenta basada en el amor y en la confianza en la bondad innata del ser humano. Un crecimiento del ser humano que pasa necesariamente por ser consciente de las consecuencias de nuestros actos, de nuestras actitudes responsables, de asumir lo que conseguimos con ella y del resultado de nuestras decisiones.

Convertir a esta sociedad en una más consciente no tiene por qué ser una lucha

La vedanta adwaita, a la que con tanta pasión se suscribía en el siglo pasado Ramana Maharshi, y que tan relacionada está con la Bhagavad Gita, recomienda en la vida centrase siempre con esmero y diligencia en desempeñar lo mejor que se pueda nuestro trabajo y responsabilidad con la mejor de nuestras intenciones, sin estar por ello apegados al fruto de la acción y/o el resultado. O sea, que debemos de dar lo mejor de nosotros mismos estando concentrados en lo que estamos haciendo y no pensando, por lo tanto, en la felicidad-aflicción, fama-infamia, etc. que se pueda derivar de nuestro "éxito" o "fracaso".

Quizá la literatura y la filosofía védica, y para y por lo que respecta al cántabru, pueda ser para los tiempos actuales una fuente entusiasta de inspiración y de soplo a la hora de hacer del cántabru una realidad más viva y cotidiana, en un mundo hoy más que nunca variable y cambiante, a veces sorprendente y a veces extraño.

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