lunes 27/9/21

Los partidos políticos y el cántabru

No deja de ser sorprendente que la tiranía normativa de nuestros políticos encuentre votantes que las amparan, a no ser que la mayor parte de estos votantes vivan en la más absoluta y completa de las inopias posibles.

Sabemos que una vez Don Quijote le dijo a su escudero Sancho cuando le nombró gobernador de la ínsula Barataria: "Sancho, leyes pocas y que se cumplan". Más tarde, Cervantes en sus "Trabajos de Persiles y Segismunda" se refiriere a un cierto país de "leyes tan muchas como variables", y no precisamente para halagarlo.

Y es que por la obra y la gracia de la inmaculada omnipresencia de un Estado con deriva incivilizada y acultural, no pocas veces (la mayoría) éste decide que es una lengua, una cultura, una civilización, y/o una norma que emana de su "impecable" e "intachable" disposición. Pero habría que preguntarse: ¿Y bajo qué criterios, y por qué?

Cada año los boletines oficiales del Estado y de las comunidades autónomas publican un millón de nuevas páginas

Es bien sabido que el Derecho Civil romano, ese gran pilar de la civilización occidental, no fue creado por ningún jurista en particular, sino que fue el resultado de la recopilación ordenada de instituciones ampliamente experimentadas y aceptadas por la sociedad a lo largo del tiempo. Se atribuye, por ello, a Catón la siguiente valoración del orden jurídico romano: "No se basa en el genio de un hombre, sino de muchos: no se fundó en una generación, sino en un periodo de varios siglos y muchas épocas".

Por lo tanto, la ley, en sentido clásico, es algo que se tiene que descubrir (a través de jueces y jurisconsultos) o más bien, que promulgar y luego activar adecuadamente. Sus características son: generalidad, igualdad, certeza y discrecionalidad sometida a una justicia independiente y autónoma, liberada e imparcial.

Entonces, alguien se ha preguntado alguna vez por qué y para qué, con qué fin y cuál es el motivo real para que existan tantas proliferaciones de leyes (algunas imposibles de poder ser ejecutadas y aplicadas), las cuales debido a la proliferación legislativa y la inseguridad jurídica; muchas veces se han convertido más bien en una amenaza para la libertad individual, e incluso para el quehacer empresarial.

¿Por qué no nos dicen que desde 1970 hasta 2015 (y según la CEOE), se han aprobado en España 40.930 normas estatales, lo que equivale a una media de más de 900 cada año, a las que hay que añadir entre 300/400 normas de las comunidades autónomas, muchas otras procedentes de los ayuntamientos; y las casi 20.000 directivas de la UE. Cada año (es decir: todos los años) los boletines oficiales del Estado y de las comunidades autónomas publican un millón de nuevas páginas.

Llegados hasta aquí, muchos en Cantabria se preguntan a estas alturas: ¿Y cuándo una sola de esas páginas para poner valor y utilidad, provecho y beneficio en favor de nuestra lengua cántabra? No deja de ser sorprendente que la tiranía normativa de nuestros políticos encuentre votantes que las amparan, a no ser que la mayor parte de estos votantes vivan en la más absoluta y completa de las inopias posibles.

Ha llegado el momento de que las reclamaciones de antes se vean plasmadas ahora

Nunca como en los tiempos actuales se había vivido un momento tan propicio y favorable, adecuado y beneficioso en Cantabria para dar a conocer el cántabru a la sociedad, dignificar su uso, y prepararlo para las generaciones venideras. Nunca como hasta ahora se habían dado tantas sintonías, tantas buenas nuevas y tantas sinergias en favor del cántabru.

Cada vez más personas lo aceptan como lengua propia de Cantabria, cada vez más personas utilizan el cántabru en sus comunicaciones habituales, y cada vez más entidades, asociaciones y colectivos le prestan más atención, cuidado y mimo. Y lo que es más importante: es una realidad de la que ya no se huye o deserta, sino que muy al contrario, la ciudadanía se muestra muy orgullosa de darlo a conocer y extender.

Hace más de una década, y también dos, que formaciones políticas como la Unión para el Progreso de Cantabria y el Conceju Nacionaliegu Cántabru, insistieron y reclamaron en las instituciones para que el cántabru fuera un referente principal y a tener en cuenta en la vida política, social e institucional de nuestro país.

Ha llegado el momento de que las reclamaciones de antes se vean plasmadas ahora, pues los indicadores nos dicen y hablan claramente de que el cántabru es una entidad viva y deseada hoy en nuestra sociedad. Démosle la bienvenida y también una oportunidad, y lo más importante; no dejemos de emburriar (empujar) en todos los frentes que se nos presenten para que esta verdad sea pronto una realidad.

Si en otras partes del Estado español están rescatando con interés y ahínco sus tradiciones y lenguas propias (últimos casos en León y Extremadura) a fin de que éstas no se pierdan y desaparezcan para siempre, sería admirable y digna de las mejores menciones y reconocimientos, el hecho de que en Cantabria también se dieran los mismos pasos urgentes y necesarios con la intención de dignificar la lengua propia: el cántabru.

Expertos en la materia, además de sociólogos, lingüistas, pedagogos, doctores, catedráticos, consejeros y profesores de las más variadas y dispares disciplinas, saben muy bien en Europa (y en todo el mundo y "con la que está cayendo"), que no hay (ni existe) ninguna experiencia europea (y tampoco mundial) en la recuperación de una lengua amenazada, o que sobre ella se ejerza un mantenimiento previo de salvaguarda; si antes no se produce e institucionaliza previamente sobre esa lengua un proceso de amparo y/o cooficialidad.

Cada vez hay más consenso social en favor de la lengua cántabra, sin embargo, el futuro del cántabru dependerá del nivel de compromiso de la sociedad

Sencillamente no es admisible, como tampoco es posible (ni por supuesto aceptable, ni verosímil, ni factible, ni probable), el que se ignore a una lengua (como le sucede ahora al cántabru) al no querer nombrarla por su nombre, como hacen algunos partidos del ámbito político dentro de la esfera conservadora (y no conservadora) en Cantabria; y también en España. Y es que estas formaciones políticas parece ser que "prefieren defender" estas lenguas (y no solo el cántabru) de forma "natural" (como es su deseo), y sin que sobre ellos se ejerza ningún tipo de protección, amparo y conservación. ¿Cómo se hace esto y de qué manera?

¿Dejarlas que se mantengan por sí solas sin ejecutar sobre ellas ninguna política de atención y garantía? ¿Cómo? ¿A lo mejor piensa que exactamente igual que se hace con el castellano, u otras lenguas oficiales (gallego, vasco, catalán, valenciano), que cuentan anualmente en sus presupuestos generales con varios miles de millones para su promoción, impulso y fomento; incluso en organismos internacionales?

Para que nos entendamos, y a modo de guasa y despropósito, esto es como que para querer llevarse los peces a casa, se afirma (muy ufanamente), que no es antes, ni previamente necesario el tener que ir a pescarlos. Porque, según su "peregrino" razonamiento, los peces debe ser que se van solos a la cesta del pescador, como por arte de prestidigitación, brujería o encanto misterioso.

¿Pero en qué mundo vivimos, y a que jugamos? ¿A qué obedece realmente este razonamiento, y por qué de tales entelequias y razonamientos? ¿Qué es lo que se gana queriendo desposeer a una tierra y a una comunidad de una lengua propia, y qué últimos fines se pretende adoptar con este posicionamiento?

Cada vez hay más consenso social en favor de la lengua cántabra, sin embargo, el futuro del cántabru dependerá del nivel de compromiso de la sociedad, pero también del estatus legal y de las medidas que se tomen en un futuro, y que tiene que ser ahora, o no será ya nunca jamás. Pues no hay más tiempo que perder con esta cuestión.

Porque realmente llama poderosísimamente la atención el que, por ejemplo, en Santander, y en el cruce de las calles Juan de Herrera con Eleodoro Fernández (muy cerca del Ayuntamiento, y del Mercado de la Esperanza); aparezcan señales en inglés indicando: "salida ciudad - way out", y en cambio, no haya una sola señal en cántabru para nombrar a las calles o a las plazas con su correspondiente especificación en cántabru.

La cultura no es un bien de consumo apto solo para ser comercializado

Qué bien que estaría el que, por ejemplo, en dicha señal referenciada apareciera, por ejemplo: "Esida ciudá: salida ciudad", "Mercáu L'Asperanza: Mercado de La Esperanza", "Praza Auntamientu: Plaza Ayuntamiento". Y así, este mismo ejemplo, que sea extensible por y para toda Cantabria.

La cultura no es un bien de consumo apto solo para ser comercializado, sino que, por el contrario, se debe de fomentar el carácter público y colectivo de la cultura, al tiempo que garantizar la libertad de expresión de sus muchas manifestaciones creativas, culturales y artísticas; al margen siempre de las demandas denominadas "oficiales" y "dirigidas" del y por el gran mercado.

Es por ello por lo que se debe de establecer una protección real y efectiva a través de los partidos políticos cántabros alrededor de todos los Bienes que figuran en el Inventario Autonómico, según la Ley de Patrimonio. Así, preservar y apoyar el patrimonio lingüístico y cultural cántabro, como una más de sus señas principales y fundamentales de su cultura e identidad, ha de ser un primer paso encaminado a dar cuerpo de legalidad a una realidad que por mucho tiempo ha sido marginada y apartada del debate político y social.

Es hora ya de caminar (como muy bien lo define el movimiento cantabrista) y de luchar por que sea el pueblo cántabro quien decida libremente sobre las cuestiones que más les afectan (sin la "paternal protección" o el "mecenazgo" de ninguna institución foránea que ni se quiere, ni tampoco se desea), a fin de poder caminar hacia una Cantabria más justa, libre e igualitaria, en la que se garanticen los derechos laborales y sociales, se respeten las libertades individuales y colectivas, se proteja debidamente el medioambiente, y se valore adecuadamente la cultura como algo más que un mero y simple atractivo turístico.´

Se va a cumplir ahora un año (principios de Abril de 2020), cuando el periódico eldiariocantabria.es se hacía eco de una de las noticias más transcendentales e importantes que hasta ahora se han dado en relación y con respecto al cántabru. El título era ya de por sí aclarador y revelatorio: "El Estado solo protegerá el cántabru si Cantabria se decide a convertirlo en lengua cooficial". Aquí el enlace: https://www.eldiariocantabria.es/articulo/cantabria/estado-solo-protegera-cantabru-cantabria-decide-convertirlo-lengua-cooficial/20200410194847074415.html

En dicha noticia del 10-4-2020, el representante designado por las Corts Valencianes, del Grupo Parlamentario Izquierda Confederal (Adelante Andalucía, Més Per Mallorca, Más Madrid, Compromís, Geroa Bai y Catalunya en Comú Podem), Carles Mulet, interpelaba al Estado sobre sus actuaciones para proteger el cántabru, tanto las ya tomadas como las que tenía previsto tomar. En una extensa respuesta, el Gobierno de España dejaba claro su labor para proteger lenguas cooficiales, pero su responsabilidad solo llega hasta ese punto.

Si una lengua muere, también lo hará con ella su pueblo

Es decir, o dicho de otra manera, solo si las instituciones cántabras se deciden fehacientemente a trabajar en y por el cántabru, el Estado español iniciará las medidas y los procedimientos más oportunos y pertinentes que vayan encaminados a que dicha realidad sea promovida y protegida, puesta en valor y a salvo, enseñada en las escuelas, y, finalmente, normalizada como lengua junto al castellano.

En teoría esa es y fue la respuesta en el Senado español a las interpelaciones en favor del cántabru que dicho senador viene haciendo periódicamente en los últimos años, a fin de dar visibilidad y voz a esa otra lengua de Cantabria escondida y apartada, negada y silenciada por las instituciones. Por eso y ahora habría que preguntarse: ¿Y cuándo sino en este momento, que se dan todos los elementos necesarios e imprescindibles (en este caso políticos) para que dicha realidad se produzca y felizmente se lleve a efecto?

¿Acaso no ha visto, o tomado nota el actual gobierno autonómico del enorme éxito (nunca antes se había producido una expectación tan desbordada como en esta ocasión así ha ocurrido) que está teniendo el curso de cántabru organizado por la Asociación Alcuentru (comenzado el día 6 de Octubre de 2020), y al cual han acudido a su llamada casi 400 personas?

Desde aquí reclamamos y pedimos con urgencia al PRC (partido político que actualmente forma parte del Gobierno de Cantabria junto al PSC-PSOE), que adopte todas y cuantas medidas sean oportunas, posibles y valorables a fin de hacer del cántabru una lengua viva y divulgada, enseñada y protegida en el ámbito de la cantabricidad.

No solo como es este el deseo de sus miles de votantes y simpatizantes (algunos de los cuales participan con gran interés y esmero en este curso de cántabru 2020-2021), sino como también merecido reconocimiento a todas aquellas personas, que votando o no a este partido, esperan un gesto de los representantes del actual Gobierno cántabro en favor de una lengua que actualmente (y ahora más que nunca) esperan su atención y urgente ayuda.

Puesto que es el PRC (Partido Regionalista de Cantabria) quien en la presente legislatura, y en coalición con el PSC-PSOE, ahora gobierna la actual Comunidad Autónoma de Cantabria, deseamos reproducir a continuación lo que dice la página web de este partido. En la página oficial del PRC, y dentro de su apartado "ideología" podemos leer:

 "(...) El PRC cree que las clases populares tienen una experiencia inestimable e insustituible en la realidad cotidiana, que aconseja escuchar su voz y acoger sus iniciativas con la mayor atención. Por eso se define como un Partido a la escucha del pueblo y aspira a ser la fuerza política decisiva en esta comunidad".

"(...) El Partido Regionalista de Cantabria es un Partido de progreso, que valora y defiende la tradición y el rico legado de la historia, pero que actúa políticamente para preparar y garantizar un adecuado futuro para las generaciones venideras. Para ello, apuesta por el desarrollo sostenible, que supone el adecuado equilibrio entre la obligación de atender las necesidades de los ciudadanos y su derecho a vivir dignamente, con el respeto al patrimonio histórico, cultural y natural que nos ha sido legado".

Conviene aclarar que el PRC es en la presente legislatura el partido político más votado de la Comunidad Autónoma de Cantabria con 14 diputados de un total de 36. Su socio de gobierno es el PSC-PSOE con 7. La oposición la componen: PP (9), Ciudadanos (3), VOX (2).

¿Si no es ahora (en la presente legislatura) la equiparación y la oficialidad del cántabru como lengua oficial de Cantabria junto al castellano, cuándo? ¿A qué estamos esperando?

Si una lengua muere, también lo hará con ella su pueblo. Quizá es este un buen momento para parafrasear unas palabras que en una ocasión dijo el actual presidente de Cantabria, el señor Miguel Ángel Revilla Roiz cuando afirmó: "Que muera un pueblo es una catástrofe económica, cultural e identitaria". A lo que desde aquí habría que añadir: "Que muera un pueblo con su cultura es una catástrofe económica, cultural e identitaria irreparable".

En este sentido, para algunos partidos políticos cántabros (como es el caso de Cantabristas), la protección del cántabru es más que urgente y necesaria, y, por tanto, desde esta formación soberanista se aboga hoy por que se dignifique y se cuide de manera real y efectiva esta realidad y bien común: "(...) El patrimonio lingüístico cántabro debe de protegerse y estudiarse desde nuestras instituciones. No podemos permitir que esta expresión de riqueza cultural siga siendo relegada al olvido bajo planteamientos retrógrados y clasistas".

Ojalá que pronto otros partidos políticos cántabros den un paso al frente y sigan este ejemplo, manifestándose sin complejos y sin dudas en favor de nuestra identidad lingüística y cultural.

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