martes. 23.04.2024

Normas establecidas y eruditas desposicionis

Es una realidad no discutida ya por nadie que la homogeneización de las culturas solo sirve para destruir a las culturas menos preparadas y dotadas con recursos y medios

La mayor parte de Europa está hoy sumida en un pleno y acelerado proceso de digitalización, por ejemplo, con el 5G, la IA en el hogar, la penetración de la fibra en los hogares, las ciudades inteligentes, los robots en las fábricas, la televisión de pago o, sencillamente, la implantación de la comunicación instantánea, que al final no hacen otra cosa sino diseñar un nuevo escenario que demanda una profunda adaptación social, empresarial y política.

Y en este contexto, y en las actuales circunstancias, el nuevo marco jurídico necesario que hará posible que el cántabru sobreviva pasa, y tiene necesariamente que pasar, por aplicarse con interés en favor de las nuevas formas de comunicación y emprendimiento que están relacionadas con la imagen y la difusión en su más amplio sentido y expresión.

La principal contaminación que sufre la lengua cántabra proviene de las ciudades, y casi siempre viene impulsada por los hábitos de las generaciones más jóvenes

A día de hoy la principal contaminación que sufre la lengua cántabra proviene de las ciudades, y casi siempre viene impulsada por los hábitos de las generaciones más jóvenes (que ahora marchan acelerados por la mensajería instantánea, y también por los dispositivos de las nuevas tecnologías más vanguardistas) cuyas mutaciones suceden a la velocidad del bit. Y es que en un mundo cada vez receloso de las academias, la población-sociedad no hace sino digerir lo que ya antes previamente le ha sido mostrado como “producto a consumir”, a saber, un lenguaje alienante y cada vez más extranjerizante.

Esta actualidad no parece incomodar en exceso, o mucho, a los Estados modernos actuales (sobre todo los capitalistas), pues saben que estas realidades a la larga terminan por debilitar a las culturas antiguas y minoritarias, que finalmente no pueden competir, ni con los congresos internacionales, ni con tampoco las Academias de la Lenguas oficiales de los países en las cuales estas culturas y realidades (la mayor de las veces) están inmersas.

Y es así como vemos que es una realidad no discutida ya por nadie que la homogeneización de las culturas solo sirve para destruir a las culturas menos preparadas y dotadas con recursos y medios, al tiempo que también las devasta y las invisibiliza por siempre y para siempre. Y todo en un mundo cada vez más globalizado y más anulado por las voluntades aniquiladoras que no desean la pervivencia de la individualidad, la personalidad y la independencia de un pensamiento no condicionado y/o no dirigido.

Entre tanto, y mientras tanto, y precisamente para luchar contra esas normas establecidas de la desidia y del abandono, la dejadez y la incuria, las fuerzas políticas que en verdad están comprometidas con la cultura lingüística de Cantabria, tienen que asumir de una vez por todas la obligación que les corresponde de conservar y promover con todos los recursos y medios a su alcance nuestra lengua propia; al tiempo que también garantizar los derechos lingüísticos de sus hablantes. Y eso en la Constitución se llama y tiene en cántabru un nombre: uficialidá (oficialidad).

La oficialidad del cántabru es la única solución, y al tiempo, y también, el único marco jurídico que puede hacer que nuestra lengua (y cultura) sobreviva

Y es que debemos de entender que una lengua minorizada no puede sobrevivir si las condiciones sociales hacen que los padres y las madres no la trasmitan a sus hijos, pues romper la trasmisión generacional es la muerte para cualquier lengua y cultura. Por lo tanto, si no hay enseñanza, medios de comunicación, uso institucional... es imposible que en la sociedad actual pueda sobrevivir mucho tiempo nuestra lengua cántabra o cualquiera otra.

Ante esta realidad, la oficialidad del cántabru es la única solución, y al tiempo, y también, el único marco jurídico que puede hacer que nuestra lengua (y cultura) sobreviva. Es por lo tanto el mismo marco jurídico que se establece en la Constitución española para el castellano, a fin de así poder garantizar que todos los ciudadanos lo conozcan, lo entiendan y lo hablen.

El castellano no corre ningún peligro de desaparecer en ninguna parte y sitio del Estado, sin embargo, el cántabru sí. Y si se ha aplicado en Galicia, en el País Vasco, en Asturias, en Aragón, en Navarra, en León, en Cataluña, en las Islas Baleares y en Valencia, por ejemplo, ¿por qué no se puede aplicar también ahora en nuestra tierra?

En diferentes lugares del Estado partidos muy diversos, y de muy distinta condición ideológica, defienden sus respectivos idiomas maternos con coherencia y razón. Por lo tanto, es hora ya de reflexionar con analogía y afinidad a fin de poder cambiar y modificar posturas que solo nos llevan a la muerte de las lenguas que están menos favorecidas y/o cuentan con menos recursos para su supervivencia.

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