martes. 23.04.2024

Ispiritualidá y concencia, yoga y espertar

Richard Alpert, también conocido como Baba Ram Dass (el Siervo de Dios),​ fue un maestro espiritual contemporáneo estadounidense que publicó en 1971 el libro titulado “Be Here Now”. Ram Dass una vez escribió: “El Gita es a la vez un manual de instrucciones para vivir una vida espiritual y una visión profunda y extática de la naturaleza última de Dios”.

Y es que me viene esta frase ahora a la memoria, y precisamente en el momento en el que comenzamos el nuevo año (y que a mi especialmente, y desde hace ya muchos años, me gusta comenzar madrugando el primer día del año paseando por la montaña), la experiencia de uno de mis últimos libros publicado el pasado Verano del 2023, y que a la postre lleva por título: “El Bhagavad Gîtâ y el Canto del Señor. Una aproximación al valor”, de ediciones Dos Lunas, Junio 2023 (y que pronto se podrá ver “de baldi” o gratis en la Red), el recuerdo de una de mis etapas como yogi de práctica diaria y muy comprometida como profesor de yoga, cuando a menudo solía leer textos hindúes (especialmente el Bhagavad-Gîtâ); los cuales me transportaba muy habitual y recurrentemente a lugares y espacios de profunda y admirada contemplación.

Y aunque no es menos cierto que el Bhagavad-Gîtâ fue escrito hace ya mucho tiempo, hoy su mensaje puede ser útil y revelador para una sociedad falta de suficientes valores y empujes, determinación y coraje, como para mejorar y ampliar con determinación la vida y la realidad circundante en la cual están inmersas y envueltas la gran mayoría de las almas y los corazones inquietos y pensantes.

Siempre me llamó poderosamente la atención este texto, por eso y por esta razón y circunstancia hoy y ahora aquí lo reflejo y plasmo como sinónimo de valentía y de determinación en un camino que siempre está por descubrir y por determinar.

El Bhagavad-Gîtâ significa “La Canción de Dios”, aunque también “El Canto del Espíritu”, y en verdad forma parte del épico Mahâbhârata, que es un texto sagrado de los hindúes con la esencia del conocimiento védico y, como tal, es uno de los libros más importantes de la literatura y la filosofía internacional hindú. De hecho, es la gran epopeya de la India, habiendo tomado su composición de varios siglos: entre el siglo V a.C. y el inicio de nuestra era.

Siempre me llamó poderosamente la atención este texto, por eso y por esta razón y circunstancia hoy y ahora aquí lo reflejo y plasmo como sinónimo de valentía y de determinación en un camino que siempre está por descubrir y por determinar

Un Bhagavad-Gîtâ, por lo tanto, incluido dentro del hinduismo, y que según los estudios es la religión más antigua del mundo: una mezcolanza de tradiciones sin fundador. Y dentro del hinduismo, como cultura, en ella existen y coexisten el teísmo, el deísmo, el politeísmo, el panteísmo, el agnosticismo y el ateísmo. Se podría decir, por lo tanto, que el Bhagavad-Gîtâ es una gran obra filosófica que desempeñó el mismo papel en la historia de la India que el Nuevo Testamento en los países de la cultura europea. Ambos libros asiáticos proclaman poderosamente el principio del amor como la base del autodesarrollo espiritual del hombre y de la mujer, que en un estado de evolución y transición buscan y anhelan conocer y trascender.

El Bhagavad-Gîtâ es la divina comunión entre los seres humanos sintientes y su Creador basada en la percepción de la verdad y las enseñanzas del Espíritu manifestadas a través del Alma, las cuales han de entonarse continuamente y sin cesar. Y es que según el hinduismo, Krishna es uno de los numerosos avatares (encarnaciones) del dios Visnú. ​ En cambio, y según el krishnaísmo, Krishna es la forma principal de Dios de quien emanan Vishnú y los demás dioses, como, por ejemplo, Shiva y Brahma.

El Mahâbhârata (tradicionalmente atribuido a Viasa, y que es una de las dos poesías épicas en sánscrito de los itihasa, también llamados Itijasa-Purana, o poesía épica india, el otro texto es el Râmâyana), que es de donde extraemos el contenido principal del artículo que nos precede, es la epopeya más antigua del mundo, al tiempo que también el poema épico más largo de la historia, con mucha profundidad, múltiples lecturas, e incluso innumerables matices cuya trama principal trata de la lucha de poder entre dos dinastías (primos entre ellos) por el trono de Hastinapura: los Pandavas y los Kauravas, con Yudhistira y Duryodhana, respectivamente, autoproclamándose herederos legítimos al trono.

Los Pandavas, con el dios Krishna de su lado, representan el bien, y los Kauravas, por el contrario, el mal. La lucha culmina con la gran batalla en el campo de Kurukshetra, que dará finalmente la victoria a los Pandavas. Justo antes de comenzar la batalla en sí es en donde precisamente encontramos este texto (El Canto del Señor) de la Bhagavad-Gîtâ, que a la postre es la razón última y principal de este artículo reflexión.

Se podría decir por lo tanto que el Bhagavad-Gîtâ es una obra de recopilación, pues alrededor de un núcleo principal se fueron agrupando con el paso del tiempo materiales de diverso origen y época, y en la forma de episodios que más o menos están de una u otra forma relacionados con la matiz central y básica de las enseñanzas hinduísticas.

Su autoría no es clara y la obra se compone de 700 versos sánscritos (estrofas) que contienen 18 capítulos, divididos a su vez en 3 secciones, cada uno de las cuales consta de 6 capítulos. E incluye, por ejemplo: Karma Yoga (el yoga de las acciones), Bhakti Yoga (el yoga de la devoción) y Jnana Yoga (el yoga del conocimiento).

El episodio denominado “El Canto del Señor” se ubica dentro de la narración en el momento en que se inicia la batalla entre los Pandavas y los Kauravas: Libro VI, secciones 25-42 del Mahâbhârata.

Y llegados hasta aquí me detendré, y por lo tanto haré intencionadamente ciertas y parejas similitudes. Unas similitudes que en este caso sitúo entre quienes, por un lado, y por ejemplo, defienden y se implican a favor del cántabru (Pandavas), y quienes por el contrario lo rechazan y lo denigran con manifestaciones y procederes inexactos y/o inadecuados (Kauravas).

El Bhagavad-Gîtâ relata la conversación entre Arjuna y Krishna durante la guerra de los Pandavas contra los Kauravas, quienes compiten por el trono. La batalla principal tiene lugar en Kurukshetra (el campo de los Kurus), que es en realidad Haryana: un estado de la República de la India de 44.212 km² y 30 millones de habitantes, el cual personalmente conozco, pues he viajado varias veces a India. Su capital es Chandigarh, lugar y ciudad que igualmente he visitado, y que tiene la categoría de territorio de la Unión India, además de que a día de hoy pasa por ser la capital del Punyab indio.

Por situar y ubicar un poco mejor la narración diremos que los cinco hermanos “Pandavas” son en realidad los cinco hijos conocidos del rey Pandú, con sus dos esposas Kuntí y Madrí. Su leyenda se cuenta en el texto épico hindú Mahâbhârata: siglo III a. C., atribuido a Viasa. Cabe señalar que “pāṇḍava” (pandava) tiene que ver con el sistema AITS del alfabeto internacional para la transliteración del sánscrito.

“Kaurava” es un término sánscrito que se refiere a los descendientes de Kuru, un rey legendario de la India que es el antepasado de muchos de los personajes de la epopeya Mahâbhârata. Por lo general el término se usa para los 100 hijos del rey Dhritarashtra y su esposa Gandhari. Y Duryodhana, Dushasana, Vikarna y Chitrasena son los más populares entre los hermanos, aunque también tenían una hermana llamada Dussala, y un medio hermano llamado Yuyutsu.

Arjuna es el líder de los Pandavas, y al tiempo, y también, un gran arquero, que al ver en ambos frentes a sus oponentes, amigos, maestros y parientes, inmediatamente es invadido por la desesperación y el abatimiento, pues se da cuenta de la obra destructora que se inicia, y de las también consecuencias que sus actos provocarán; por lo que se niega rotundamente a combatir.

Pero Krishna (él es el avatar del dios Vishnu), su conductor de carro, le dice a Arjuna que tiene que luchar, porque es su dharma (deber sagrado) como guerrero. Finalmente Arjuna decide obedecer a Krishna y participar en la batalla, y es así como al final los Pandavas logran recuperar el control del reino tras una gran batalla.

Llevado esto a la lucha y a la intención que desde hace ya algunas décadas numerosos colectivos y personas le han dispensado al cántabru (y por simultanearlo con la descripción de la presente historia y artículo), diremos que a veces es preciso no ya solo el coraje y la valentía, la lucha y la determinación, sino también el ímpetu y el brío para mostrar a los incrédulos y a los agoreros que el cántabru tiene futuro y proyección, intención y objetivo. Y si para ello hay que luchar, como lo hizo Arjuna, entonces habrá que hacerlo en todos los frentes y escenarios, con determinación y coraje, con valentía y brío.

El Bhagavad-Gîtâ es por lo tanto el diálogo entre Krishna y Arjuna en el campo de combate, narrado por Sañjaya al rey Dhritarâshtra, aunque también toda esta figuración y escenificación, sirve y es válida como símil para con ello mostrar que ante quienes combaten y/o ignoran al cántabru, lo mejor es siempre la implicación y la participación, la intervención y la connivencia.

Para ir ya finalizando diremos que el Bhagavad-Gîtâ combina por lo tanto muchos elementos diferentes de la filosofía Samkhya y Vedanta. En cuestiones de religión es una contribución importante (y con énfasis), en la devoción, que desde entonces ha seguido siendo un camino central y principal en el hinduismo. Además, en él convergen el teísmo popular expresado en otras partes del Mahâbhârata, así como también el trascendentalismo de los Upaṇiṣad (Upanishads), aunque igualmente un Dios de características personales que se identifica con el Brahman de la tradición védica. Así, y por lo tanto, es como el Bhagavad-Gîtâ da una tipología de las tres tendencias dominantes de la religión hindú: la vida de familia basada en la protección, la renuncia basada en la iluminación, y el teísmo basado en la devoción.

Por de nuevo volvernos a las similitudes diremos que es en la vida familiar (sangha) como el cántabru medra y aumenta. En la renuncia (vairagya) del saber distinguir y el priorizar es como avanzamos hacia la consecución de los fines propuestos. Y en la devoción (bhakti) y en la práctica (abhyasa) como fijamos el camino para los que vendrán por detrás nuestro.

Con todo, y a pesar de sus deficiencias (contradicciones, oscuridades, repeticiones) el Bhagavad-Gîtâ es y continúa siendo aún a día de hoy una de las obras más importantes y representativas de la literatura universal. En la India constituye el libro sagrado por excelencia de la comunidad hinduista, y en Occidente ha gozado siempre de un gran prestigio, recibiendo además sinceras y entusiastas críticas elogiosas de un público variado, y por lo demás diverso y dispar.

Por de nuevo volvernos a las similitudes diremos que es en la vida familiar (sangha) como el cántabru medra y aumenta

Aunque el Bhagavad-Gîtâ fue escrito hace ya mucho tiempo hoy su mensaje puede ser útil y revelador para una sociedad falta de suficientes valores y empujes, determinación y coraje por mejorar y ampliar con voluntad la vida y la realidad cotidiana y habitual circundante.

Los apartados de “El Canto del Señor” que me parecen son los más sugerentes, y por lo tanto los más inspiradores a la hora de aplicarlos a la mejora y en favor del cántabru bien podrían ser los siguientes:

“Concentra tu mente en tu trabajo pero nunca permitas que tu corazón se apegue a los resultados”.

“Un hombre sin disciplina jamás obtendrá sabiduría, ni tampoco contemplación. Sin contemplación no puede haber paz, y sin paz, ¿cómo puede haber gozo?”.

“Aunque tu trabajo sea humilde realízalo sin sentir preferencia por otros más importantes. Morir cumpliendo nuestro deber es la vida, mientras que vivir envidiando el de otros es la muerte”.

Y los apartados de también “El Canto del Señor” que igualmente podrían ser los más adecuados, y por lo tanto los más inspiradores, para los que atacan o pudieran desprestigiar al cántabru bien podrían ser:

El deseo lo oscurece todo, al igual que el humo oscurece el fuego y el polvo impide que el espejo refleje la imagen, al igual que el feto está cubierto por su envoltorio.

El deseo enturbia la sabiduría y es el eterno enemigo del sabio. Al igual que el fuego toma infinitas formas, lo mismo hace el deseo, y aún así no puede encontrar satisfacción.

El deseo encuentra cobijo en los sentidos y la mente del hombre. Tras lo cual enturbia la sabiduría, produciendo así la ceguera del alma.

Y ya para finalizar, y puesto que estamos en los tiempos de la Navidad, y de los comienzos del año, que mejor que decir que fundir en este trabajo las figuras de dos importantes personajes. Por un lado el Cristo Jesús (el buen pastor), y por el otro Krishna (el pastor de Vrindaván), pues ambas son figuras primordiales y fundamentales de la espiritualidad en Occidente y en Oriente. Y es por ello que los Evangelios y el Bhagavad-Gîtâ son obras claves del pensamiento de la humanidad, ya que no deja de ser arto sorprendente el paralelismo que existe entre ambas enseñanzas, que a veces hasta incluso usan las mismas palabras, contenidos y formas.

Como curiosidad, y ahora que como decimos comenzamos un nuevo año, en el libro titulado “Cristianismo y Yoga. Enseñanzas de Jesús y de Kishna” (una obra que continua la interpretación y la comprensión de las enseñanzas de Jesús a la luz del Yoga, y que comenzó con el libro “El Yoga de Jesús: la experiencia del Reino de Dios”), podemos leer interesantes y esclarecedores comentarios vivificadores sobre las enseñanzas de Jesús, los cuales están escritos desde la perspectiva del Yoga, tal y como lo formula el Bhagavad-Gîtâ.

A través de ellos podemos descubrir la espiritualidad viva subyacente en ambos senderos, el Yoga y las enseñanzas del Maestro de Nazaret, una enseñanza perenne que trasciende siempre el tiempo y el espacio, y al final unos comentarios que profundizan más en la experiencia del Yoga, así como en el del también los desafíos de su práctica.

Y es que, y como muy bien afirma Arthur Osborne (1906-1970), y que a la postre fue un escritor inglés sobre espiritualidad y misticismo, al tiempo que también un influyente discípulo y biógrafo de Ramana Maharshi, en el libro “Las Enseñanzas de Bhagavan Sri Ramana Maharshi”, este escritor nos recuerda que en realidad “las enseñanzas de la Biblia y de la Gita son en verdad lo mismo”.

Para finalizar el presente artículo (y puesto que en el mismo hemos hablado de espiritualidad y de misticismo), que mejor que concluirlo con tres buenos deseos que juntos podrían tener como finalidad el potenciar el cántabru. Por un lado “pensar”, que en este caso serviría para ver de qué manera encontramos la más adecuada y precisa estrategia para hacer que mi vida sea más fructífera y óptima en cántabru, por ejemplo. Luego tendríamos el “sentir”, que por ejemplo a lo mejor lo podemos enfocar en descubrir cuáles acertarían a ser nuestras potencialidades más sobresalientes y efectivas a la hora de buscar para mí y mi entorno una mayor implicación a favor de esta lengua amenazada y olvidada. Por último le podemos añadir la “voluntad”, aquella que por ejemplo optaría por buscar las mejores herramientas con las cuales uno mismo aprender, mejorar y/o extender el conocimiento de esta lengua.

Y puesto que curiosamente estos buenos deseos (pensar, sentir y voluntad) se corresponden con un verso que en su momento escribió el compositor, escritor antropósofo y pastor de la Comunidad Cristiana alemana, Friedrich Leopold Doldinger (1897-1973) titulado: “Verso para Epifanía”, que mejor que aquí y ahora lo reproduzcamos dando así y de esta manera finalización y conclusión a este trabajo, que por ser en gran medida espiritual y místico, muy bien se puede corresponder con la fecha del auto de los Reyes Magos que pronto se va a celebrar en nuestro País Cántabru:

“Encuentra en el pensar la libertad y serás oro, brillan las alturas a través de ti. Encuentra en el sentir el equilibrio y serás incienso, se muestra la periferia a través de ti. Encuentra en la voluntad el sacrificio y serás mirra, se vivifican las profundidades a través de ti. Mirar el brillo del oro, tejer respirando en el incienso, degustar la fuerza de la mirra. Enseña a tu pensar a confiar, vivifica el sentir, y resucita de la muerte”.

Filiz Escomienzu d’Añu 2024

(Feliz Comienzo de Año 2024)

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