sábado 25/9/21

La hábil manipulación del lenguaje en relación a las mal llamadas “lenguas de transición”

Una frontera lingüística es y siempre ha sido una frontera que ha separado dos territorios donde se ha hablado dos o más variedades lingüísticas diferentes: lenguas o dialectos. Esta situación es y se ha producido siempre en Cantabria, y aún se sigue dando.

Antoine Meillet, uno de los lingüistas franceses más importantes de principios del siglo XX, en “Historia de la Lengua Latina”, allá por 1966, escribió acerca del latín: “El latín representa una fase de transición de importancia singular entre el indoeuropeo común y las lenguas románicas. Lengua de un gran imperio (sin duda el primer imperio perfectamente organizado que conoció el mundo indoeuropeo), el latín ha conservado su estabilidad durante unos ocho siglos. Cuando la unidad de la lengua hablada comenzó a romperse entre los siglos III y X d.C., la unidad de la lengua escrita continuó manteniéndose. El latín clásico ha sido hasta un periodo avanzado de la época moderna la expresión de la ciencia y de la filosofía en la Europa”.

En el excelente curso on line de cántabru 2020/2012, que está impartiendo el profesor Diegu San Gabriel, y más concretamente en la sisión cuatru, o “sesión cuatro”, y que lleva por título: “El cántabru nel tueru asturleonés + los coloris + litura” del día 27 de Octubre de 2020, este profesor muy acertadamente expone a próposito de “las lenguas de transición”, esta interesante reflexión en voz alta que a continuación aquí resumimos y reflejamos; dejando a continuación el enlace para su escucha: aproximadamente desde el minuto 13’20 al minuto 15’20:

¿Qué lengua “institucionalizada” no ha sido antes y a lo largo de su historia, una lengua de transición?

https://www.youtube.com/watch?v=IsF4tc3g4fk&feature=youtu.be

“(…) Existe una forma de desprestigio relacionada sobre todo con el extremeño y el cántabro, que tiende a intentar categorizar a estas lenguas con el término de lenguas de transición entre el asturleonés y el castellano. A mí esto no me parece correcto, porque si vamos a la raíz de estas modalidades lingüísticas, en su génesis y evolución históricas vemos que ambas son claramente leonesas. O sea, que comparten todos los rasgos del leonés, si bien otra cosa es que estén más o menos castellanizadas”.

“(…) Y es que claramente se puede decir que son las dos variantes (extremeño y cántabro) que por cuestiones históricas, políticas y geográficas (solo hay que ver el tronco leonés) hacen una especie de boomerang, siendo los territorios o zonas que más expuestos se encuentran a la influencia del castellano”.

“Digamos que entre Castilla y el asturiano central, está Cantabria y está el asturiano oriental. Por lo tanto es lógico pensar que estas zonas hayan sufrido una mayor castellanización, si bien en su génesis y en su naturaleza las modalidades que se conservan son de una indudable y clara adscripción asturleonesa”.

“Además, este término de hablas de transición está mal empleado y es poco útil filológicamente, porque si se quiere emplear el término correcto de lenguas de transición, vemos que estas podrían ser todas desde Galicia hasta Rumanía. Por lo tanto este criterio no nos sirve de mucho, siendo esto una forma de intentar no darle a estas lenguas el status oficial de lengua que creo que se merecen”.

“Y es que sus variantes más conservadoras, como podrían ser el pasiegu o el cabuérnigu (en el caso del cántabru), o bien el sierrallanu (en el caso del extremeño), claramente se ve y se observa que estas se diferencian tanto del castellano, como lo podrían hacer también las asturianas o las leonesas. Es decir, que el cántabro y el extremeño tienen sus propias características determinadas y diferenciables como lo podría hacer cualquier otra lengua”.

Por eso nos preguntamos: ¿Qué lengua “institucionalizada” (antes de dotarse de una “academia oficial de la lengua”), por ejemplo, no ha sido antes y a lo largo de su historia, una lengua de transición? ¿Por qué el establishment determina que si una lengua (aunque lo sea, y no esté reconocida, como le sucede al cántabru) no tiene antes un “estatuto”, una “norma”, una “academia”, o, simplemente, una “presencia en la televisión”; por esto ya no es lengua… pero sí que en cambio es una “lengua de transición”? Es decir, o por emplear los términos más adecuados al control mental que en cada caso corresponda: una forma lingüística carente de continuidad, y por lo tanto, de identidad propia.

La frontera es en estos casos definida sobre la base de una determinada isoglosa

¿Acaso desconocemos que el cántabru ya era una lengua hablada en un área concreta y determinada del Norte peninsular hace muchos siglos, como igualmente lo podría ser en esos momentos el incipiente castellano? ¿Por qué el castellano no es una lengua de transición o en transición, y el cántabru en cambio sí que lo es? ¿Qué se esconde detrás de esta frase: “lengua-habla de transición?

Una frontera lingüística es y siempre ha sido una frontera que ha separado dos territorios donde se ha hablado dos o más variedades lingüísticas diferentes: lenguas o dialectos. Esta situación es y se ha producido siempre en Cantabria, y aún se sigue dando.

Si las dos variedades (castellana y cántabra) corresponden a sistemas lingüísticos emparentados, pero diferentes (como es el caso), entonces esta frontera marca también el límite de una forma generalizada de hablar, que no pocas veces produce también incomprensión mutua al hablar. Por el contrario, en caso de que se produzca un continuum lingüístico, no es muy adecuado establecer una línea fronteriza, ya que la transición se efectúa sobre una franja más o menos extendida, o más o menos comprensible: contaminación lingüística de una lengua sobre otra (mayor permeabilidad de una sobre otra), y en consecuencia, una mayor anulación de la una sobre la otra.

La frontera es en estos casos definida sobre la base de una determinada isoglosa, o de un “haz de isoglosas” o “ramillete isoglósico”, y en caso de que el mismo exista. Una isoglosa es por tanto, una línea imaginaria (isolínea) que separa dos áreas geográficas que se distinguen por un rasgo dialectal concreto, sea este de tipo fonológico, léxico o de otro tipo.

¿Quiere decir esto que el friulano, el gallego, el occitano o el rumano, por ejemplo, no son lenguas por haber sido anteriormente una lengua de transición derivada del latín? Cuidado con esto, pues detrás de esta frase hecha (o rebuscada) se esconde una trampa (que emplean los anuladores o uniformadores que niegan las lenguas minorizadas) fácilmente desmontable, y no siempre adecuadamente analizada por los hablantes nativos o patrimoniales que están rescatando y dando valor a su propia lengua.

La hábil manipulación del lenguaje en relación a las mal llamadas “lenguas de transición”
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