martes. 23.04.2024

Filiz Samuín y la Nochi de Dejuntos en Cantabria

El Samuín-Samhain es una de las fechas más importantes y señaladas del calendario festivo anglosajón, que mediante el fenómeno de la globalización se ha extendido y propagado a gran velocidad por los países de tradición católica

Filiz Samuín y amás güen escomienzu d’añu cola mijor amañación (Feliz Samuín y además buen comienzo de año con el mejor aderezo).

Para los antiguos pueblos de la Céltica no había antaño distinción entre la vida social y el sentimiento religioso y sus muchas y variadas manifestaciones, pues todos sus aspectos estaban entonces imbuidos de aquel proceso religioso que no era sino la puesta en práctica de una estructura filosófica muy desarrollada, algo que en su día tuvieron que reconocer y alabar los pensadores griegos y latinos de las eras precedentes más sobresalientes. Nada por lo tanto comparable con la dicotomía que ahora expresamos ante el hecho “real” cotidiano y el ámbito religioso circunscrito normalmente a las iglesias y a los templos, a las sinagogas y a las pagodas, a los santuarios y a los monasterios.

La crisis que empezó a acontecer en Roma del siglo III de nuestra hasta su acabación era y abarcaba todas facetas sociales

Si tenemos en cuenta que para los celtas históricos las ofrendas eran continuas, las libaciones (rito pagano que consistía en derramar determinado líquido sobre el suelo, fuego o víctima, después de probado) algo corriente, los sacrificios tremendamente frecuentes, y que incluso se practicaba el enterramiento de los antepasados bajo el suelo de la propia vivienda (los cántabros por el contrario preferían que sus muertos viajaran al más allá llevados por buitres), entenderemos mejor que “lo religioso” para ellos no era otra cosa sino una forma de vivir muy distinta a la actual, y por supuesto, muy diferente de la interpretación latina del aspecto teológico donde se mantenía a los dioses entre los pétreos muros del templo; mientras que en el exterior se desarrollaba la vida política y social.

La crisis que empezó a acontecer en Roma del siglo III de nuestra hasta su acabación era y abarcaba todas facetas sociales, desde la política (con una sucesión de gobiernos militares de corta duración que no podían evitar el avance de los pueblos germanos), hasta la económica (incapaces de gestionar el entonces inmenso e inflado cuerpo geográfico), pasando por la religiosa y espiritual, al buscar respuestas en nuevos dioses que no eran sino novedosas importaciones para las mismas funciones: Mitra, Cibeles… Incluso Aureliano quiso dejarse sorprender por un “original” culto al Sol. Roma, es decir, más de media Europa, consentía entonces la coexistencia de diferentes cultos, lo que finalmente propició la inundación de dioses que acabaron con el tiempo colapsando cualquier recinto religioso. No es de extrañar por lo tanto que todas las miradas se volvieran hacia aquellos que, haciendo borrón y cuenta nueva, reducían todo ese entramado sistema teológico a una sola divinidad.

Pero con el tiempo esa misma doctrina, la cristiana, se daría por vencida consintiendo que bajo el pretendido mensaje del monoteísmo que le diera sentido al principio, se adorasen con posterioridad a cien “cristos”, mil vírgenes, y cien mil santos y santas que no hacían sino otro papel que el de reemplazar a los innumerables dioses “paganos” que entonces había en Europa.

Y es tras la llegada del cristianismo a las tierras europeas, a la lista de grandes guardianes del alma se añadieron, por ejemplo, y con posterioridad los santos, así como otros muchos personajes más, que de haber sido hasta entonces paganos, de repente fueron bautizados con otros nombres, recibiendo desde entonces atribuciones sagradas.

Tenemos, de hecho, referencias contrastadas como lo pueden ser Pedro y Pablo como los Dioscuros, Santa Brígida como la Diosa celta Brigith, la Virgen María como la Diosa Madre, o en fin, para demostrar claramente el uso estereotipado de cambiar un Dios por un santo cristiano; lo mejor es ver lo que un “ilustre” creyente (el secretario de Carlos V, D. Alfonso de Valdés) pensaba al respecto: “Havemos repartido entre nuestros santos los officios que tenían los dioses de los gentiles. En lugar de dios Mars, han sucedido Sanctiago y Sanct Jorge; en lugar de Neptuno, Sanct Elmo; en lugar de Baco, Sanct Martín; en lugar de Venus, la Madalena. El cargo de Esculapio havemos repartido entre muchos: Sanct Cosme y Sanct Damián tienen cargo de las enfermedades comunes; Sanct Roque y Sanct Sebastián de la pestilencia...”.

Cantabria siempre ha sido y aún es un país celta, aunque no sabemos si esto será así por mucho más tiempo

No cabe la menor duda de que a día de hoy (por el número de fieles) el único monoteísmo actual y funcional (y no por ello el menos peligroso y nocivo) es el islamismo, junto a también otras doctrinas religiosas terminadas en “istas” de cada día más dudosa e incierta reputación y prestigio.

Así es como llegamos a los tiempos del ahora y del presente artículo para adentrarnos en la mitad oscura, fría y lánguida del año, iniciándola ésta con una de las más destacadas y difundidas celebraciones del calendario celta: el Samuín que decimos en Cantabria, o el Samhain, y así otras muchas más denominaciones que se le puedan dar y otorgar en otras partes del mundo, siendo quizá Halloween la más popular y conocida de entre todas ellas. Siendo así que tal celebración se corresponde en nuestro calendario actual al 1 de Noviembre, cuya víspera era el “momento en el momento”, o si lo preferimos, cuando se descorría el velo que separa el mundo de los vivos del Otro Mundo y todo entonces era posible, habiendo vestigios de tales creencias que aún se mantienen vivas y coleantes en estas fiestas de celebración, y en fechas tan entrañables y significativas tras varios miles de años transcurridos desde entonces y hasta ahora.

Y puesto que este artículo habla del Samuín, y también de los celtas, de estos últimos diremos que en Cantabria sobre ellos se ha escrito mucho, y también variado, pues no en vano Cantabria siempre ha sido y aún es un país celta, aunque no sabemos si esto será así por mucho más tiempo. No obstante, no puedo por menos que ahora recordar aquí a una figura que a mí hace ya varias décadas me causó una grata y placentera sorpresa. Me estoy refiriendo nada más y nada menos que a la figura del Padre Jesús Carballo García, o el que en su momento fue el rector del Museo de Prehistoria de Santander durante varias décadas, y del cual ahora dejamos aquí y en su memoria un esclarecedor enlace, pues él fue siempre un enamorado de la cultura celta y de esta realidad tan nuestra.

https://loscantabros.com/2016/09/18/la-celticidad-de-los-cantabros/

Se trata, en definitiva, de una festividad ancestral de origen celta que se celebra en la noche del 31 de Octubre al 1 de Noviembre

Y es que el Padre Jesús (1874-1961), gallego afincado en Santander, fue el protagonista principal (y casi único) de toda la actividad arqueológica en Cantabria durante más de medio siglo. A su empleo de maestro, y de director del Museo de Prehistoria, se añade su activa participación en aquellas instituciones que tuvieran algún tipo de responsabilidad sobre el patrimonio arqueológico: la Comisión Provincial de Monumentos, el Patronato de la Cueva de Altamira y el Centro de Estudios Montañeses.

Tenemos por lo tanto que la cultura tradicional de Cantabria, aunque tiene identidad propia, cuenta no obstante con unas influencias notables y muy acusadas provenientes de otras regiones y países del Arco Atlántico Europeo más próximo y cercano. Un amplio conjunto de pueblos que abarcan desde Escocia hasta Portugal, pasando por Irlanda, Gales, el Suroeste de Inglaterra, toda Bretaña, y casi toda la cornisa cantábrica. Además de que a lo largo del tiempo y de las eras siempre han existido entrañables y fuertes nexos de unión entre estos territorios y espacios, ya sea desde puntos de vista históricos y comerciales, como culturales y políticos.

Todos estos acontecimientos no hicieron sino incrementar notablemente los flujos constantes de interrelación y correspondencia entre pueblos hermanos, motivando con ello, y así, costumbres similares en todos los ámbitos de la cultura tradicional: supersticiones y leyendas, ritos y mitos parecidos a los que habitualmente han estado siempre presentes en las narraciones populares y tradicionales cántabras.

Es así como en la Nochi de Dejuntos en Cantabria festejamos lo que aquí se denomina el Samuín, una adaptación cántabra de la palabra de origen gaélico “samhain”, y que a la postre significa “el fin del Verano”. Se trata, en definitiva, de una festividad ancestral de origen celta que se celebra en la noche del 31 de Octubre al 1 de Noviembre, y que es festejada con gran alegría, jolgorio y satisfacción por los pueblos europeos bañados por el Atlántico Norte, así como por otros muchos que se sienten y se identifican con dicha cultura y realidad.

No obstante, y para aquellos que son más suspicaces para y con los detalles y las costumbres, habría que decir y recordarles que no era el Samaín algo único de la península Ibérica, pues los celtas se extendían entonces por toda la Europa del Norte e Irlanda (y hasta incluso por lo que hoy es la mismísima península de Anatolia: la famosa Galacia), donde como ya hemos dicho la fiesta recibe el nombre de “Samhain”.

Y es que la cultura celta era para la Europa de hace cuarenta docenas de lustros lo que la cultura occidental es para los países que denominamos “del primer mundo” en la actualidad. Es decir, una corriente ideológica, y también un conjunto de creencias y modismos que aglomeraba a poblaciones de distintas características étnicas, lingüísticas, políticas y geográficas. No hubo pues una raza, ni un estado celta, sino una cultura celta, valiosa y creativa, funcional y pramática que ahora podemos y pretendemos recuperar y difundir para el enriquecimiento personal y social.

La aculturización celta fue y sería por lo tanto un proceso de mayor transcendencia que sus esporádicas invasiones. Prueba de ello es que actualmente apenas quedan territorios políticamente célticos, mientras que su legado cultural permanece vivo y activo, siendo tal vez la música una de las manifestaciones más evidentes y palpables de esta herencia cultural.

Por el motivo que fuera, las celebraciones paganas y cristianas se acabaron finalmente encontrando en la misma fecha

Coincidente el Samuín con el final de las cosechas, ésta era una celebración análoga a la que los romanos observaban en torno a Pomona: deidad de las huertas y de la abundancia. Con la diferencia de que para los celtas también marcaba el inicio del año, que ellos dividían entre una mitad oscura (Otoño e Invierno) y otra clara (Primavera y Verano).

Como dato curioso podríamos añadir al relato la festividad de Todos los Santos, que curiosamente el papa Gregorio IV (¿?-844) instauró oficialmente el 1 de Noviembre. Esto no significa que en los siglos anteriores los cristianos no hubieran honrado a los difuntos, pero lo hacían en fechas distintas en cada parroquia o lugar. Y puesto que entonces existía y había una gran necesidad de hacer coincidir esta fiesta de celebración y tumulto en el mundo antaño no cristianizado con las costumbres célticas que por varios milenios pervivieron en Europa, se optó por hacer las fiestas “paganas” coincidentes con las célticas. Y si aquí hablamos ahora de la celebración de Todos los Santos es porque muchas personas creen que la decisión de Gregorio IV estuvo en gran medida influenciada por la tradición celta. Otros ven en ella motivos más pragmáticos, como por ejemplo el hecho de que el Verano era un mal momento para que miles de fieles acudieran a Roma, una ciudad que con el calor se volvía en aquellas épocas especialmente insalubre.

Por el motivo que fuera, las celebraciones paganas y cristianas se acabaron finalmente encontrando en la misma fecha. El por ejemplo, “truco o trato” o los disfraces fantasmagóricos tan típicos de la tradición anglosajona son en realidad un añadido muy posterior, y porque no decirlo, incluso y también un tanto cursis.

Y otro apunte a considerar, y que quizá a mucha gente se le pasa por alto. El término “pagano” (en latín “paganus”, significa literalmente “campesinado”, “rústico”, “de aldea” o “de pago”) se utiliza por primera vez a principios del siglo V como apelativo vulgar para indicar a los adoradores de los dioses griegos, romanos o de otros pueblos del Imperio, y que por ende no admitían la creencia en el Dios que cristianos y judíos consideraban entonces como el único revelado a través de la Biblia. Si bien se empezaría a usar, ya de forma mayoritaria en el siglo XVI por los cristianos, para referirse específicamente a la población romana que creían en otros dioses. Se refería por tanto a aquellos que no estaban bautizados, o sea, aquellos que no pertenecían a ninguna religión institucionalizada. Luego los cristianos usan “pagano”, de origen latino en “pagus”, para significar principalmente “aldea”, y precisamente como alusión a la resistencia del medio rural romano y griego a la cristianización.

No tenía por lo tanto entonces el significado, un tanto peyorativo y despreciativo que con posterioridad se le asignó, y finalmente se le consignó, pues simple y llanamente “paganos” eran aquellas personas que vivían y desarrollaban sus vidas en el campo, y por lo tanto, junto a la Naturaleza.

Esta celebración del Samuín tiene como motivo principal el dar las gracias por los frutos recogidos de la tierra y el bosque tras la época de las cosechas

Y es que es y ha sido siempre una costumbre cántabra muy arraigada entre nuestro pueblo, como muy acertadamente se ve a través del siguiente enlace y nota de prensa correspondiente al “Correo de Cantabria”, del 3 de Noviembre de 1884 (y facilitado por Parabra d’Osu el 22 de Octubre de 2022), al afirmar a través de dos notas de prensa que: “(...) los cántabros celebraban el Día de Difuntos e iban a los cementerios a comer, y sobre todo a beber, cogiendo soberanas borracheras que indignaban a las mentes más católicas. La costumbre tiene una clara raigambre en la mitología clásica. Esto junto al uso de calabazas en forma de calaveras y con velas, además de en algunos casos usar sábanas blancas como disfraces, hace que la celebración de Halloween no sea una costumbre importada en Cantabria, si bien sí lo es el uso del nombre anglosajón. El nombre genuino es Día de Dejuntos”.

Por otro lado, y siguiendo con la misma exposición que hace Parabra d’Osu, y recogida esta el 4 de Noviembre de 1916 en el periódico “La Atalaya”, en el mismo se manifiesta: “El uso de calabazas en el día de Dejuntos en Cantabria es absolutamente tradicional, tanto en la forma como en la intención”. “Se vaciaban (las calabazas) y se les daba forma de calaveras”.

http://parabradosu.blogspot.com/2022/10/halloween-samuin-o-el-dia-de-difuntos.html

Tiene por lo tanto esta celebración del Samuín como motivo principal el dar las gracias por los frutos recogidos de la tierra y el bosque tras la época de las cosechas. Una tradición de origen pagano (que como ya se sabe fue posteriormente cristianizada), y con la que se da inicio a la llamada estación oscura del calendario celta. Sin embargo, y desde un punto de vista espiritual, tiene más bien que ver con la celebración del tránsito entre la vida y la muerte y, en consecuencia, con la comunicación entre ambos estados.

Así, la celebración de la Nochi de Dejuntos del 31 de Octubre en Cantabria la podemos describir como una fiesta familiar y comunitaria donde ha sido costumbre desde hace mucho tiempo el vaciar calabazas (principalmente del tipo verrugón con el que se alimentaba al ganado) para tallar calaveras en su piel simulando el aspecto exterior de los espíritus de las personas fallecidas. Y todo ello con el fin de así poder comunicarse mejor y de una forma mucho más directa con ellos.

Y es que durante esa noche tan especial las creencias populares señalaban que las almas de los muertos tenían autorización para poder caminar entre los vivos. Por lo que para guiarlas al otro mundo se colocaban velas dentro de las calaveras, y cuando estas se apagaban, el espíritu ya había culminado su tránsito al “otro lado”. Además, en algunas zonas de Cantabria se las clavaba un palo en la base inferior para posteriormente elevarla, a modo de símbolo, para así realizar un sobrio pasacalles cubierto con sábanas, afín de esta manera lograr un ambiente más fantasmagórico y espectral, aunque igualmente y también era costumbre el dejar las calabazas de aspecto calavérico y aterrador en las repisas de las puertas y de las ventanas. Circunstancia ésta última que al final es la que ha terminado finalmente por prevalecer y perdurar.

Y todo ello tiene lugar en el Tardíu (Otoño), que precisamente es la estación del año donde se conmemora la Nochi de Dejuntos, siendo la “Otoñada” ese espacio o periodo especial que se caracteriza por la recolección de los frutos de la naturaleza (nueces, castañas, manzanas, maíz, uvas…), y que tradicionalmente en Cantabria ha dado lugar a celebraciones sociales como la Magosta, la Deshoja o el Mayado, pues con la recogida de los frutos del castaño empieza la temporada de las magostas en Cantabria. Un ameno acto social y de reunión al aire libre que tras encender una buena lumbre de leña, carbón o escajos secos, se asan luego las deliciosas y sabrosas castañas. Una vez peladas las humeantes y ricas castañas estas se comen, disfrutando mientras tanto de la compañía de los amigos y los familiares. Al mismo tiempo, en la mayoría de los pueblos cántabros, y alrededor de las hogueras era frecuente bailar y cantar al son de la pandereta, la gaita, el rabel y más instrumentos musicales canciones y melodías propias del folclore de esta tierra.

Podría decirse que estamos ante una festividad de ida y vuelta. Con la particularidad, quizá, de que cuando ésta regresó de nuevo a Europa, ya poco tenía que ver con la tradición prerromana

Habitualmente se ha relacionado la magosta con la comida funeraria de la Nochi de Dejuntos, así como con la celebración cristiana de Todos los Santos, limitando así, y por lo tanto, el número de castañas que se podían comer durante esa noche a la cantidad igual de almas que se quería liberar de las penas del Purgatorio. Dicho lo cual, tras la Magosta de Difuntos (y ya con las calabazas talladas con su correspondiente calavera), se pasaba posteriormente a hacer una procesión nocturna conocida como la “güeste”, algo así como un cortejo o procesión espectral de almas en pena o ánimas con huesos encendidos a modo de cirios para alumbrarse cubiertos con sábanas y mortajas blancas, que en estas épocas recorrían los caminos saliendo de los cementerios o las iglesias, y sobre ellos la calavera representada de la calabaza.

Antiguamente en Cantabria el maíz llegó a ser la base principal (y hasta muchas veces fundamental), de la alimentación en las zonas más rurales y pobres de nuestro país, por lo que cuando se recogían las panojas del maíz (para que el grano empezara pronto a ventilarse) rápidamente se organizaban las deshojas en el “soberáu” (desván). Unas divertidas y concurridas reuniones de vecinos donde se ponía un cesto grande, y luego se despojaba el grano de la hoja que lo envolvía. Durante la deshoja la gente se divertía y se lo pasaba a lo grande contando historias, cuentos, fábulas, relatos, trovas... y los más pequeños disfrutaban como nunca con juegos infantiles y tradicionales como el “tiesu”, el “soletu”, el “escondivirite”, el “picu”, el “raposu” y la “zaina”, las “canicas”, a “brincá-‘l palu”, las “tablas”, el “patineti”, el “triángulu”, la “carrera de los sacos”, los “zancos de latas”, etc.

Posteriormente el cristianismo occidental europeo adoptó esta tradición (como otras muchas más de las que se apropió para sí mismo como si estas fueran propias de los lugares y parajes específicos del desértico Oriente Medio), y con ello propició su versión personal, peculiar y particular de los acontecimientos asimilándola hasta el hoy Día de Todos los Santos del 1 de Noviembre.

En los países anglosajones la celebración de “Samhain” recibe el nombre de “Halloween”, cuyo origen hay que buscarlo más bien en los inmigrantes irlandeses en América del Norte. Sin embargo, no sería hasta la segunda década del siglo XX cuando se empezaría a popularizar en Estados Unidos y en Canadá. Con todo sería en Estados Unidos donde la fiesta adoptó finalmente su formato actual en la década de 1840, cuando el país recibió a más de un millón de irlandeses que huían de la gran hambruna desatada por una plaga en los cultivos de patatas, y que a la postre propició que casi la mitad de los irlandeses del aquel entonces tuvieran que salir al exterior para poder sobrevivir. Fueron ellos los que importaron la fiesta, que por entonces ya se llamaba “Halloween”. Aparecido en el siglo XVIII, el vocablo es una contracción de All Hallows’ evening, expresión de origen escocés que literalmente significa: “víspera de Todos los Santos”.

De la mano de los inmigrantes, y después de que el estado de Minnesota (EE.UU.) acogiera el primer desfile de disfraces en 1921, aquello adquirió entonces una popularidad nacional inesperada y repentina. Es en ese punto, y no antes, cuando aparecieron las calaveras, los disfraces con mantas y grilletes, y también las máscaras más fantasmagóricas y aterradoras.

Halloween, con su gran despliegue comercial y publicitario de medios ha invadido y colonizado Cantabria

Podría decirse que estamos ante una festividad de ida y vuelta. Con la particularidad, quizá, de que cuando ésta regresó de nuevo a Europa, ya poco tenía que ver con la tradición prerromana. Lo hizo a partir de los años setenta, al principio a través de la ficción televisiva y el cine, y con películas como Halloween (1978), del maestro del terror John Carpenter, que prácticamente se inauguraba un nuevo género cinematográfico. Y como muchos fenómenos de la cultura norteamericana, también este fue un hecho internacionalizado por Hollywood, que finalmente lo terminaría por exportar al mundo entero.

Sea como fuere, el Samuín-Samhain es una de las fechas más importantes y señaladas del calendario festivo anglosajón, que mediante el fenómeno de la globalización se ha extendido y propagado a gran velocidad por los países de tradición católica, adquiriendo así y de esta manera unos claros tintes y matices de festividad popular asociada a valores relacionados más bien con el consumo masivo, tanto de calabazas, como de disfraces. Algo que en realidad y en verdad está muy alejado de su primitivo origen y significado original. Pasa con esto, pero pasa también e igualmente con otras muchas más cosas y realidades cotidianas.

Para ampliar algo más la información relativa al Samuín aquí van dos enlaces interesantes y referenciales:

https://www.caminolebaniego.com/blog/el-samuin--una-tradicion-con-toque-cantabro

https://www.youtube.com/watch?v=pKgjyVCPC9Y

Actualmente Halloween, con su gran despliegue comercial y publicitario de medios ha invadido y colonizado Cantabria, así como también otros muchos más lugares y espacios. Una circunstancia ésta que igualmente se puede o se podría asemejar a la figura de Papa Noel, y que en Cantabria perfectamente pueden ocupar y asumir las Anjanas y el Esteru respectivamente, en lugar del “rojo barrigón hollywoodiense”.

Sin embargo es tarea de profesores, padres, familiares y amigos el poner valor a las tradiciones, costumbres y prácticas del País Cantabru que más tienen que ver con la Nochi de Dejuntos, y que al tiempo también remarcan y reafirman la propia identidad de nuestro pueblo, para así ellas el poderlas luego transmitir con fuerza e ímpetu a las generaciones más jóvenes y venideras, dentro de un mundo que cada vez está más anulado y manipulado, intervenido y despersonalizado.

No está de más añadir que hay y existen personas (principalmente con perspectiva y sensibilidad religiosa) que optan por no celebrar esta fiesta de raigambre europea (que no propia de arenas desérticas de algún lugar no determinado del Oriente asiático o del Oriente Medio cercano), pues consideran que es poco menos que “diabólica”, ya que algunas personas e instituciones así se lo han enseñado y manifestado desde hace, y por cierto relativamente poco tiempo, a los fieles y consumidores de religión esperanzadora.

Unas personas éstas que de una forma mayoritaria suelen vivir y residir en grandes complejos habitados, y normalmente urbanizados, donde el contacto con la naturaleza suele ser poco más o menos que nulo o bien inexistente, y curiosamente solo circunscrito a determinados momentos y/o períodos del calendario festivo. Y es así como estas personas no saben y conocen que en las noches del día de los Fieles Difuntos (para los que viven hoy en España y ya tienen una cierta edad) el 2 de Noviembre era festivo, como también lo era el día anterior, y los niños no tenían escuela: hablamos de las escuelas franquistas del pasado siglo, y aún de antes.

Como muestra vamos a compartir aquí un testimonio de Merindades y Valles de la Cantabria Burgalesa, del 29 de Octubre de 2022, y que lleva por título: “La Noche de Difuntos de hace un “carrao” de años”:

La cosa daba comienzo unos días antes escogiendo la pieza que nos iba a servir para asustar a las chavalas. En mi casa, como en otras muchas de entonces, se sembraban calabazas.

Las había de diferentes tamaños y colores: verdes, naranjas, rayadas (en mi casa se decían 'jaspeadas'), de corteza lisa, acanalada, con verrugas... Como decía, unos días antes del día de Difuntos mi padre escogía una y me la daba, porque no era cosa de que yo eligiera la que me diera la gana. Y era entonces cuando daba comienzo la creatividad para iniciar el vaciado y decoración, cuestiones que pasaré por alto pues no tiene nada del otro jueves, si bien yo tenía la costumbre de utilizar las pepitas más grandes (en forma de lágrimas) para poner los dientes de la “calavera” (esto me lo enseñó mi padre). Una linterna de petaca dentro de la calabaza (si hacía viento se apagaba la vela), se ponía la “tapa” y ya estaba hecho el farol. Y a esperar con impaciencia tan señalado día. O mejor dicho, tan señalada noche. Cogía la calabaza, encendía la linterna y la metía dentro, y a dar vueltas con ella por las callejas del pueblo.

Más de una chavala echó a correr que perdía el culo, y algún que otro terronazo me llevé también, pues algunas “mayoronas” resentidas hacían burla de los “criajos” que osaban asustar a las pobres niñas, aunque también las había que se reían, quizá recordando cómo corrieron ellas la primera vez. Y eso era todo. No había siniestros disfraces, ni truculentas caretas, ni espesas telarañas, ni fiestas de “jalogüin”, ni nada de lo que hay hoy. Era todo más natural. Más nuestro. (A.N.M.)

A través de estos dos excepcionales reportajes de investigación de La Cantabria Burgalesa derribamos y anulamos tales pareceres y pensamientos erróneos y siempre tergiversados e interesados, y la mayoría de las veces desconocidos e ignorados.

https://lacantabriaburgalesa.wordpress.com/2016/11/01/calabazas-con-velas-en-la-noche-de-animas-en-merindades-y-zonas-proximas/

https://lacantabriaburgalesa.wordpress.com/2016/10/14/la-tradicion-de-vaciar-calabazas-en-merindades-en-la-noche-de-todos-los-santos/

Confiamos y esperamos en que este festival y celebración se consolide y crezca año tras año de una manera decidida y consolidada, pues en tiempos como los actuales de anulación programada de culturas e identidades, este tipo de encuentros y celebraciones sirven y son una ocasión más para encontrarnos y recordarnos sin tabúes y sin miedos en lo que somos y siempre hemos querido y queremos ser.

Y ya para finalizar solo decir que este artículo no estaría completo si en el mismo no incluyéramos que la Nochi de Dejuntos es una ocasión inmejorable y magnífica (además de muy oportuna), para que cuando decidamos felicitarla, lo hagamos empleando para ello el cántabru, por ejemplo, de una manera sencilla diciendo: “Filiz Samuín”. Pues si es esta, y desde hace ya algunos años una celebración de la cultura tradicional atlántica, que mejor ocasión que la presente para sobre la misma ponerle un barniz cultural, y con ello también uno más original en la cultura y realidad que no es propia y particular, singular y única.

Filiz Samuín y la Nochi de Dejuntos en Cantabria
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