martes. 23.04.2024

Ena mágica data del 28 de Juliu

El País Cántabru ha sido por más veces y tiempo una nación independiente que una entidad formada por la unión de y con otros Reinos y Estados españoles o extranjeros

Ena mágica data del 28 de Juliu (en la mágica fecha del 28 de Julio), Día Nacional de Cantabria, debemos decir y considerar que la consejería de Educación del Gobierno de Cantabria tiene profesionales y personal adecuado, y además, suficientemente capacitado, como para poder incluir en los textos escolares de nuestro alumnado otra visión no “copiada” y no “trasladada” desde el ministerio de Educación del Gobierno de España, que en última instancia (y para entendernos) dicta desde Madrid cual es y cómo deben de ser “las líneas a seguir” en lo que respecta a la educación que se imparte a día de hoy en los colegios e institutos de nuestras aulas e institutos. Y esto así no debe de ser, y ni tampoco tiene por qué prolongarse por más tiempo y de esta manera, pues han sido innumerables las veces en las que se ha reclamado al Gobierno de Cantabria (tantas veces gobernado por regionalistas y socialistas, y ahora en manos del PP) una mayor intervención y asistencia a la hora de dar prioridad y preferencia a la Historia y a la realidad de nuestra tierra sobre la de España, sin por ello tener que desmerecer a esta última.

Cantabria es el caso típico de una nación sin Estado que a lo largo de los últimos siglos ha ido siendo integrada de forma progresiva en el conjunto de otras comunidades vecinas

Contar la verdad, y solo la verdad en lo que respecta a la Historia de Cantabria (y como en este caso sucede con la fecha del 28 de Julio), aportando conocimientos y espacio, tiempo y recursos, debe de convertirse en una prioridad, y también en una urgente necesidad si no queremos ser progresivamente anulados y absorbidos por “cuentilisqueros” (cuentistas) y tergiversaciones interesados y siempre politizados, que anulan y anularán para siempre y por siempre nuestra especificidad y unicidad, si no se remedia con prontitud nuestra verdadera realidad como entidad política y social claramente dispar, distinta y diferenciada de las demás.

Una realidad que en última instancia también pasa por difundir el cántabru entre nuestro pueblo y sociedad, al tiempo que también prestar la suficiente escucha y atención, seguimiento y apoyo a esta nuestra otra modalidad lingüística y cultural distinta del castellano y muy similar al asturiano, leonés, mirandés y extremeño. Una existencia diferente y variable a otras de nuestro entorno más inmediato, pero con las que no obstante también compartimos muchas similitudes y coincidencias que siempre es bueno respetar y considerar.

Y es que el País Cántabru ha sido por más veces y tiempo una nación independiente que una entidad formada por la unión de y con otros Reinos y Estados españoles o extranjeros. La última vez fue en el siglo pasado (durante la Guerra Civil Española: 1936-1939), permaneciendo entonces fiel a la República. Incluso llegó Cantabria a emitir moneda propia, y hasta incluso llegó a proclamar su propio Estatuto de Autonomía (similar al vasco o al catalán), que, sin embargo, no llegó nunca a aprobarse debido al estallido de la contienda. Un Estatuto que de haberse materializado hubiera sin duda abarcado y conjuntado a amplias zonas de lo que antiguamente había sido la Cantabria Histórica, al tiempo que habría dado con seguridad carta de naturaleza oficial a su lengua propia: el cántabru.

El País Cántabru siempre tuvo una conciencia nacional desde el mismo momento en que nació hace ya más de tres mil años

Y es que Cantabria es el caso típico de una nación sin Estado que a lo largo de los últimos siglos (principalmente los tres últimos) ha ido siendo integrada de forma progresiva (y en contra de su voluntad) en el conjunto de otras comunidades vecinas (Cantabria era hace varios siglos tres veces mayor de lo que hoy conocemos oficialmente por el nombre de Comunidad Autónoma de Cantabria), así como en el mismo organigrama del Estado. Todo ello con la complacencia de los políticos plegados (la mayor de las veces) a los intereses económicos y personales de los distintos y diferentes gobiernos periféricos y centrales que, por ejemplo, en Madrid han existido y/o coexistido.

El País Cántabru siempre tuvo una conciencia nacional desde el mismo momento en que nació hace ya más de tres mil años. Por eso, y si hacemos un breve repaso a la historia de este pueblo (en el sentido de utilizarla para comprender el presente, y no como un valor nacional), enseguida veremos que desde sus más tempranos orígenes éste ya era un país independiente, hasta que comenzaron a llegar sus hermanos celtas (primero del Norte de Europa), y ya más tarde los pueblos nórdicos y centro europeos; hasta completarse todo este entramado con los romanos y las luego (por siglos) posteriores invasiones de pueblos germánicos provenientes de diversos lugares y entornos de Europa.

Recuperó su independencia con los pueblos germánicos que acabaron con Roma y su Imperio, aunque, sin embargo, volvió a perderla (de manera relativa, pues amplias zonas de su territorio permanecían siempre libres del poder godo) al caer Cantabria bajo la órbita del Reino visigodo de Toledo. De nuevo la recobró como consecuencia de las circunstancias excepcionales derivadas de la invasión morisca de la Península Ibérica, y desde entonces (y por las circunstancias que se darían a lo largo de la Edad Media), ya caería con posterioridad bajo la influencia política y económica (que unas veces sería mayor y otras menor) de Castilla.

Sin embargo, y durante este periodo de tiempo (Edad Media), las distintas jurisdicciones (Valles, Juntas, Villas o Hermandades), al igual que el feudalismo (régimen señorial) que entonces imperaba, no sería en el País Cántabru tan severo como, por ejemplo, sí que lo fue y lo sería en otras partes de la Península Ibérica; entonces un auténtico subcontinente dentro éste a su vez de otro continente que es Europa. Esto era así porque Cantabria gozaba en aquel entonces de las llamadas behetrías, gracias a las cuales los cántabros podían elegir a su señor, por lo que la justicia no correspondía a éste, si no que se reservaba al rey. Es decir, eran lugares y jurisdicciones de realengo con amplísima autonomía y forma de gobierno independiente y propio. Lugares heredados estos, sin duda, de sus ancestrales tradiciones y modos de vida antigua celta. Costumbres y hábitos, en definitiva, que se respetaron y se admiraron, honraron y reverenciaron, e incluso; se alabaron públicamente y de manera notable durante varios siglos.

A partir del siglo XV-XVI las tierras de Cantabria comenzaron un proceso que demuestra claramente la continuidad de la conciencia nacional de este pueblo. Pues fue por el llamado “Pleito de los Nueve Valles” por el cual los cántabros se enzarzaron en disputas y peleas con el poder señorial primero, y ya más tarde por la reivindicación de su autogobierno, así como por el de la unidad (reagrupamiento territorial) nacional e institucional antaño perdida.

En gran parte consiguieron estas aspiraciones con la creación de la Provincia de Cantabria en el año 1778, si bien, más tarde, se daría un nuevo paso con el proyecto de Estatuto de Autonomía elaborado en 1936. No obstante el punto culminante de este proceso se lograría con la autonomía de 1981.

Autonomía, que todo hay que decirlo, no ha servido para que Cantabria sea hoy un territorio soberano e independiente, así como tampoco para que se potencie y se le conceda carta de naturaleza oficial a su lengua propia y específica: el cántabru. Esta es una circunstancia, por ejemplo, que no ha sucedido y ocurrido en otros territorios españoles con sin lugar a duda una menor identidad lingüística y cohesión territorial que la que por ejemplo existe y se da en Cantabria. Y han sido precisamente en esos otros territorios y lugares en donde, por el contrario, sí que han sabido aprovechar hábil y sabiamente sus muchas disposiciones y artículos, leyes y normas, que al final les han valido para poder articular con éxito un mayor desarrollo y potenciación de sus respectivas identidades culturales y lingüísticas.

Ena mágica data del 28 de Juliu
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