domingo 13/6/21

Conduccionismo, exclusión y delitos de odio lingüístico

Solo cabe que desde el conjunto asociativo y cantabrista se ofrezcan respuestas y soluciones rápidas y efectivas, contundentes y eficaces; respondiendo así y de manera profesional y rápida, a todas y cuantas denuncias sobre prejuicios motivados en el odio y la discriminación lingüística se puedan dar y producir, percibir y sentir.

La regla de la mayoría en la que se basa la democracia, en no pocas ocasiones puede producir y generar un efecto negativo conocido como: la tiranía de la mayoría u oclocracia. La tiranía de la mayoría, o bien la tiranía de las masas, es una debilidad inherente al gobierno de la mayoría en el que la mayoría de un electorado persigue exclusivamente sus propios objetivos a expensas de los de las facciones minoritarias. Esto da como resultado una opresión de grupos minoritarios comparable a la de un tirano o un déspota, argumentó John Stuart Mill en su libro de 1859: "On Liberty".

Esto se refiere a la posibilidad de que en un sistema democrático una mayoría de personas pueden, en teoría (y también en la práctica), perjudicar, o incluso oprimir a una minoría particular: en este caso a los hablantes originales y legítimos de cántabru que siempre han vivido sus vidas y su existencia en el territorio que les es propio y singular.

Y esto es negativo y contraproducente desde el punto de vista de la democracia, pues esta trata de que la otra ciudadanía (los hablantes de cántabru) no puedan disponer de un mayor poder o representación: en este caso político y/o institucional para poder desarrollar su cultura y su realidad.

La noción de "exclusión" (al cántabru: "isclusión") describe una situación en la que ciertos grupos no pueden participar en diferentes ámbitos de la vida económica, cultural y política; así como en el proceso que conduce a que tal situación se mantenga y perdure en el tiempo.

Tal y como reconoce Naciones Unidas: "La exclusión implica no solo privación material, sino también la falta de agencia sobre las decisiones importantes que afectan a la vida propia, así como también a sentimientos de alienación e inferioridad". (ONU, 2016: 18).

Siendo en el País Cántabru su población cántabra, esta ha sido anulada culturalmente hasta unas situaciones y parámetros que son difíciles de poder catalogar

Lo verdaderamente paradógico y circunstancial del caso (y de la situación) es que siendo en el País Cántabru su población cántabra, esta ha sido anulada culturalmente hasta unas situaciones y parámetros que son difíciles de poder catalogar y entender; encontrándose por lo tanto sus habitantes en una situación que bien se podría denominar: de "minoría" respecto a lo que es el poder oficial y/o estatal establecido. Habiendo asumido por lo tanto una parte importante de la ciudadanía (por haber sido esta lobotizada), los postulados "oficiales" de la potencia dominante, que cultural y económicamente ejerce sobre Cantabria su exclusivo poder y dominio sobre una situación que previamente ha sido pactada con estamentos locales vinculados a la oligarquía.

Y es así como a veces sucede que una parte considerable de una masa cretinizada logra desvincularse, o bien ya se desvincula total y completamente de su origen y esencia, para, y con posterioridad, ser con celeridad adecuadamente "encauzada" en y a los postulados del orden imperante que sobre esa masa poblacional el poder establecido ejerce sus voluntades y deseos de continuar con el estado de subordinación y alineación cultural inducida y programada.

Esto sirve, sobre todo, para poder cambiar el pasado, y al tiempo, también moldear el futuro en el mismo lapso de tiempo, en una hábil y estudiada maniobra de pinza temporal que deja empequeñecidas las historias y las secuencias más trepidantes y emocionantes de la, por ejemplo, mal llamada "Guerra Fría".

Apoyándonos en estos y otros postulados, que están verificados y son fácilmente comprobables, el movimiento cantabrista en favor de la lengua puede utilizar estas disposiciones de manera oportuna y adecuada, a fin de poder lograr los objetivos de respeto y salvaguarda de nuestra lengua nacional. Aprobada por la Asamblea General en su resolución 47/135 del 18 de Diciembre de 1992, este documento está considerada como el manuscrito normativo más importante sobre los derechos de las minorías. Y por lo que respecta a nuestra lengua nacional, y sabiéndolos incorporar adecuadamente a nuestro ordenamiento, podemos añadir estos que a continuación son los que más nos podrían interesar.

La declaración establece, además, normas fundamentales para gestionar la diversidad y garantizar la no discriminación de las minorías. Especialmente los artículos 1.1 y 1.2., aunque también el 2.3 y el 5.1.

Tras el preámbulo aparecen los distintos artículos (9 en total), y el primero de ellos (1.1.) dice lo siguiente: "Los Estados protegerán la existencia y la identidad nacional o étnica, cultural, religiosa y lingüística de las minorías dentro de sus territorios respectivos, y fomentarán las condiciones para la promoción de esa identidad". Este mismo artículo, pero ya en su segunda disposición (1.2.) manifiesta: "Los Estados adoptarán medidas apropiadas, legislativas y de otro tipo, para lograr esos objetivos".

El 2.3. Afirma: "Las personas pertenecientes a minorías tendrán el derecho de participar efectivamente en las decisiones que se adopten a nivel nacional y, cuando proceda, a nivel regional respecto de la minoría a la que pertenezcan o de las regiones en que vivan; de toda manera que no sea incompatible con la legislación nacional".

El 5.1. Recuerda: "Las políticas y programas nacionales se planificarán y ejecutarán teniendo debidamente en cuenta los intereses legítimos de las personas pertenecientes a minorías".

El texto completo aquí:

https://www.ohchr.org/sp/professionalinterest/pages/minorities.aspx

La especificación de odio lingüístico no es nueva, y de hecho, se manifiesta de una manera permanente y constante

La especificación de odio lingüístico no es nueva, y de hecho, se manifiesta de una manera permanente y constante desde hace aproximadamente tres siglos, cuando el Estado español comenzara a imponer en el País Cántabru todos los días (y de una manera recurrente y constante) su norma y fundamento, actitud y estrategia de sustitución de una lengua cántabra por otra; que en este caso es el castellano.

De hecho, ha sido desde entonces una de sus principales armas y bazas a la hora de aplicar su visión uniformista y esclavizante, sobre una sociedad que antaño (principios del siglo XX) hablaba mayoritariamente cántabru, y que ahora, el Estado (que cuenta con todas las herramientas educativas para imponer su norma) en una hábil y perversa política de aculturización perfectamente programada y diseñada (y cambiando las tornas); "lanza el discurso" de que las personas intolerantes y atrasadas son aquellas que no hablan castellano... y por ende: "no se pliegan a la norma común".

Es tal su perversión inmoral y degradante, que incluso se atreven a lanzar de vez en cuando en los medios controlados, disimulados y camuflados mensajes en campañas rebuscadas del estilo: "riesgo para la seguridad y la convivencia ciudadana". "Campañas de sensibilización" (las denominan), pero que luego tienen sus nefastos efectos múltiples en diversas formas y situaciones del estilo: acoso verbal, pintadas ofensivas, amenazas, daños a la propiedad, insultos, etc. No respetándose, por ejemplo, ni la edad, ni el sexo, ni la discapacidad funcional, o simplemente, el ambiente social y laboral de la persona que es vilipendiada o ridiculizada por hablar cántabru.

Ante esta nueva y renovada amenaza de sustitución cultural y lingüística de un pueblo sobre el otro, solo cabe que desde el conjunto asociativo y cantabrista se ofrezcan respuestas y soluciones rápidas y efectivas, contundentes y eficaces; respondiendo así y de manera profesional y rápida, a todas y cuantas denuncias sobre prejuicios motivados en el odio y la discriminación lingüística se puedan dar y producir, percibir y sentir.

Por lo tanto, sería una buena idea el que se pudieran habilitar despachos y asociaciones que traten esta realidad y lacra, prestando para ello a la víctima o las víctimas, toda la información que los servicios en ese momento puedan estar a la disposición de las personas o los colectivos afectados.

No permitamos que los delitos de odio motivados por la cuestión lingüística en defensa de nuestra legítima lengua cántabra sean por más tiempo mancillados y manipulados, pues sabemos que causan serios daños (tanto físicos, como emocionales a sus víctimas), dejando a menudo en ellos y en su grupo de pertenencia, sentimientos de vulnerabilidad al sentirse amenazados y desamparados, en soledad y desprotegidos.

A todo esto se añade el hecho de que muchas víctimas no denuncian estos hechos ante los organismos competentes. Sin embargo, para poder corregir y solventar esta situación de indefensión y acoso, es necesario alzar la voz de una manera clara y efectiva, de denuncia de unos hechos que ayuden a identificar a los autores; a fin de así contribuir en la defensa de una sociedad más justa y segura para todos.

Conduccionismo, exclusión y delitos de odio lingüístico
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