martes. 23.04.2024

Autarquía lingüística cántabra

Cuando hablamos de autarquía enseguida nos viene a la memoria el concepto o el paradigma económico como motivo más referencial de una situación y/o un encaje. Sin embargo, este término también se puede aplicar a nuestra lengua cántabra

Si fuera necesario, y hubiera de llegar al caso, no habría que tener ningún miedo de emprender decididamente el camino que nos conduzca hacia la autarquía lingüística cántabra. Circunstancia esta que se ha de dar y de producir cuando a un pueblo se le niegan continuamente y sistemáticamente los derechos de poderse expresar y vivir en cántabru su existencia y realidad más inmediata y cercana.

Esto no quiere decir que no se siga y no se progrese con entusiasmo y decisión en todos los frentes posibles y necesarios en favor del cántabru: sociedad civil en su más amplio sentido y expresión del término. Simplemente con estas acciones y avisos, requerimientos y puestas en escena se quiere poner en marcha (de manera real y práctica) el deseo de emplear una más de las muchas estrategias posibles que hagan posible el ejercer la presión necesaria que posibilite el que nuestra lengua opte por tener más repercusión mediática y de atención real en todos los escenarios posibles y viables.

La autarquía lingüística sería el ideal de una sociedad capacitada para autosostener sus propias necesidades sin por ello tener que contar con la presencia omnipresente de una estructura de Estado

Y para que esta realidad sea palpable y reconocible no estaría de más el que se creara algún símbolo representativo y casual, a fin de que así la persona o las personas identificadas con este ideal pudieran llevar de la manera que fuera más visible y palpable esta nueva identificación: bien en la ropa, en el coche, en la bicicleta, en la fachada de una casa, etc.

Por lo tanto una manera más de dar continuidad y relevancia a los diferentes colectivos que en el País Cántabru abogan por la extensión y por la difusión del cántabru dentro de los parámetros de la lucha ácrata, soberanista, anarquista, y/o autónoma, bien podría ser el identificar esta muestra de rebeldía, consciencia, empeño y voluntad con la difusión de un emblema, símbolo, insignia o distintivo que les pudiera representar a todas ellas.

La que aparece a continuación hace referencia a tales intenciones y deseos, y aunque estos símbolos no son, ni tampoco tienen porque ser oficiales, sí que por el contrario se aceptan gracias a la costumbre y a la popularidad. Pues si en el común y en el aceptado imaginario del estampado los colores de las banderas tienen su alcance, su razón y también sus motivos (aunque no siempre sea una “ciencia exacta”), así como los valores que representan, en el caso que nos ocupa esto no iba a ser mucho menos; y así vemos que tanto el azul como el negro poseen y atesoran su propio y específico significado y distinción.

El azul habitualmente simboliza de verdad, la lealtad, la perseverancia, la libertad y la justicia.

El negro habitualmente representa la resistencia, la permanencia, la tierra fértil, el luto, la victoria sobre los enemigos, y hasta la lucha sin cuartel, aunque también la vida y la pureza del ideal ácrata. Y por antonomasia, e igualmente, el internacionalismo, aunque también la denegación a todas aquellas ideologías, principios, cultos y tradiciones que pretendan esclavizar al ser humano mediante el uso de sus símbolos.

Por último, y en un intento por resumir y concretar a su máxima expresión esta posición y este posicionamiento en favor del cántabru, qué mejor que hacerlo también con las siglas que quizá más adecuadamente pueden recoger esta forma de actuar y de pensar. Por ejemplo, con las sigas AA, que harían referencia a “anarcolingüismu ácrata” (anarcolingüismo ácrata).

La autarquía es la capacidad de autoadministrarse o de autogobernarse, pero conforme a estatutos orgánicos provenientes de un poder superior

Y es que cuando hablamos de autarquía enseguida nos viene a la memoria el concepto o el paradigma económico como motivo más referencial de una situación y/o un encaje. Sin embargo, este término (que comúnmente es usado en la economía, y que indica la condición de las personas, lugares, mecanismos, sociedades, sistemas industriales o naciones que luchan por su autoabastecimiento o que rechazan toda ayuda externa) también se puede aplicar a nuestra lengua cántabra cuando un Estado, un Gobierno local, o bien una Institución pretende negar una realidad y una evidencia que sistemáticamente es anulada, acallada, o también secuestrada de una manera consciente y siempre recurrente.

Por resumirlo podríamos decir que la autarquía lingüística (aplicada esta al plano político) sería el ideal de una sociedad capacitada para autosostener sus propias necesidades sin por ello tener que contar con la presencia omnipresente de una estructura de Estado o entidad de regulación para los individuos. Por ejemplo, un Gobierno local que se niegue a reconocer la existencia y la protección de su patrimonio lingüístico.

En la Antigua Grecia varias corrientes filosóficas vieron en la autarquía un ideal de vida. Para las escuelas cínica, estoica, epicúrea y cirenaica, la autarquía es la situación propia del sabio, que se basta a sí mismo para ser feliz, pues no necesita para ello otra cosa más que el ejercicio de la virtud. En este sentido es la independencia del sabio, junto a la autonomía (libertad) y a la ataraxia (imperturbabilidad), quienes entre otras cosas y cualidades configuran las características ideales más sobresalientes del sabio.

Sabio porque lo que debe y se supone que tiene que hacer de “sabio” (el Estado, o el Gobierno local de turno), ningunea y engaña repetidamente (y con sórdida desvergüenza, atrevimiento, insolencia y desfachatez), y vergonzosamente, los derechos naturales y lógicos de un pueblo que sufre represión lingüística y anulación cultural premeditada; por precisamente ese mismo “sabio” en el cual sus conciudadanos depositan su confianza para que luego les proteja y les represente.

Si esto no se da, o si bien esta situación de abuso y de prepotencia no se corrige, entonces surge necesariamente la pregunta: ¿Qué obligaciones deben de seguir o bien hacer cumplir esos ciudadanos administrados por parte de ese Estado o Gobierno local, que de una manera sistemática y recurrente anula continuamente (y de forma recurrente) sus derechos de poderse expresar en su lengua original y propia?

En el derecho administrativo la autarquía es la forma de descentralización administrativa que permite el Gobierno por sí mismo en lo administrativo, en la personalidad jurídica, y también en el patrimonio propio, y, además, permite y sostiene igualmente una finalidad pública en sus funciones.

Según el derecho constitucional, la autarquía es la capacidad de autoadministrarse o de autogobernarse, pero conforme a estatutos orgánicos provenientes de un poder superior. Los conceptos de autonomía y de autarquía (para adquirir precisión) deben de estar necesariamente referidos a un sistema jurídico-político determinado, ya que existen diferencias importantes en los matices que siempre es necesario aclarar y cualificar, explicar y cuantificar.

Y es que si nos vamos a los matices, o bien a las concreciones, en este trabajo exponemos y lanzamos a todos los vientos de nuestra geografía el término de “autarquía lingüística cántabra”, como propio o referido a que las personas autárquicas no obedecerán otras leyes que no sean las que emanen directamente de sus derechos a poderse gobernar o regir mediante el libre uso y promoción para su vida del cántabru, en cuantos requerimientos personales y comunes, solicitudes con la Administración, demandas, avisos, exhortos, etc. se den en el ámbito de la natural comunicación y exposición de pareceres, opiniones y asuntos que tienen que ver con lo humano y con lo social propio y característico de la comunicación entre iguales.

Autarquía lingüística cántabra
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