martes. 23.04.2024

Alma y belleza, concordia y armonía

Cuando el alma está en equilibrio y en armonía, la persona se siente en paz y puede, en consecuencia, desarrollarse como ser con su trabajo, sus amigos, su familia, sus viajes, o, simplemente, con el conocimiento que va adquiriendo

En algún artículo nos hemos referido al alma, y en este nos referiremos (junto a también el alma) a la belleza, la cual es consustancial a la lengua. Y es que el alma es el más complejo de todos los conceptos que el ser humano se afana por entender y comprender. De hecho, ya lo dijo Aristóteles en el año 350 a.C. cuando afirmó que: “obtener un conocimiento certero sobre el alma es una de las cosas más difíciles del mundo”.

Unas líneas antes afirmaba que: “El conocimiento del alma contribuye en gran medida al avance de la verdad y, sobre todo, a nuestra comprensión de la naturaleza, porque el alma es, en algún sentido, el principio de la vida animal”. De hecho, el filósofo griego comienza su “Acerca del alma” loando la sabiduría y subrayando que hay un tipo de conocimiento “de mayor dignidad y maravilla, más honorable y precioso que otro”. Se refiere al estudio del alma, que “deberíamos, naturalmente, colocar en el primer lugar”.

Esa disonancia contraria a la armonía y a la concordia es la que finalmente nos incapacita y nos impide desarrollarnos como seres sintientes

Cuando el alma está en equilibrio y en armonía (integrada en el entorno), la persona se siente en paz y puede, en consecuencia, desarrollarse como ser con su trabajo, sus amigos, su familia, sus viajes, o, simplemente, con el conocimiento que va adquiriendo de una manera progresiva a través de los sucesos que le presenta la vida. Pero, si por el contrario, el entorno se vuelve hostil (porque ya no puede usar su lengua, por ejemplo), y en consecuencia este no cesa en la instigación, en los ataques o en las ofensas (siendo o no consciente de ello), su alma inmediatamente es “cazada” por la confusión y el desconcierto, con lo cual esta termina finalmente por distorsionarse, para al final enfermarse, entristecerse y finalmente desconsolarse.

Esa disonancia contraria a la armonía y a la concordia es la que finalmente nos incapacita y nos impide desarrollarnos como seres sintientes, pues la manera que tenemos de expresarnos y de comunicarnos ha sido ahora readaptada hacia una nueva realidad dirigida (y ya estructurada) que condicionará para siempre y por siempre (si no lo evitamos) nuestra alma y nuestro sentimiento hacia un nuevo “programa” por medio de una nueva lengua que no es la nuestra, y que en este caso se llama “castellana”.

La tristeza, la fealdad, la amoralidad… y la subyugación del psico entorno construido artificialmente a través de una lengua sin alma es lo que mantendrá a partir de ahora perturbada y atrapada nuestra nueva realidad. Por lo tanto, es en estos nuevos campos de la aplicación de las nuevas etapas de la manipulación en donde los tergiversadores encontrarán e intensificarán mejor su ofensiva hacia la creación de seres sin alma, al no poseer ya estos una lengua originaria en la que poder expresar toda una serie de conceptos y sintonías, patrones y vivencias.

La Agenda 2030 nos lleva, precisamente, y de hecho, hacia esos nuevos escenarios y esas desconocidas realidades en donde solo sea posible el que nos podamos comunicar en una, o en quizá unas pocas y únicas lenguas establecidas, y ya previamente programadas por los nuevos amos y/o “directores de orquesta” ejecutores de la verdad y de la única razón incontestable y siempre irrebatible.

Y lo peor de todo es que lo harán (y lo hacen) ya de una manera descarada, y también de una forma silente y sibilina, presentándolo ello siempre como “un acto de libertad y de concordia”, cuando en realidad lo que están haciendo es desposeer a la humanidad de belleza y de sintonía, de gracia y de magnificencia.

Alma y belleza, concordia y armonía
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