sábado. 25.05.2024

Destrucción en la presa de Riocorto. Una más…

Ahora sería de gran importancia reconocer el nuevo error cometido en Riocorto y aplicar en lo sucesivo, lo que parece obvio: estudiar las obras antes de ejecutarlas y poner los elementos a transformar en su justo valor.

El goteo sistemático de la pérdida de nuestro patrimonio es un hecho. Ahora tenemos que lamentar la demolición parcial de uno de los mayores exponentes de las infraestructuras hidráulicas de la provincia: la presa de Riocorto.  Ésta elevaba las aguas del río Clarón —o Clarión— en el lugar del mismo nombre del pueblo de San Mamés de Aras, perteneciente al término municipal de Voto. La presa levantaba la lámina de agua desde el siglo XVI para sostener la producción de la ferrería que surtía de hierro a los altos hornos de Liérganes y La Cavada, además de a otros destinos desde los embarques de los pataches que fondeaban en la ría de Rada. Fue propiedad de la familia Ruiz de la Escalera, quien la mantuvo en activo a lo largo de varias generaciones.  Si bien, el modelo constructivo que ha llegado hasta hoy, es el que se popularizó siguiendo las normas constructivas que dictó Pedro Bernardo Villarreal de Bérriz (1669-1740). Aunque este ilustrado no las inventase, las innovó    y ello quedó reflejado en su obra escrita Máquinas hidráulicas de molinos y herrerías y govierno de los árboles y montes de Vizcaya.  Es la primera obra escrita en castellano en la que se dan las reglas prácticas y constructivas y se establecen las dimensiones para su diseño. Este ingenio hidráulico, además de la malograda presa, conserva un largo canal con parte de sus compuertas y el edificio de la ferrería, aguas abajo en la margen izquierda del río.

La ejecución de tal barrabasada la ha coordinado la Confederación Hidrográfica del Cantábrico como resultado de la aplicación del gasto de unos fondos europeos que pretenden dotar de la permeabilidad de nuestros ríos, mediante destrucciones sistemáticas de azudes y presas para que los peces los remonten. Se da la particularidad de que esta presa de Riocorto no precisaba de actuación alguna para tal fin, ya que las aguas del propio río se habían encargado de excavar un estrecho cauce entre el estribo derecho y la propia margen del río, con lo que el remonte de los peces era totalmente funcional.

Este mismo organismo encargó un informe arqueológico, con motivo de las obras de defensa y la canalización de las márgenes del río Vallino, en Ampuero. De las prospecciones surgieron las bases excavadas sobre roca de una presa asociada a una ferrería, de las mismas características constructivas de las de Villarreal de Bérriz, cuyos elementos consisten en arcos escarzanos en planta reforzados con contrafuertes. De este hallazgo y de los hechos que resumo a continuación no ha debido aprender nada.  En el barrio Calgar de Liérganes se produjo años antes la destrucción de uno de los elementos más singulares de este tipo de presas, como fue la obra de toma en sillería de la presa de Regolgo y su canal de servicio al molino. La actuación se enmarcó dentro de la misma política de abrir azudes y presas en los ríos para que los peces puedan remontar sus aguas. Allí, en Regolgo se construyó una escala orientada fundamentalmente para que la remontasen los salmones y donde el año pasado solo se han contabilizado nueve ejemplares. Es sabido que el río Miera, en donde se sitúa la presa, nunca ha sido un río salmonero. Poco después el mismo contratista de obras ejecutó en el mismo río otras dos escalas para los peces, de un valor constructivo muy inferior, esta vez bajo las órdenes de la Fundación Naturaleza y Hombre: una en la presa del Arral,  en donde se podría haber aprovechado los perjuicios ecológicos del trasiego de la maquinaria pesada sobre el cauce, para consolidar el paulatino desplome que sufre este bello dique en su margen derecha; la otra se compone de un par de pequeñas artesas escalonadas, en la margen izquierda del río —curiosamente se conserva, al otro lado del río, una escala de peces que mandó ejecutar la propia Confederación y que nunca ha llegado a funcionar, por colocarse en el lugar equivocado—. Las obras se han llevado a cabo en un pueblo como Liérganes, cuyo activo económico principal es el turismo. Tengo referencias verbales de la destrucción de varios bellos azudes en distintos lugares de la provincia y de cuyos hechos muestran los informantes una clara indignación.

Ahora sería de gran importancia reconocer el nuevo error cometido en Riocorto y aplicar en lo sucesivo, lo que parece obvio: estudiar las obras antes de ejecutarlas y poner los elementos a transformar en su justo valor. También lo sería paliar la catástrofe perpetrada. Para ello habría que esclarecer los hechos e indicar qué ha sucedido con los sillares que se han derribado y cuál ha sido su destino, exigiendo las oportunas responsabilidades de haberse actuado acaso ilegalmente. Tendríamos también que demandar como sociedad que respeta su propio patrimonio, la exigencia de restaurar el arco escarzano destruido. No sería preciso hacerlo del mismo modo que lo hicieran los maestros que lo erigieron, no tendría mucho sentido; bastaría con erigir el cuerpo principal de la presa con hormigón y forrarlo con losetas similares a los sillares derribados aguas abajo del ingenio y con los finos acabados de la parte de aguas arriba. Como broche añadido se debiera realizar la limpieza del largo canal que conduce a la ferrería y valorar la adquisición de la fábrica.

Las administraciones justifican la ejecución de estos desmanes amparándose en que las autoridades del Patrimonio y de la Cultura del Gobierno de Cantabria no consideran estos elementos como activos patrimoniales de primer orden y por lo tanto no los tienen catalogados con las adecuadas figuras de protección. Está este departamento, el de la cultura y el del patrimonio, ínfimamente dotado del personal adecuado para que se pudieran hacer prospecciones sistemáticas por toda la región, en orden a que estos sucesos no se perpetúen. Por el contrario, persisten en estos departamentos cuadros de personal ingobernable, que vive de la placidez en las oficinas de sus cementerios de dinosaurios.

Tres presas de estas características, tres, permanecen en Cantabria, o al menos sus restos. En dos de ellas la Confederación ha actuado con una desmedida ignorancia y sin ningún propósito de aprender de su experiencia. En nuestro vecino País Vasco, varios de estos ingenios hidráulicos con arcos escarzanos y contrafuertes tienen una mayor consideración patrimonial y por lo tanto se les confiere una mayor importancia protección.

Los ingenios hidráulicos en Cantabria fueron otrora un potente sector industrial. No solo debemos velar por los que tienen una importancia histórica indudable, dados su antigüedad y sus valores arquitectónicos. Desde un punto de vista práctico y económico, y como no cultural, debiéramos proteger todos aquellos que conserven sus infraestructuras, tales como azudes, molinos y sus canales de derivación asociados, cuya funcionalidad se pueda reanudar mediante asequibles obras. En estos tiempos en los que damos tanta importancia a las energías renovables, supone un derroche de recursos que se podrían poner al servicio de la sociedad.

 

 

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