domingo 26/9/21

¿Y ahora qué?

Es hora de afrontar el “asunto catalán” con altura de miras, como lo que le correspondería a un Estado responsable, alejándose de los fines electoralistas que unos y otros han esgrimido. Probablemente, pasa por plantear un referéndum.

Las elecciones catalanas del pasado domingo han generado probablemente más incertidumbres que certezas. Pero una cosa ha quedado clara: existe casi un 48% de los catalanes que desean la independencia. Hasta el pasado domingo no había habido una consulta al respecto, pero dado el carácter plebiscitario que el bloque independentista ha querido dar a estas elecciones autonómicas, y después de la masiva movilización del domingo, se puede afirmar que en Cataluña hay una parte, casi la mitad, de su población con una clara voluntad de independizarse de España.

La participación el pasado domingo, superado el 77%, ha desmontado la creencia de que a mayor participación peor resultado iba a obtener la opción independentista. Hemos descubierto que “esos que se quedan en casa”, a los que se ha referido en repetidas ocasiones por motivo de las Díadas o de otras elecciones el Partido Popular, son igual de independentistas o unionistas que el resto que sí que votaba, es decir, la afluencia masiva de la ciudadanía no ha alterado en demasía los porcentajes de voto de los partidos, si acaso, los del PP, a los que ha relegado a un papel irrelevante en la política autonómica catalana.

Es momento ahora de reconocer este hecho y plantear la cuestión abiertamente. ¿Qué hacemos con este tema?. Bajar la cabeza y hundirla en la tierra, cual avestruz, como ha hecho Mariano Rajoy no arreglará nada. Es más, ese inmovilismo, aderezado con una campaña del miedo y acompañado por la salida forzosa independentista de Mas y de una Convergència, acosada por sus casos de corrupción, ha generado la “tormenta perfecta” para el independentismo catalán. A un paso ha estado, solo un 2%, de ganar las elecciones en términos plebiscitarios.

Por ello, es hora de afrontar el “asunto catalán” con altura de miras, como lo que le correspondería a un Estado responsable, alejándose de los fines electoralistas que unos y otros han esgrimido. Probablemente, pasa por plantear un referéndum. Un referéndum, que como en Escocia, sea generacional, que no pueda repetirse hasta pasados quizá 25 años, que deje atrás al menos temporalmente el “monotema”. Debatir públicamente las consecuencias reales y concretas que una y otra opción plantean. No veo más opciones.

Si la vía por la que se opta desde el Gobierno de España es recurrir al Tribunal Constitucional, aplicar el Art.55 de suspensión de la autonomía o continuar negando la posibilidad de un diálogo, el efecto como hemos visto no será otro que seguir polarizando la sociedad catalana. Ayer el mismo Artur Mas obvió hablar de independencia y sólo hizo mención a que se iniciaba un nuevo proceso de diálogo con España, la UE y el mundo. Un mensaje muy distinto al esgrimido a lo largo de toda la campaña.

Muchas otras incertidumbres se abren en el corto plazo. ¿Asistiremos a algún paso de esa Hoja de Ruta de 18 meses que Junts pel Sí había esbozado o por el contrario nada pasará hasta la celebración de elecciones generales en España? ¿Apoyarán las CUP un Gobierno con Mas al frente o provocarán que sea sustituido por otro miembro de la lista de Junts pel Sí?. Recordemos que las CUP afirmaron que se abstendrían en segunda vuelta en una hipotética votación para investidura de Artur Mas, y que en este nuevo escenario necesitan que las CUP voten a favor de la investidura de cualquier candidato que se proponga.

También incertidumbres para las generales. ¿Seguirán considerando a Rajoy dentro del Partido Popular el mejor candidato posible?. Las elecciones catalanas dejan al PP en una situación delicada, con un porcentaje de apoyo ridículo para un partido que aspira a gobernar, pero quizá los estrategas del PP piensen que por cada voto que pierden en Cataluña ganan dos en el resto de España. Veremos qué consecuencias reales en los votantes tiene la polarización política en torno al tema catalán. 

El PSOE no tiene una situación mejor en Cataluña, tradicional feudo socialista y clave siempre para ganar las elecciones generales. Nunca ha ganado unas elecciones a la Moncloa teniendo porcentajes tan bajos en las autonómicas. No obstante, mantenerse como primera fuerza de la izquierda ha sido un logro del que parece que Miquel Iceta, bien sea por su discurso normalizador o por sus bailes, ha sido responsable. Veremos si Pedro Sánchez adopta ese discurso como propio aunque vistas sus palabras ayer, está pensando más en su electorado fuera de Cataluña que en el de dentro. 

Por último, la gran disyuntiva que se les presenta a Podemos pero también a Izquierda Unida. “Catalunya si que es pot” ha obtenido peores resultados que ICV en las anteriores elecciones. No sabemos si esto hará replantearse a ambas formaciones la conveniencia de acudir en una coalición en las generales.

La respuesta a todo esto, en unas semanas, o no.

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