jueves 2/12/21

Arre borriquito, arre burro arre

Demasiadas cosas que corregir, difíciles soluciones y un auténtico papelón para el que venga.

El próximo día 20 de diciembre con villancicos de fondo estaremos votando en unas elecciones generales que se presentan con muchas incertidumbres: ¿Será el fin del bipartidismo tal y como lo hemos conocido hasta ahora? ¿Volverá a votar la ciudadanía como hooligans futboleros? Es decir, como seguidores incondicionales de sus equipos “manque pierdan” o “manque roben”. Espero que al menos, sean conscientes del legado de Rajoy. Esa política basada en la inacción y el dejar pasar las cosas, lo que deberíamos llamar la “no política”.  En cualquier caso, el legado de la política realizada (o no realizada más bien) deja unos cuantos “marrones” a quién le suceda:

El alto desempleo. A pesar de tenerlo como bandera, el gobierno del PP se ha mostrado incapaz a la hora de generar empleo. La tasa de desempleo hoy, 22,4%, apenas mejora en tres décimas la que existía hace cuatro años. Lo que es peor, hoy tenemos 287.000 trabajadores menos que cuando el Partido Popular llegó al poder. Nefasta noticia para la financiación de nuestro sistema de pensiones, entre otras cosas. Pero nada que nos sorprenda, en estos cuatro años no se le ha conocido plan alguno para la regeneración del empleo, ni para la transformación de un sistema productivo obsoleto y de escaso valor añadido, ni ninguna reforma de calado que haya beneficiado a la competitividad del país (salvo la consabida disminución de los salarios) y mucho menos el impulso de una economía basada en el conocimiento (al contrario, ya que el recorte a la I+D+i ha sido salvaje). Nadie espera, por ejemplo, una reforma del oligopolístico sector energético de aquí a fin de legislatura.

Una importante deuda pública gracias, entre otras, cosas al rescate a la banca. No dudaron, por el contrario, en apoyar un rescate financiero a los bancos, que no olvidemos estaban en gran medida gestionados por Consejos de Administración de designación política. Las cifras oscilan entre los 61.000 millones de euros presentados por el Gobierno, que sólo contabiliza la compra de activos a la banca y los algo más de 100.000 millones, que afirma el Tribunal de Cuentas que incluye también los avales concedidos a los bancos. Según fuentes, la cifra podría ascender a 220.000 millones. En cualquier caso, la UE ya reconoce que 50.000 millones de la ayuda concedida no se recuperarán y ha obligado al Estado español a contabilizarlos ya como deuda pública. No se espera que se recuperen más que en torno a 5.000 millones. Quién suceda a Rajoy deberá de asumir un país con la deuda pública más alta de su historia contemporánea, 22.659 € por barba, que se dice pronto.

Una Ley de la educación que nadie quiere, que cuenta con la oposición de todos los partidos políticos, de todos los sectores profesionales y de las asociaciones estudiantiles y de padres y madres y que será reformada en cuanto haya un cambio de gobierno. Es triste que no sólo se opusieran en el último momento a la reforma planteada por Ángel Gabilondo, que contaba con el apoyo de toda la comunidad educativa, sino que desarrollaran una ley sin consenso y haciendo valer su mayoría en el Congreso.

La confrontación como política frente al soberanismo catalán. La incapacidad de ofrecer vías de diálogo, posibles vías de escape dignas a unos partidos que se han creído sólo hace muy poco que la independencia de Cataluña es posible y la cerrazón a plantear ningún tipo de consulta, como sí hizo su colega Cameron en Escocia, han hecho que el catalanismo descarte la vía de seguir en España como posible. Resolver la encrucijada catalana va a ser uno de los otros legados estrella al siguiente gobierno, un marrón en toda regla, con una respuesta que difícilmente contentará a todos.

Una política exterior nula, que nos ha llevado a la irrelevancia a nivel internacional. España, que ha sido tradicionalmente un actor fundamental de la UE en sus relaciones con Latinoamérica y Oriente Medio, ya no es considerado como un actor estratégico a la hora de desarrollar iniciativas políticas internacionales. La actuación contradictoria en temas como las cuotas de refugiados ha sido patética. La ausencia de presencia española en la normalización de las relaciones con Cuba un error diplomático y comercial de bulto.  El no saber gestionar a tiempo la nacionalización de Repsol en Bolivia e YPF en Argentina una muestra de incapacidad y de la irrelevancia de la influencia política de España en países tradicionalmente próximos. Incluso este gobierno se ha permitido el lujo de enemistarse con Venezuela, país estratégico en el suministro de petróleo, por un uso partidista de las relaciones de Estado. Lejos queda cualquier tipo de iniciativa internacional propia.

En fin, demasiadas cosas que corregir, difíciles soluciones y un auténtico papelón para el que venga. Olviden por favor sus preferencias futbolísticas antes de votar. Gracias

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