domingo 26/9/21

¿Alguien quiere ganar las elecciones?

En una semana en la que lo mejor era haberse metido en la cama y dejar que metieran la pata otros, todos los partidos políticos se han empeñado en reclamar la atención mediática, pero para mal.

Es complicado ver en una sola semana semejante cúmulo de despropósitos políticos. En una semana en la que lo mejor era haberse metido en la cama y dejar que metieran la pata otros, todos se han empeñado en reclamar la atención mediática, pero para mal. A veces da la impresión de que hay algunos partidos empeñados en perder las elecciones.

Esta semana hemos visto como el cada vez más ingobernable y menos gobernado barco del Partido Popular hacía aguas por varios costados. Con el caso Rato en permanente portada desde hace unas semanas, tuvieron que afrontar la dimisión de su Presidenta en el País Vasco, Arantza Quiroga. Quiroga, en un loable intento por abrir la posición de los populares respecto a la normalización política y social en esta comunidad y liderar una iniciativa que promovía la creación de una Comisión por la libertad y la convivencia que incluía a todos los partidos, se ha visto atrapada por la propia estrategia política popular que desde hace años se resume en una palabra: confrontación. Parece que los estrategas de la calle Génova todavía piensan que se le puede sacar algo de rédito a ETA aunque sea a costa del suicidio popular en el País Vasco. La irrelevancia del PP en el País Vasco y en Cataluña en las próximas elecciones puede ser de magnitudes históricas.

Mientras que en una operación de cirugía express el Ministro de Sanidad Alfonso Alonso asumía el liderazgo del PP vasco, con cara de circunstancias puesto que sabe que lo que tiene entre manos es un partido en un callejón sin salida, el también Ministro Cristóbal Montoro se dedicó a rajar de sus compañeros, en especial de los Ministros De Guindos y García Margallo, haciendo patente la nula cohesión del actual Gobierno, lo contrario a lo que ha esgrimido históricamente el Partido Popular. Para más inri, la diputada Cayetana Álvarez de Toledo, anuncia que no concurrirá de nuevo en las listas populares y lo anuncia con una crítica muy severa al Gobierno de Rajoy, de quien dice que “no encuentra argumentos para defender su gestión”. Ahora más que nunca el PP parece la Bounty sin capitán y con piratas amotinados como tripulación.

El PSOE podía haberse quedado quietecito viendo desde el sofá cómo el PP se despellejaba vivo, pero no, mientras todo esto pasaba en el PP, el PSOE presentaba su propuesta de reforma laboral. Después de proclamar a los cuatro vientos durante los últimos tres años que lo primero que iba a hacer era “tumbar” la reforma del PP, esta semana Pedro Sánchez se desmarca de ello y decide dejar casi todo como está y la única medida con la que aborda el problema de la precarización del empleo es con un plan de aumento progresivo del salario mínimo interprofesional, pero lo hace con un horizonte que va ¡hasta 2023! Casi nada: dos legislaturas. Propuesta que ha pasado de puntillas y de la que sólo ha quedado claro que el PSOE no tocará la indemnización por despido rebajada por el PP, “es irreal recuperar los 45 días de indemnización”, ha declarado.

No tenían bastante los posibles votantes socialistas, a los que cada vez les dan menos motivos para creer que el PSOE defenderá alguna vez de nuevo los derechos que con tanto esfuerzo se consiguieron, como para encima ver cómo Pedro Sánchez aplica su particular concepción de regeneración democrática y coloca a Irene Lozano, que el día anterior estaba en el Congreso como diputada de UPyD, nada más y nada menos que como número 4 por Madrid. No sólo eso, sino que la aupó como aspirante a ministra. Particularmente no tengo nada en contra de la labor como parlamentaria de Irene Lozano, pero no me gustan estos personajes con facilidad para decir “donde dije digo, digo Diego”. Después de que Lozano dijera no hace tanto que el PSOE estaba “lleno de gentuza”, no era de extrañar que en las bases socialistas haya escocido la decisión, malestar al que rápido se sumaron Susana Díaz, cada vez más distanciada si cabe de Pedro Sánchez y Fernández Vara, presidente extremeño, entre otros. A pesar de lo fácil que se lo ha puesto el PP, el PSOE parece que se ha puesto el reto de no ganar estas elecciones. Y no las va a ganar, me aventuro a decir que cada vez están más lejos de ello.

Por otros lados las turbulencias parecen afectar también. Izquierda Unida con Garzón a la cabeza, que desdeñaba las palabras de Pablo Iglesias de tomar el cielo por asalto, ha tomado por asalto Ahora en Común, buscando una nueva marca bajo la que presentarse que les salve del bofetón que se llevarán en las generales y de paso, desvirtuando completamente esta iniciativa y “expulsando” de ella a todos aquellos que creían de verdad en una confluencia popular al estilo Ahora Madrid. Hablando de movimientos municipalistas, Barcelona en Comú da un paso más allá y decide presentarse a las generales. Creo que al contrario de lo que se ha publicado, es la mejor noticia que le ha podido pasar a Podemos en Cataluña, justo ahora que un tercio de su Consejo Ciudadano Autonómico ha dimitido. Esperemos que Iglesias y Colau encuentren la fórmula para que en Cataluña se presenten bajo una marca, lo contrario sería un revés importante para Podemos.

Para finalizar tuvimos ayer un interesante cara a cara de Pablo Iglesias y Albert Rivera en Salvados. Sin hacer el clásico juicio de quién resultó vencedor, creo que los vencedores resultamos ser los ciudadanos, que vimos un debate sin preguntas preparadas, fresco, sin pactos para evitar temas, sin condiciones. Quizás es la primera vez que en España dos candidatos a la Presidencia del Gobierno con posibilidades de serlo se exponen sin miedo. Eso sí es regeneración democrática.

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