viernes. 01.03.2024

Las casonas son los edificios más característicos de la arquitectura tradicional montañesa. Una arquitectura que forma parte de los emblemas de Cantabria y cuyas peculiaridades se pueden ver todavía en multitud de edificaciones que recorren la región. La aparición de la mayor parte de ellas se produce durante los siglos XVII y XVIII y todavía perduran, pudiendo muchas de ellas ser contempladas y visitadas. Con anterioridad, en el siglo XVI, ya existían estos edificios montañeses, que destacaban por su componente militar original, pero de los construidos en aquella época el número que persiste es escaso. 

Las casonas montañesas son nobles edificios de planta rectangular, con la fachada principal ya en el lado mayor, el más distinguido compuesto de sillares y presidido por grandes escudos de armas labrados en piedra arenisca que reflejaban el estamento y linaje de su propietario. Se encuentra a medio camino entre la casa tradicional montañesa y los palacios y en ellas se inscribían factores arquitectónicos y funcionales de las diversas comarcas de Cantabria, así como la incorporación de elementos decorativos de las corrientes arquitectónicas predominantes de la época. A diferencia de la casa montañesa, la casona montañesa no se trata de una arquitectura popular, sino de una arquitectura de la nobleza hecha por arquitectos con nombres y apellidos.

Aunque el patrón es similar, existen peculiaridades según las comarcas. En los valles de Cayón y Carriedo la tendencia a solanas sin muros cortafuegos es muy característica, mientras en Trasmiera, pese a que existen muchas casas con solana, el modelo tradicional suele carecer de ella. Por su parte, el clima de Campoo hace que la casa campurriana tienda a cerrar vanos, prescindiendo de la solana y del soportal. Las casonas asoneras destacan por tener planta cuadrada con dos o tres pisos y tejado a cuatro aguas, siendo característicos los balconajes corridos como en Ruesga y Soba. En la comarca de Liébana destacan por una mayor abundancia en la madera, los muros de zarzos, ladrillos e incluso adobes.

ALGUNOS EJEMPLOS

El patrimonio de estilo montañés en Cantabria en incalculable, sus casonas recorren la comunidad de norte a sur y de este a oeste por lo que hacer un repaso de todas ellas resulta imposible. En la comarca de Saja-Nansa existen grandes ejemplos de arquitectura montañesa en pueblos como Ruente, Barcenillas, Lamiña y Ucieda, entre otros.

Uno de ellos es la Casona de Tudanca, fundada por D. Pascual Fernández de Linares, en 1752, un indiano que tras hacer su fortuna en Perú retorna a su pueblo y trata, mediante su edificación, de mostrar su riqueza. La Casona de Cosío y Terán del s. XVIII en Ruente es otra demostración de este rico patrimonio, así como la Casona de las Fraguas, cuya construcción se remonta a finales del siglo XIX y comienzos del XX. En Toñanes se encuentra la Casa-palacio de los Gómez de Carandia, casona de finales del siglo XVII reconstruida en el año 2002.

Las casonas montañesas, símbolo de una arquitectura tradicional que perdura en Cantabria
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