lunes. 04.07.2022

Un joven pasea con su Smartphone por un pueblo de la Cantabria rural y emblemática, de esos con las calles empedradas y las casonas montañesas. Saca fotos y las envía por WhatsApp. Su amigo le está pagando por Bizum el ‘banquete’ que se han dado en aquel rincón de la Cantabria más pura mientras saluda a una vecina que sale, con cartera y móvil en mano, de esos de tapa y teclas grandes, hacia la tienda del pueblo. Dos realidades distintas, pero una de ellas parece no tener demasiada cabida en un mundo que avanza rápido sin mirar atrás. La digitalización ha cambiado las formas de relacionarnos, nuestra vida laboral, social e incluso financiera. “Ir al banco es una odisea, todo son nuevas tecnologías y la atención presencial es cada vez más escasa. La situación nos hace sentir inútiles en algunas ocasiones”. Así se sienten los mayores que tienen la posibilidad de acudir a un banco de vez en cuando, bien porque todavía cuentan con sucursales en sus localidades o porque el transporte público o sus familiares se lo permiten. Esto último será también la única opción que les quede a los habitantes de las localidades cántabras que ahora luchan por mantener con vida la única oficina bancaria que queda en el municipio. El mundo gira, y los bancos se mueven “de espaldas” a nuestros mayores y nuestros pueblos. 

El medio rural está cada vez más afectado por la falta de oficinas bancarias, pero esta problemática se está extendiendo también a núcleos de población más grandes que contaban con una única oficina y que ahora ve peligrar su supervivencia, y por tanto, la capacidad de acceso al dinero en efectivo. “Los bancos dan la espalda a los pueblos y a las personas mayores como yo, se han olvidado de nosotros”, se quejan los afectados. Las entidades financieras excluyen a la población por su lugar de residencia, pero hay un colectivo que queda aún más desamparado ante la oleada de cierres, las personas mayores. Los ancianos encuentran cada vez más barreras para disponer de su dinero y la digitalización de los servicios es una de ellas.

“Algo tiene que cambiar”, apuntan, para evitar que Cantabria se convierta en un desierto financiero. Ya no solo los territorios en riesgo de despoblamiento conviven con este problema desde hace años, sino que los cambios en la banca, las fusiones y pérdida de sucursales está llegando a núcleos más grandes como es el caso de Ajo, donde pelean por que la única sucursal bancaria se mantenga con vida. Una medida que afectará sobre todo a los aproximadamente 600 vecinos de más de 65 años que viven en la capital del municipio de Bareyo, cuya población en 2021 era de 2.129 habitantes.

La banca española cerró una de cada cinco oficinas que tenían en diciembre de 2019

Y es que los datos asustan. La banca española cerró una de cada cinco oficinas que tenían en diciembre de 2019, antes de la irrupción de la pandemia del coronavirus, situando su red en España en su nivel mínimo desde septiembre de 1976. Este recorte de oficinas tiene lugar en un escenario de márgenes bancarios comprimidos por el entorno de tipos de interés negativos y el aumento de la competencia ante la llegada de nuevos operadores tecnológicos. Según los datos recopilados por Europa Press, Banco Santander cerró 992 oficinas en España en 2021, CaixaBank clausuró 943, BBVA cerró 587, Sabadell bajó la persiana a 326 sucursales, Unicaja redujo su red en 156 oficinas, Ibercaja cerró 117 centros y Abanca recortó 18 oficinas. 

De Alfoz de Lloredo a Ajo, el cierre de oficinas bancarias ha echado a la calle a los vecinos de los municipios cántabros afectados antes de que los bancos les echen a ellos de su mapa donde operan con presencia física. Pueblos que no se quieren sumar a los muchos ya abandonados desde hace años tanto por los bancos, como por los servicios públicos, la conectividad a Internet, la comunicación, los centros de salud, el transporte público etc. Ahí los mayores intentan mantenerse al día económicamente “pidiendo favores a los hijos para poder ir a sacar dinero o que nos lo traigan", afirman. Una situación por la que ahora luchan para que no se haga realidad los vecinos de estas localidades.

En su intención de frenar el desmantelamiento de los servicios bancarios en las zonas rurales, el Gobierno de Cantabria ha puesto en marcha la instalación de cajeros automáticos en 39 municipios cántabros en riesgo de despoblamiento. Sin embargo, “la mayoría no sabemos utilizarlos”, afirman. Mayores, sin banco ni acceso directo al dinero. La vida de cada vez más vecinos de los pueblos de Cantabria si la situación no se revierte. 

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