sábado. 01.10.2022

Si hay una novela por antonomasia que representa a Santander esa es, sin lugar a dudas, ‘Sotileza’. Publicada en 1885, describe como ninguna otra la vida de las gentes de la mar, la clase más humilde de la capital cántabra, a mediados del siglo XIX.

Costumbrista por naturaleza, su autor, José María de Pereda nunca olvidó su infancia en ‘la Tierruca’ e intentó, mediante sus obras, homenajear al lugar que le vio nacer, haciendo especial hincapié en el vocabulario utilizado por sus coetáneos. ‘Sotileza’ no solo sería su magnum opus, sino también la obra que le convirtió en profeta en su tierra, que le agradecería su labor rebautizando calles y enclaves con los nombres de la novela. Y justo ese es el tema a desarrollar en este humilde artículo, aquellos lugares mencionados por Pereda que se han convertido en símbolos indiscutibles de ‘la novia del mar’.

Dársena del Barrio Pesquero de Santander
Dársena del Barrio Pesquero de Santander

Es imposible mencionar ‘Sotileza’ y no pensar en el Barrio Pesquero, último asentamiento de las gentes de la mar en los años 50. Oficialmente denominado ‘Poblado Marítimo de Sotileza’, es probablemente la zona de la capital con más homenajes a la novela por metro cuadrado. Desde la calle principal, conocida como la Avenida de Sotileza, hasta el instituto homónimo, pasando por la Plaza de Murgo, uno de los protagonistas de la obra, la Calle Tío Mechelín, segundo padre de acogida de Sotileza y quien la bautiza con el apodo que da nombre a la novela y la Calle Mocejón, la primera familia que se hace cargo de la protagonista.

Faro de Cabo Mayor
Faro de Cabo Mayor

Siguiendo con los homenajes peredianos, la mayor parte se concentran en las zonas costeras de la ciudad, destacando La Maruca, el Muelle-Anaos, las Quebrantas, el Merlón, el Muelluco, la Dársena, el Sardinero, la caleta del Caballo, Cabo Mayor y el Barrio de San Martín, donde se construían y reparaban las barcas y traineras, así como otras embarcaciones menores y cuyos útiles se encuentran representados en las colecciones del Museo Marítimo del Cantábrico. Todos ellos representan algunos de los lugares más destacados de la novela donde tierra y mar se juntan, los raqueros viven y la gente de la mar trabaja.

Puertochico
Puertochico

Justamente los raqueros, niños sin familia y prácticamente asalvajados, son una de las piezas claves de ‘Sotileza’. Sin ir más lejos, Murgo y Silda, los protagonistas de la historia, fueron parte de estos rapaces. Son los representantes de la miseria más absoluta, de la infancia bañada por las aguas de la bahía en busca de monedas lanzadas por las clases adineradas que veían a los pequeños como un divertimento. Desde 1999 cuentan con un monumento en su memoria en Puertochico, otro de los lugares claves de la novela convertido en centro neurálgico de la actividad marinera tras los rellenos realizados desde el Cabildo de Arriba, donde se encontraba en un principio el embarcadero.

Rampa de Sotileza
Rampa de Sotileza

El Cabildo, tanto de Arriba como de Abajo, como eje central y la Calle Alta como enclave general, son los otros lugares sin los cuales sería imposible entender ‘Sotileza’. La calle empieza en el lugar en el que, aproximadamente, y según narra Pereda, estaba la taberna del Tío Sevilla, en la que se reunían los pescadores. Durante la época en la que fue publicada la novela se empezó a ganar terreno a la mar (hasta la actual Plaza de las Estaciones), concretamente entre 1883 y 1887. Ante esta situación, decidieron crear una calle que uniera ambas zonas, la cual pasaría a denominarse ‘Rampa de Sotileza’ escasos dos años después de la publicación de la novela. Actualmente se ha realizado otro homenaje en recuerdo a la novela mediante la instalación de 611 metros de pasajes del texto manuscrito. En esta misma zona se encuentra, además, el archiconocido mural artístico ‘Sotileza’, diseñado por José Ramón Sánchez en la entrada del Parque del Agua, oficialmente denominada como la obra perediana.

Monumento a José María de Pereda
Monumento a José María de Pereda

La influencia tanto de la obra como del autor ha sido tal que la principal vía arterial de Santander lleva su nombre, así como los jardines que diseñados entre Alfonso XIII y el Palacete del Embarcadero, donde se halla una estatua decorada con escenas de sus obras más representativas, sin olvidar el instituto José María de Pereda, en la calle General Dávila, y la sala pequeña del Palacio de Festivales.

José María de Pereda ha pasado a la historia como uno de los grandes autores de la ciudad y, sin duda, la capital cántabra ha sabido corresponder a tanto cariño, una excepción que siempre debería ser norma.

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