miércoles. 30.11.2022
SANIDAD

“La comunidad científica tiene claro que las zoonosis, como la COVID-19, van a volver a ocurrir y en un plazo no demasiado largo”

El presidente de la Sociedad Española de Inmunología, Marcos López Hoyos, opina sobre la actualidad de las epidemias y su futuro.

Marcos López Hoyos
Marcos López Hoyos

El doctor Marcos López Hoyos es el presidente de la Sociedad Española de Inmunología, jefe del Servicio de Inmunología del Hospital Universitario Marqués de Valdecilla de Santander y director científico del Instituto de Investigación IDIVAL. Además, ha sido uno de los expertos que ha formado parte del equipo de investigación de algunas de las vacunas contra el covid-19 y de muchos estudios sobre la pandemia por lo que es uno de los profesionales con más autoridad en la materia. En esta entrevista para el Colegio de Médicos de Cantabria repasa la actualidad de la epidemia que cambió el mundo y aporta previsiones para otras, como la de la gripe, además de opinar acerca de si se debe eliminar la obligatoriedad de las mascarillas y de otros asuntos vinculados a la realidad actual de las pandemias. 

-Comencemos por el Covid. ¿Está controlado y la previsión es que siga estándolo?

El Covid-19 ha venido para quedarse entre nosotros. Afortunadamente la población cántabra y española tiene una elevada tasa de vacunación (>92%) lo que garantiza que tenemos protección inmunitaria frente a sufrir una enfermedad por SARS-CoV-2 grave. Ahora bien, eso no significa que no pasemos la infección de nuevo. Las variantes y los sublinajes, ahora de Omicron, escapan de la neutralización por los anticuerpos generados por las vacunas y por infecciones previas en gran medida. Por ello, no se evita la infección, pero sí la enfermedad grave que generaba cuando no estábamos inmunizados.

La previsión es que la incidencia clínica no sea tan elevada como en olas anteriores. Si nos fijamos en la evolución de las gráficas de la incidencia de infección que ha sido la más alta con Omicron, resulta que la gráfica de ingreso hospitalario y de muertes por COVID ha ido en descenso. Es decir, el mayor pico de infección se ha producido ahora mientras que el mayor pico de ingreso y muerte fue en marzo 2020.

Es muy probable que aparezca una nueva variante. De hecho, el virus muta continuamente y cada mes aparecen dos mutaciones nuevas que generan un sublinaje de Omicron. En un momento dado es fácil que aparezca una variante. ¿Este otoño-invierno? Es posible.

-Se está planteando la posibilidad de eliminar la obligatoriedad de las mascarillas en los foros donde aún son necesarias ¿ve adecuada esta decisión el presidente de la Sociedad  Española  de Inmunología?

Considero que uno de las lecciones aprendidas de la pandemia es que el uso de mascarillas y una buena calidad del aire de las estancias interiores es esencial para evitar transmisión de virus respiratorios en general. Desde luego que en los centros socio-sanitarios pienso que sería conveniente mantener la mascarilla en temporadas de transmisión de estos virus, como otoño e invierno. En primavera y verano si la pandemia se declara vencida por la OMS, podríamos quitarla incluso ahí.

-Y si hablamos de otras epidemias, ¿cómo se presenta la de la gripe este año?

La gripe de este año tendrá más incidencia que años anteriores porque el uso de mascarillas se ha liberado y, como he dicho antes, se facilitarán los contagios. Es esencial que la población de riesgo se vacune para evitar la infección y, si no, al menos las complicaciones que genera por descompensación de la enfermedad de base en la población frágil.

Lo que está claro es que no hay motivos para pensar, como se dice en algunos foros, que esta gripe va a venir con más potencia porque llevamos casi dos años sin sufrirla. El virus de la gripe muta mucho más que el de SARS-CoV-2 y por ello hablamos de cepas y no variantes. La inmunidad generada un año no protege normalmente frente a la cepa que circula al año siguiente.

-¿Hay alguna previsión de los inmunólogos de que otras pandemias puedan llegar con tanta virulencia como el Covid?  

Yo creo que la comunidad científica en general tiene claro que las zoonosis, como la COVID-19, van a volver a ocurrir y en un plazo no demasiado largo. Desde el inicio del siglo XXI hemos tenido varias y la COVID es la que mayor impacto ha tenido. Debemos ser muy cuidadosos con el control del contacto con animales y la posible transmisión del animal al humano y su extensión en un mundo globalizado como el actual.

-Y con respecto a la viruela del mono ¿ha llegado a ser un problema o lo es aún?

Evidentemente ha sido y es un problema, pero en ningún caso tiene la posibilidad de expansión como la COVID-19. Básicamente porque el mecanismo de transmisión es mucho más estrecho a través de fluidos. Además, desde el primer momento hemos conocido como se manifestaba, se conocía la enfermedad porque había casos esporádicos desde hace décadas y porque sabíamos que podíamos controlarlo con aislamiento y vacunación en círculo con la vacuna de la viruela humana.

No obstante, hay que recordar que el brote y la expansión ha venido una vez motivada por el comportamiento del ser humano y la globalización.

-Tras estos dos últimos años ¿ha cambiado mucho el trabajo de los inmunólogos? 

La Inmunología se ha puesto de manifiesto para la sociedad general con la pandemia generada por el COVID-19, explicando el papel defensor del sistema inmunitaria y la generación de inmunidad protectora de la enfermedad con las vacunas. Sin embargo, la Inmunología está en la base de toda patología humana. Probablemente es la ciencia más transversal en medicina. Dicho de otro modo, es el mejor ejemplo de globalización en Medicina. Casi todas las patologías cursan con inflamación, y la inflamación es respuesta inmunitaria en sí misma.

Hace tiempo que los inmunólogos ya trabajamos en el estudio de las enfermedades autoinmunes en colaboración con otros compañeros de otras especialidades (reumatólogos, nefrólogos, neumólogos, internistas, etc.), también con los alergólogos en las alergias, o en el campo del trasplante con la monitorización y selección de pacientes a trasplantar.

Más recientemente, nuestro papel, antes de la COVID-19 ha adquirido otra dimensión con el uso de inmunoterapia en cáncer y con las terapias celulares, como el uso de linfocitos antivirales o de terapias CAR. El papel del inmunólogo siempre es esencial en colaboración con otras especialidades y ciencias.

Pero es que, además, como he comentado antes, la respuesta inmunitaria es inflamación y, por ello, también trabajamos en el campo de la neurología con procesos neuroinflamatorios, digestivo o incluso con la psiquiatría. Últimamente, el campo de la infertilidad y la patología gravídica incumbe a la Inmunología y estamos colaborando en ello. Ten en cuenta que el feto es un tipo de trasplante de órgano fisiológico o normal. El feto tiene mitad de carga genética del padre. Si la madre lo reconoce como extraño puede reaccionar frente a él y, de forma semejante al órgano trasplantado, rechazarlo. Así se explican algunos abortos y algunas formas de infertilidad.

Finalmente, quisiera destacar el papel de los inmunólogos en el estudio y manejo clínico de los pacientes en los que el sistema inmunitario funciona mal, las inmunodeficiencias que pueden ser primarias, cuando el defecto que hace que falle es genético, o secundarias a un tratamiento o una enfermedad que debilita la respuesta inmunitaria.

-Para terminar, ¿en qué está trabajando en la actualidad el Servicio de Inmunología de Valdecilla con respecto a las epidemias?

El grupo de Inmunología del Hospital ha estado bastante centrado en los últimos dos años y medio en el estudio de la respuesta inmunitaria en la infección de SARS-CoV-2 junto con otros compañeros del hospital. Hemos realizado estudios propios para analizar los componentes de la respuesta inmunitaria que se inducían en sangre de sujetos infectados y su relación con la clínica de COVID.

Hemos trasladado esos conocimientos, después a la respuesta inducida tras vacunación, los componentes de la respuesta inmunitaria e incluso su duración para determinar actitudes a seguir. Eso lo hicimos con los compañeros de Salud Pública en residencias de mayores y vimos que había más respuesta a la vacuna de la que se pensaba en un principio.

Desde luego, también hicimos otra multitud de estudios de aspectos relacionados en colaboración con grupos de IDIVAL: vitamina D y COVID, clima, epidemiología, etc.

También colaboramos en COVID con grupos multicéntricos españoles e internacionales y de ellos destacamos diversas innovaciones tecnológicas a la hora de desarrollar un método citométrico para medir anticuerpos frente a SARS-CoV-2 o un método de PCR cuantitativa, rápida y escalable para determinar función inmunitaria celular en la COVID, un objetivo perseguido por los inmunólogos desde el inicio de la pandemia y que ahora se puede aplicar. No sólo eso, sino que también determinamos en otro estudio al inicio de la vacunación como la segunda dosis no inducía una mayor respuesta inmunitaria tras haber pasado una infección COVID previa.

En relación a este tipo de estudios de inmunidad protectora y duración en COVID, hemos conseguido financiación del ISCIII para estudiar cómo ha respondido la población a los distintos eventos de inmunización (infección y/o vacunación en distintas dosis, tipos, etc.). Ese proyecto se realizará con voluntarios de cohorte Cantabria, el otro gran proyecto en que no estamos sólo metidos nosotros, sino que, desde aquí, vuelvo a aprovechar para animar a todo aquel que quiera hacer un proyecto de investigación y Medicina Personalizada, que intente explotar cohorte Cantabria.

Ahora que parece que la pandemia está más controlada, estamos retomando nuestros estudios en trasplante y en enfermedades autoinmunes e inmunomediadas. Estamos avanzando en el uso de nuevos marcadores celulares y solubles de la respuesta inmunitaria que nos indiquen el pronóstico de los trasplantados y nos identifiquen estrategias de reducción de la inmunosupresión farmacológica. En enfermedades inmunomediadas, también estamos haciendo este tipo de estudios focalizándonos en la patología como el LES, síndrome antifosfolípidos o las vasculitis, pero también en otras como la esteatohepatitis por hígado graso.

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