miércoles 8/12/21
POLÍTICA

Los trapos sucios de Diego no impiden que Rajoy le siga manteniendo al frente del PP de Cantabria

Bajo el mandato de los ‘populares’ se han producido el caso Ecomasa, las irregularidades en el Plan de Empleo, el impago a la sociedad estatal Acuaes o el maquillaje de las cifras del paro.

En el partido se prevén cambios en Aragón, Baleares o Castilla y León.

El presidente en funciones, Mariano Rajoy, ni siquiera ha telefoneado para interesarse por los incendios
El presidente del PP, Mariano Rajoy, quiere que Ignacio Diego siga al frente de los 'populares' cántabros

El PP va a vivir varios cambios durante 2017. Todo apunta a que habrá caras nuevas al frente de los ‘populares’ en regiones como Aragón, Baleares o Castilla y León. Sin embargo, en Cantabria la intención de Mariano Rajoy parece ser la de mantener a Ignacio Diego como líder y, en principio, como candidato a las próximas elecciones. Todo ello a pesar de los casos que han salido en los últimos meses y que han desvelado varias irregularidades en su gestión durante los cuatro años de mandato al frente del Ejecutivo cántabro.

El último de ellos, y que ha obligado a crear una Comisión parlamentaria, es el caso Ecomasa, en el que Diego se implicó personalmente y destinó 18 millones de euros del erario público cuyo destino actualmente se desconoce. A esta cantidad se suman los más de 3 millones puestos por los trabajadores de Teka, a los que el expresidente regional fue a buscar explícitamente y, según los propios trabajadores, les “engañó”. Actualmente la empresa ha dado en quiebra, los trabajadores se han quedado sin empleo y los más de 21 millones de euros invertidos han desaparecido.

Pero durante sus cuatro años de gestión ha habido otras sombras igualmente llamativas. Una de las más criticadas fue la renuncia de su Gobierno a la financiación europea del Plan de Empleo. El motivo de dicha renuncia fueron las irregularidades que detectó el Fondo Social Europeo en el destino de los 28 millones de euros que había concedido a Cantabria. Ante esto, Diego decidió renunciar a la mitad, 14 millones, lo que se convirtió en deuda para el nuevo Gobierno y generó, además, 4.000 desempleados más (los que iban a ser contratados con esa cuantía).

Por si esto fuera poco, en noviembre de 2015 la sociedad estatal Acuaes reclamó al Gobierno regional 7,6 millones de euros correspondientes a cantidades que el Ejecutivo de Diego debería haber pagado en los años 2013, 2014 y 2015.

En el ámbito económico también ha sido reseñable su gestión de la deuda de Cantabria. Según datos del Banco de España hechos públicos por el actual consejero de Economía, Hacienda y Empleo, Juan José Sota, entre 2011 y 2015 la Comunidad Autónoma pasó de tener una deuda de 1.293 millones a 2.678 millones de euros, es decir, más del doble.

Datos de empleo

La gestión económica de Ignacio Diego no ha sido la única que ha generado polémica. En marzo de este año salió a la luz que el Ejecutivo del PP había manipulado las cifras del paro. Según pudo saber este diario, Diego excluía de la lista de desempleados a todas aquellas personas que solicitaban orientación laboral.

Esto provocó que la lista se redujese durante los meses previos a la cita electoral de mayo de 2015 en más de 4.000 personas. En concreto, en febrero de ese año se sacaron de la lista del paro 4.204 desempleados, cerrando aquel mes con 48.514 personas sin empleo.

Por otro lado, Diego también ha protagonizado numerosos desencuentros con varios sectores laborales de Cantabria, muchos de ellos en Torrelavega, segunda ciudad en población y la más castigada en lo que a desempleo se refiere.

El caso de Sniace es un claro ejemplo. La fábrica ha estado cerrada durante varios años, en los que los trabajadores han luchado por una reapertura que, finalmente, ha llegado hace unos meses. Fue durante una visita a las instalaciones en 2014 cuando Diego, por entonces presidente de Cantabria, fue recibido por varios trabajadores que se manifestaban en la entrada.

Cuando uno de ellos le preguntó si había ido allí a reírse de ellos y de la situación que vivían desde hacía meses, el líder del PP cántabro contestó que “Sí, a eso vengo”.

Una actitud que fue calificada de chulesca y que se repitió un mes después en la misma ciudad cuando Diego visitó el hospital de Sierrallana. A su salida le esperaban pacientes y trabajadores contrarios a la integración de los laboratorios clínicos. El expresidente regional, visiblemente enojado, no solo no se paró a hablar con ellos, sino que se dedicó a arrancar los carteles de protesta pegados en las paredes y los tiró dentro un baño para mujeres.

A todo ello se suma, como han denunciado en muchas ocasiones los sindicatos, el conflicto laboral durante su mandato por la ausencia de diálogo social con representantes de los trabajadores.

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