viernes. 19.08.2022
POLÍTICA

El Círculo de Podemos que ganó al PP y al PSOE

La formación morada de Castro Urdiales es un referente en Cantabria por haber sido el partido más votado en la localidad. Un cuarto del Consejo Ciudadano regional está integrado por miembros del círculo castreño, y cuentan en sus filas con Verónica Ordóñez, una de las tres diputadas de Podemos en el Parlamento cántabro.

Los afiliados de Podemos Cantabria votarán a su nuevo Secretario General en mayo
Un momento de la asamblea del pasado miércoles

Castro Urdiales fue el único de los 102 municipios en que se divide Cantabria en el que el partido más votado en las últimas elecciones generales no fue ni el PP ni el PSOE. Después de que el partido ecologista CastroVerde le arrebatara la alcaldía a los `populares´ en los comicios autonómicos, Podemos fue la formación más votada el 20D con el 31% del electorado.

El partido liderado por Pablo Iglesias, que entró por primera vez en el Congreso de los Diputados, obtuvo en Castro casi mil votos más que el Partido Popular en una jornada en la que la participación castreña aumentó 6 puntos, del 64% en 2011 al 70% el pasado diciembre.

Los inicios del Círculo de Castro

La idea colectiva de crear un círculo de Podemos en Castro Urdiales surgió poco después de las elecciones europeas, en las que el partido morado debutó. “Aún no teníamos documentos, ni estaban marcadas las líneas políticas, pero celebramos la primera asamblea”, cuenta uno de sus miembros. Todo fue “un poco caos” hasta pasado el Congreso estatal que dio cita a los nuevos militantes de Podemos en la plaza de toros de Vista Alegre.

Los perfiles de las personas que componen y han ido pasando por el círculo son variados, y su bagaje político pasa por el activismo en determinadas causas o la militancia política en otras formaciones de izquierda. Después de distintas experiencias, todos confluyeron en Podemos Castro.

Encuentros ciudadanos

El Consejo cántabro se reúne una vez al mes, mientras el círculo castreño lo hace todos los miércoles a las 19:00 horas. A su vez, existen distintos grupos de trabajo que tratan los enfoques de la formación en diferentes asuntos que van desde la igualdad o el movimiento animalista hasta la participación.

El local de Podemos en la localidad limítrofe entre Cantabria y el País Vasco es amplio. De momento, sólo tiene habilitados tres espacios compuestos por una oficina de trabajo y dos salas de reuniones, pero en su parte trasera tiene un gran espacio aún sin acondicionar en el que piensan establecer un espacio cultural de uso común, a imagen del local madrileño de La Morada.

Acompañamos a los miembros de Podemos Castro en uno de sus encuentros semanales. Catorce o quince personas ya han llegado al local a la hora de inicio, y se han dispuesto sillas negras, blancas y taburetes de plástico en la sala por la que se accede a la sede. Los viandantes ven la  imagen de la reunión desde la calle, miran el cartel de la puerta -Ah, Podemos-, y calman su curiosidad.

El orden del día versa sobre temas que se han discutido en los grupos de trabajo, que alguien ha propuesto o que se quieren llevar al Consejo, y se ha publicado en el Facebook de la formación unas horas antes de la reunión semanal. Se trata en su mayoría de cuestiones que afectan al ámbito local, pero también al partido en general, mientras otras son informaciones que pueden interesar al grupo: en la reunión de esta semana, por ejemplo, alguien habla sobre una iniciativa ciudadana que se llevará a cabo los próximos fines de semana que consiste en la limpieza y repoblación de zonas de bosque quemadas; otro hombre anuncia una charla sobre el TTIP que también tendrá lugar esta semana.

La asamblea semanal es abierta y participativa.  Pero no todo es ideal en la agrupación. Las reuniones no son una fiesta del consenso. Se dan opiniones dispares, controversias y se comparten visiones y realidades sobre asuntos diversos. Ésa es precisamente la riqueza del encuentro y del ejercicio político que se lleva a cabo: se llega a acuerdos mediante la votación, y con la visión puesta en la evolución del partido y no en las opiniones personales de quienes lo conforman. O al menos eso se intenta.

Unas dos horas de charla transcurren entre temáticas de todo tipo. Se discute la postura oficial que adoptarán en torno a ciertos temas municipales como el Parque Amestoy o las choznas de las fiestas de San Guillén. Los miembros intervienen para expresar sus posturas, y en la mayoría de los casos se vota a mano alzada alguna iniciativa.

Una diputada en sus filas: Verónica Ordóñez

Una de las integrantes del Círculo y del Consejo Ciudadano regional es Verónica Ordoñez, que el pasado 22 de mayo se convirtió en uno de los tres diputados que Podemos consiguió en el Parlamento regional junto a José Ramón Blanco y Alberto Bolado.

Verónica vive en Castro, trabaja en el Parlamento y acude a las reuniones semanales del Círculo como una integrante más. Parece que esta joven en la treintena ha entendido el juego de la política: elogia la actitud personal de algunos de sus compañeros de la oposición, aunque reconoce que ideológicamente su relación pueda ser irreconciliable.

La diputada pide la palabra para intervenir en la asamblea como el resto, para dar su opinión sobre los temas que se tratan, pero en su discurso hay también un hueco a la justificación de su trabajo en el Parlamento, la explicación de decisiones políticas o la interpretación desde su posición de conflictos o desavenencias que se puedan dar en el partido, como es el caso de su presente crisis interna.

La crisis interna en Podemos Cantabria

La mediática y actual polémica en el seno de la formación morada en Cantabria aparece en el quinto punto de día y ocupa un buen rato de la asamblea. Todos y todas tienen algo que decir.

El pasado miércoles los miembros del Consejo Regional, centro de toda la controversia, se reunieron para intentar resolver sus diferencias tras la moción de confianza, pero el encuentro no dio ningún resultado. El viernes, dos miembros de Podemos Madrid acudían a una reunión en Torrelavega para tratar el tema y lanzar un ultimátum: si el Secretario General dimite, la formación cántabra pasará a manos de una gestora de la que no se tiene más información.

Más de tres cuartos de los integrantes del Consejo regional votaron a favor de una dimisión de José Ramón Blanco, algunos de sus compañeros más cercanos han sido revocados en sus cargos, y el ambiente hostil hacia el secretario general y sus “hombres y mujeres de confianza” es un secreto a voces. Aún así, él se niega a dimitir y algunos de los cargos revocados continúan ejerciendo sus funciones.

Hay poco más que hacer, y tras la advertencia del partido central parece que sólo un acuerdo podría llegar a calmar la tempestad en la formación morada. Al menos hasta julio, cuando se cumpla un año de Blanco en el cargo.

Por eso, la discusión de la asamblea se centra en afrontar la crisis y en la imagen externa que el partido puede estar dando. Mientras unos hablan de lo negativo de airear sus trapos sucios en la prensa, otros alegan que hay que tomarlo como un ejercicio de “madurez política”. Finalmente, es Verónica Ordóñez quien hace balance de la situación analizando los pros y contras.

Habrá que esperar a las próximas semanas para saber en qué acaba esta polémica. De momento, el círculo de Castro seguirá reuniéndose y trabajando por los intereses de los vecinos del municipio, un lugar que ha pasado de ser centro de la burbuja inmobiliaria a bastión de Podemos en Cantabria.

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