martes. 27.02.2024

La República y sus sucesivos gobiernos no potenciaron el desorden público, lo padecieron. Hubo huelgas, las lógicas dada la terrible situación de los/as trabajadores en España. La revolución de Asturias fue un estallido ante el duro trabajo minero y laboral en general, además de la frustración  producida  ante una reforma agraria que no llegaba, y la decepción que produjo ver llegar al poder a los derechistas de la CEDA, con el retroceso en los pequeños avances sociales conseguidos, pero en general fueron los comandos derechistas fascistizados quienes provocaron disturbios como respuesta a un régimen que detestaron desde el principio.

Ante la falaz idea del combate al comunismo, hemos de insistir, que fue la guerra provocada por  el golpe militar  fallido, quien propició la entrada de rusos en España. El comunismo, fantoche que han enhebrado en su inconsistente relato, lo trajeron los que realizaron un pronunciamiento fracasado que produjo una cruenta guerra civil.

Otra de las certezas que nos asisten es la diferencia en el trato de la represión. La ocurrida en las zonas republicanas fue propiciada en su mayor parte por elementos no gubernamentales, reacciones ante bombardeos (el Alfonso Pérez, los “paseos” en las zonas que eran bombardeadas) ante matanzas a la población civil. Pocas veces escucharán ustedes en los discursos políticos republicanos diatribas que incitaran a la violencia colectiva como se pudo escuchar en las ondas radiofónicas a Queipo de Llano arengar a los fascistas para violar y asesinar mujeres. O las confesiones del general Mola en la Instrucción reservada Número Uno, en la que firma como El Director y afirma: “Se tendrá en cuenta que la acción ha de ser en extremo violenta para reducir lo antes posible al enemigo, que es fuerte y bien organizado” Esto lo escribe Mola el veinticinco de mayo de 1936.

O las manifestaciones de Franco a un periodista británico que le entrevista, donde dice que no le temblará la mano en fusilar a media España  con tal de mantener fiel a su ideario a la otra media…

Ahorro a mis lectoras/es los discursos de Queipo porque revuelven las tripas y son asequibles a quien quiera escucharlos.

En cambio hemos escuchado clamar a Manuel Azaña con el “paz, piedad y perdón” en un discurso memorable en que tendía la mano al enemigo. También clamó Indalecio Prieto reportando los desmanes que elementos extremistas criminales realizaban en nombre de la República.

Adjunto el enlace de la Fundación Sistema que publica Adrián Barbón, para confirmar lo que indico https://fundacionsistema.com/indalecio-prieto-memoria-contra-la-infamia/

Cierto es, que dentro del Partido Socialista, hubo personas con un concepto revolucionario más agudizado como Largo Caballero, pero  jamás podrán acusarle de incitación a la violencia, al crimen político o a las violaciones como los citados elementos del bando fascista.

Dichas las generalidades un tanto perogrullescas en esta época, dicho sea con respeto,  son fácilmente constatables si los que dudan de las afirmaciones que realizamos, se acercaran con curiosidad y afán de estudio a los libros de historia…(los serios, los contrastados, no los que concibe la mente calenturienta de Pio Moa o los que recita Jiménez Losantos en sus arengas cuartelarias radiofónicas)

Como digo, dicho lo general vamos a ir a hechos concretos sucedidos en nuestra comunidad, entonces provincia de Santander.

El golpe no triunfó en Santander lo cual fue una sorpresa inesperada que se debió a varios sucesos fortuitos y a la buena coordinación del gobernador civil Juan Ruiz Olazarán y al diputado Bruno Alonso que formaron un equipo extraordinario, coordinado con diversos estamentos de la administración consiguiendo  incautar el telegrama esperado por el coronel Argüelles, jefe  del destacamento María Cristina, en donde se le conminaba a unirse al golpe. Aunque no diéramos más datos, los sucesos acaecidos y protagonizados por el general Argüelles demostraría ,sin falta, lo que pretendemos demostrar en este escrito.

El coronel José García Argüelles había sido africanista  participando activamente en la Sanjurjada, por lo que fue castigado como golpista recuperando el mando poco después;  creemos que  se pecó por parte del gobierno republicano de dejar bastante impune la intentona y sin castigo o inhabilitación a los culpables. Por lo tanto, es indudable que García Argüelles, se hubiera sumado al golpe sin problema. Como hemos explicado, Ruiz Olazarán y Bruno Alonso, con ayuda de telegrafistas, consiguen interceptar el telegrama que envía Burgos con la orden de sublevarse, sacar las tropas a la calle y tomar el poder civil. Argüelles espera ese telegrama, sin atreverse a dar el paso por si mismo, sin las ordenes de Burgos, aunque es espoleado por los más de mil voluntarios que tenía Falange bien dispuestos a salir en apoyo del golpe. Duda y deja pasar el tiempo suficiente para que el capitán  García Vayas,  militar fiel al gobierno con mando en Santoña, se incorpore a la Remonta arengue a la tropa y haga desistir a los revoltosos.  García Vayas, dispuso de dos compañías que se dirigían a Santander desde Santoña prestas a defender la legalidad. También diremos que había dos barcos de la Armada en el puerto santanderino, el acorazado Jaime I (que marchó al poco tiempo por lo que poco pudo intimidad) y el Almirante Antequera, atracado cerca del club marítimo,  con sus cañones apuntando al cuartel del Alta (ahora General Dávila…) lo que hizo que algo se intimidara  Argüelles y desistiera de su empeño golpista.

Sofocado el riesgo de golpe, el coronel José García Argüelles es destituido de su cargo el 22 de julio ,  detenido por las fuerzas leales, conducido a Valdecilla porque mostraba problemas de salud  viviendo el tiempo de guerra retenido en su casa alternando con estancias en Valdecilla. Nunca fue molestado durante los trece meses de guerra.  Al entrar las tropas fascistas en Santander, fueron menos misericordiosas con el pobre hombre, siendo juzgado y fusilado el 18 de noviembre de 1937 por sus compañeros y afines ideológicos en Rostrío, lugar destinado al fusilamientos de militares. Dato que deberían pasarles al PPVOX porque les puede despertar el interés por la verdad.

Se da la circunstancia que a los pocos días de comenzada la guerra, el Comité  de Guerra de Santander hace llamamientos precisos para controlar las acciones de incautación, requisa y detenciones que elementos descontrolados realizan por las ciudad a personas derechistas. El Comité limita la circulación de coches, y advierte que las acciones violentas serán reprimidas con dureza.

Hacemos notar algo que se dijo más arriba. Había escaramuzas entre elementos falangistas e izquierdistas, sirva de ejemplo el citado asesinato cometido en la persona de Luciano Malumbres sucedido el cuatro de junio de 1936, realizado por Amadeo Pico Rodríguez, natural de Castro y conocido falangista. Recordemos que una de las teorías del líder fascista José Antonio Primo de Rivera era que había llegado la hora de la dialéctica de los puños y las pistolas…Y el simbolismo de los brazos al aire, con la camisa remangada para mejor disponer del puño en la pelea buscada por sus violentos adeptos. Sirva como ejemplo el discurso de José Antonio Primo de Rivera, en su primer acto público, el 29 de octubre de 1933.

“Y queremos, por último, que si esto ha de lograrse en algún caso por la violencia, no nos detengamos ante la violencia. Porque ¿quién ha dicho -al hablar de ““todo menos de violencia””- que la suprema jerarquía de los valores morales reside en la amabilidad? ¿Quién ha dicho que cuando insultan nuestros sentimientos, antes que reaccionar como hombres estamos obligados a ser amables? Bien está, sí, la dialéctica como primer instrumento de comunicación. Pero no hay más dialéctica admisible que la dialéctica de los puños y las pistolas cuando se ofende a la justicia o a la Patria”  Herbert R. Southworth Antifalange Estudio critico de Falange en la guerra de España, pag 26, Editorial Ruedo Ibérico, Paris 1967

Este mismo autor, Southworth, matiza “ no sería exacta la afirmación de que toda violencia política procedía en aquel tiempo de la Falange. Los socialistas practicaron en ocasiones la violencia, los comunistas mucho menos, porque eran numéricamente residuales, mientras que la violencia era pan de cada día de los anarquistas” Ibdem

Durante ese tiempo, quiero destacar para la Memoria colectiva, al que fuera alcalde de Santander del periodo de guerra, Ernesto Castillo Bordenave, apodado con cierta ironía “Piqueta”, nacido en México y afincado en Santander, farmacéutico de profesión que ejercía en su farmacia de la calle Lope de Vega, número uno. El señor Castillo primero había sido monárquico para desengañarse poco después, cambiando  a la ideología republicana. Fue elegido alcalde el 28 de febrero de 1936 con apoyo de los socialistas y republicanos.

Durante su mandato se empeñó en modernizar el urbanismo santanderino, que era el de una ciudad medieval con calles estrechas y empedradas y casas tapón  que imposibilitaban el paso de vehículos de motor. Desarrolló un plan de urbanismo modélico derribando, para ello,  alguna casa y la iglesia de San Francisco -no tuvo nada que ver en la demolición la persecución religiosa sino solo la intención de ampliar el Ayuntamiento, de hecho, años después se respetó la ampliación y la iglesia fue reconstruida en otro lugar cercano- Una de las obras que emprendió el alcalde Castillo Bordenave fue la construcción del Túnel…que permitía comunicar el centro de la ciudad con la zona de las estaciones de tren y el puerto. Ese túnel fue terminado e inaugurado en 1943 por el ministro de entonces, el franquista  Peña Boeu, recibiendo el nombre del ministro, Pasaje de Peña,  olvidando al verdadero creador de la idea.

El señor Castillo Bordenave pudo salvar la vida cuando entraron los fascistas en Santander huyendo a Francia donde residió hasta su muerte. En 1941, enterado del drama del incendio santanderino, realizó unos planos modélicos para la reestructuración de la ciudad que amaba. De haberse respetado dichos planos hoy gozaríamos de una ciudad modélica y se hubieran evitado los desastres y dispendios que se fraguaron en la reconstrucción santanderina posterior al incendio y que costaron, incluso, peleas físicas entre autoridades y la dimisión y defenestración del alcalde franquista, Emilio Pino, enfrentado a las fuerzas vivas de la ciudad que se aprestaron como cuervos a la tarea especulativa y de latrocinio por lo que padecemos una ciudad desastrosa en cuanto a urbanismo se refiere.

Otra cosa a tener en cuenta, que no se suele contar,  es que la primera mujer concejal del Ayuntamiento de Santander, fue elegida en la época de la guerra. Se trataba de Consuelo Trueba, elegida concejala el uno de febrero de 1936 perteneciente al Sindicato de Profesiones Liberales de la CNT.

Siguiendo con los avatares del inicio de la guerra, hacemos notar el dato que el 18 de julio de 1936, había más flota en el puerto santanderino, el Tiburón, en el que la tripulación se mostraba favorable al golpe. El capitán Matojo que estaba al mando y  ocho tripulantes afines fueron condenados a cadena perpetua mientras que el resto de los treinta soldados fueron absueltos. Estuvieron en la cárcel siendo liberados al entrar las tropas golpistas.

Durante el periodo republicano diversos historiadores e investigadores  como Fernando Obregón, del que proceden gran número de los datos mostrados en este escrito, nos hablan de 800 personas asesinados en Santander y 343 desaparecidos que se distribuyen de la siguiente forma

Santander: 199 personas (en esta cifra se incluyen los asesinados en el Alfonso Pérez que fueron 159)

Reinosa: 90    personas

Corrales: 62     ,,

Torrelavega: 51   ,,

Camargo: 38     ,,

Castro: 42           ,,

Santoña: 38    ,,

Hacemos notar que, aunque hubiera sido uno solo de estos crímenes, sería condenable y execrable, puntualización que no hace falta incidir pero nos consta por experiencias pasadas que siempre se nos echará en cara la no implicación en la condena de los crímenes acaecidos en el periodo del Frente Popular.

En la parte terriblemente negativa de este periodo de tiempo anotamos a un personaje siniestro causante de infinito dolor y nombrado ¡cómo no! por los diputados citados al principio en sus diatribas parlamentarias. El gobernador Ruiz Olazarán nombró (y no controló ni expulsó del cargo) a Manuel Neila, creador de la checa famosa nombrada como la checa de Neila, que se encontraba en el palacete de la calle del Sol, que aún se mantiene y ha sido utilizada para diversos usos, Juzgado y Tercio de la Guardia Civil, que sepamos.

El citado comisario Neila fue promotor de siniestros paseos, torturas infames que se realizaban en la comisaria bajo sus órdenes y crímenes sin juicio en las personas de derechistas, sacerdotes o gente religiosa. La presencia de coches con hombres a su servicio se convirtió en el terror de derechistas, sacerdotes y personas de destacada ideología contraria al régimen republicano. Durante meses campó sin ningún tipo de cortapisa y es de destacar que el gobernador Ruiz Olazarán en ningún momento puso freno a sus criminales desmanes.

Cuando las tropas golpistas se acercaban a Santander, embarcó en uno de los buques que salían de la bahía, llegando a Francia donde fue detenido porque las autoridades republicanas le reclamaban dinero perteneciente a CNT,  del que se había apropiado, siendo soltado poco después por la falta de jurisdicción francesa en delitos cometidos en España, consiguiendo embarcar hacia  México donde vivió tranquilamente hasta su muerte. Se dice que se convirtió en ferviente católico  llegando a procesar en una orden religiosa.

Hubo más checas en la ciudad,  como la del Ayuntamiento, la de los Ángeles Custodios (era de la FAI)  Esta checa tuvo el terrible honor de condenar al primer  fusilado que fue Darío Bolado Borbolla, portero del hotel Ignacia en donde se había reunido las huestes de Falange  poco antes del golpe.

De ahí surge la patraña del Faro. Historia que inventó la imaginación calenturienta de Concha Espina, contando como cierto que se tiraban sacerdotes por el faro, y que un farero se volvió loco al presenciar los crímenes. No ocurrió así,  lo cual está recogido en la Causa General incoada por el gobierno franquista poco después de la guerra. No fue menos dramático la historia real. Las “sacas” de Neila se efectuaban de noche, muchos de los detenidos eran embarcados y tirados con pesas en los pies en la barra de la bahía, a la altura de la isla de Mouro, o bien “paseados” por las cercanías de Mataleñas y asesinados en la zona. Como caso curioso uno de los que se apuntó como asesinado en el Faro, lo fue, pero fusilado por los fascistas y está enterrado en la fosa de Ciriego.

El crimen del Alfonso Pérez, por conocido, no explicaré nada más que debe ser referido siempre en relación al terrible bombardeo sucedido el 27 de diciembre en el Barrio Obrero del Rey y zonas limítrofes. Fue la indignación producida por la visión de niños, mujeres y gente que paseaba ese nefasto domingo quien levantó la ira de un pueblo enloquecido encaminándose, al mando de Manuel Neila, hacia el barco prisión.

Hemos de decir que el gobernador Juan Ruiz Olazarán no se encontraba en Santander cuando ocurrieron estos hechos y que el diputado Bruno Alonso, se dirigió a la población por radio solicitando calma y no seguir con los desmanes.

Mención que merece Bruno Alonso, porque mantuvo una postura dignísima dándose la circunstancia que protegió a un diputado de la CEDA, Eduardo Pérez del Molino, compañero de escaño en Madrid, asegurando que quien intentara asesinar al diputado derechista pagaría con su vida. Sus acciones solicitando calma y salvando la vida de muchos derechistas hay que tenerlas en cuenta honrando su memoria como merece.

El obispo José Eguino y Trecu, fue detenido  y poco después se le trasladó a Euskadi donde la vida del clero era respetada. A la llegada de las tropas fascistas regresó a Santander y tornó a su cargo de obispo. No tenemos noticias de ninguna intervención suya solicitando piedad para los fusilados, más bien al contrario, ya que  el clero santanderino como el de todo el estado bendijo y fue  coadyuvante entusiasta en las tareas represivas. Hoy la plaza que da entrada a la catedral santanderina, lleva su nombre.

Los religiosos que fueron asesinados en la provincia fueron trece. Seis agustinos, tres carmelitas, dos salesianos, un capucho y una oblata que fue la única monja asesinada. Hay que unir a esta cuenta el crimen perpetrado en las personas de curas de la Universidad Pontifica de Comillas y un escolapio de Villacarriedo.

 

Represión republicana y franquista en Cantabria (II)
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