lunes. 26.02.2024

Se ha presentado a la prensa de Cantabria y del estado, una plataforma creada con el fin de enfrentarnos a las mentiras, banalidades e inexactitudes con lo que una derecha irredenta y cada vez más embravecida por la impunidad, expresa su aversión sobre la Memoria Democrática y la verdad histórica.

Cierto es que el detonante de lo que comenzó siendo reunión de indignadas, fue la propuesta de Vox de PNL para abolir la Ley de Memoria dictada por el anterior gobierno de Cantabria. Las personas que estuvimos en el Parlamento escuchamos las bravatas mentirosas de un diputado como Íñigo Fernández apoyando a su compañera y hermana ideológica, Leticia Díaz, de Vox, como ponente del Proyecto No de ley, y coche escoba que realiza el sucio trabajo que no se atreve a hacer el PP. De ese pleno salimos con el alma encogida al escuchar falacia tras falacia, que se nos dirigió alevosamente a las presentes, del citado parlamentario. Poco después surgió de forma espontánea la idea de canalizar la explosión de indignación hacia algo firme. De golpe tomamos conciencia que había que dar respuesta a los partidos ultraderechistas que actúan con una agresividad inusitada lanzando agravios sobre la historia.

El miércoles día cuatro de octubre, presentamos a la prensa la Plataforma a la que, aun sin ni siquiera haberla hecho pública más que a título personal, mantenía un nivel de adhesiones que nos ha dejado sin palabras.

A las personas que nos preocupa la verdad histórica y andamos desde hace años intentando reparar el daño ocasionado a víctimas inocentes… a sus familias, más bien, porque quedan muy pocas vivas, se nos suele decir que la Memoria Histórica no interesa a la gente de la calle. Hay problemas urgentes a los que atender y las batallas de los abuelos no es una de ellas.

Personalmente estoy segura que no es así. La prueba está aquí, en las páginas de nuestro magazine, donde constato fehacientemente que cada artículo, cada mención que se realiza a la historia vivida en nuestro país, es leída por cientos, a veces miles (en alguna ocasión, gloriosa ocasión como la carta que escribí a Pérez Reverte, lleva casi un millón de lecturas) de personas que se acercan a nuestras páginas, las más de las veces a leer, felicitarnos y referirnos historias dramáticas familiares… y alguna, también, a insultarnos. He visitado institutos y organizaciones impartiendo conferencias sobre el tema y el asalto que el alumnado hace a mi persona con el fin de saber más, me induce a pensar que les interesa mucho.

Las abuelas/os han ido muriendo con el secreto que les laceraba del padre, la madre, el hermano, marido, novio, novia que yace en lugar perdido

La historia interesa. La historia de nuestro país interesa mucho porque en cada casa, en cada hogar se guarda algo relacionado con ella. Hay un cofre escondido, un cajón perdido donde se guardó con reverencia la carta, las condecoraciones, los recuerdos de fusilados, encarceladas o víctimas de rapadas y ricino. Se ha guardado en silencio opresivo una verdad terrible. Las abuelas/os han ido muriendo con el secreto que les laceraba del padre, la madre, el hermano, marido, novio, novia que yace en lugar perdido, quedando al albur de una pobre trasmisión oral el conocimiento de las situaciones vividas en aquella tragedia nacional.

Algunas son irrecuperables, porque el miedo selló la boca de las familias. Miles de personas yacen sin historia que les recuerde en zanjas, cunetas y fosas de España. Es como matarles dos veces, una cuando el tiro, o el garrote traidor los segaba la vida y otra, lacerante, el olvido.

Hace mucho tiempo que la que suscribe empeñó gran parte de su energía en rescatar esas pérdidas, dar voz a la muerte silente que mata dos veces a la gente que fue asesinada por la barbarie.

Los/as perdedoras de la guerra han llevado el estigma generación tras generación con ese silencio culpable que mataba dos veces

En todos estos años, nunca he escuchado palabras de rencor, ni de venganza por parte de las familias, en cambio sí, de miedo, de perturbada palabra que se pronuncia en bajo para no molestar, para no herir, para que el vecino o el amigo no sepa… que su abuelo, tío, padre, hermana, novio, era un/a represaliada. Los/as perdedoras de la guerra han llevado el estigma generación tras generación con ese silencio culpable que mataba dos veces.

Mi intención y la de personas que han dedicado tiempo y esfuerzo a la Memoria, ha sido, es y será, devolver el orgullo, restaurar el recuerdo de tanta gente que murió asesinada siendo inocente. Devolver a la vida la historia de nuestro país, al completo, porque durante ochenta años han sesgado el relato asesinando la verdad y sumiendo a las víctimas en un sopor inalterable de injusto olvido.

Y ya no más. Les debemos el recuerdo. Nos debemos la verdad porque sin ella nuestro país repetirá una y mil veces los terribles errores de consentir que el fascismo se infiltrara en las alcantarillas del estado hasta envenenar la sociedad entera.

Les debemos a nuestros hijas, nietos y futuras generaciones el derecho a la verdad. El puñetero derecho a la verdad que tiene que resonar hasta el último rincón de los paredones y las fosas donde descansan los nuestros/as, que mal que les pese, son los suyos, también.

Por eso y para eso nace la Plataforma Memoria y Democracia, para dar voz y preparar el futuro de las generaciones siguientes que deben de conocer la verdad para cauterizar las profundas heridas que produjo un golpe de estado, la guerra civil y una postguerra terrible que duró demasiado, donde el odio, la partición social pervivió a causa de los que fueron cómplices de la dictadura fascista.

Nos cuesta entender que hoy, ahora, después de tantos años, sus nietos, sus herederos/as (algunos de ellos/as con víctimas en fosas también) siguen empeñándose en un relato de mentira o cubrir con silencio los crímenes de la dictadura.

Por eso estamos aquí y les pedimos que firmen, que apoyen, que difundan este manifiesto que crece como la espuma y demuestra que la verdadera historia interesa, que queremos resarcir a las víctimas de tanto dolor.

Porque, recuerden, el silencio mata dos veces. Y también eso de que los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla.
 

Plataforma Memoria y Democracia
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