viernes 3/12/21

La sombra del cambio climático, como la del ciprés, es alargada y proyecta su oscuridad sobre un futuro que se anuncia ya con inundaciones que anegan ciudades enteras, sequías interminables con vocación de desiertos o ciclogénesis explosivas y otros huracanes devastadores. Contemplamos ante nosotros un paisaje inquietante, en el que el mar engulle las playas y se lleva por delante las edificaciones más atrevidas, los polos se derriten, enormes masas de plásticos navegan por los océanos y toda la naturaleza parece abocada a subvertir sus propios ritmos.

Para detener el avance inexorable del cambio climático cada año se celebra la Cumbre Mundial del Clima, en esta ocasión ha sido la COP26 en Glasgow la que ha analizado la situación actual poniendo el broche de oro ayer viernes. Una vez más, la cabeza visible de la cumbre fue la activista sueca Greta Thunberg, que se ha convertido en el icono medioambiental de toda una generación de jóvenes tras cruzar el océano Atlántico en catamarán para asistir a la anterior edición de la COP en un designio de cumbre en Chile que acabó desarrollándose en Madrid. Un comportamiento ejemplar que en esta ocasión no han seguido otros líderes mundiales como el presidente estadounidense Joe Biden, quien asistió a la cumbre con una cohorte de más de 80 coches, con las consecuentes emisiones de dióxido de carbono desprendidas a la atmósfera.

Las emisiones de gases de efecto invernadero continúan aumentando y hoy son un 50% superior al nivel de 1990. Además, el calentamiento global está provocando cambios permanentes en el sistema climático, cuyas consecuencias pueden ser irreversibles si no se toman medidas urgentes ahora.

Se estima que, a 2017, los humanos hemos causado aproximadamente un calentamiento global de 1°C por encima de los niveles preindustriales. A escala mundial, el nivel del mar promedio aumentó 20 cm desde 1880, y se proyecta que aumentará otros 30- 122 cm para 2100. Para limitar el calentamiento a 1,5°C, las emisiones mundiales de CO2 deben disminuir en un 45% entre 2010 y 2030, y alcanzar el cero alrededor de 2050.

Los humanos hemos causado aproximadamente un calentamiento global de 1°C por encima de los niveles preindustriales

Pero, ¿cuál es la situación en Cantabria? Desde la Consejería de Desarrollo Rural, Ganadería, Pesca, Alimentación y Medio Ambiente del Gobierno de Cantabria se considera que “dadas sus características físicas y socioeconómicas, Cantabria es una región muy vulnerable al cambio climático y sus efectos. Sus variados ecosistemas, urbanos y rurales, litorales y de montaña, acompañados de un tejido industrial multisectorial, hacen que el reto al que se enfrenta la región para combatir dicho fenómeno sea de grandes dimensiones y de muy variados escenarios”.

Si miramos las emisiones de CO2 en Cantabria respecto al resto del país, podemos ver que esta comunidad fue la que menos gases de efecto invernadero ha generado en las tres últimas décadas, concretamente un 0,7%. Sin embargo, estos datos son engañosos si los vemos desde otro prisma. Efectivamente, en el año 2015, cuando se firmó el Acuerdo de París, un informe del Observatorio de Sostenibilidad (OS), 'Radiografía de las emisiones de comunidades autónomas. Responsabilidad entre comunidades autónomas para conseguir la descarbonización de la economía. 1990-2015', apuntaba que Cantabria era la quinta comunidad autónoma que más emisiones de CO2 enviaba a la atmósfera por habitante. Una posición un tanto desafortunada.

Pero tal y como indica el informe '30 años de emisiones de CO2 por comunidades autónomas 1990-2019', elaborado también por el Observatorio de Sostenibilidad y AIS Group, la tendencia se relajó al año siguiente, ya que en 2016 se emitieron a la atmósfera 2,4 millones de toneladas de CO2, lo que es igual a un 16% menos que el año anterior. Ateniéndonos a datos más recientes, durante el año de la pandemia, Cantabria ha sido de las comunidades autónomas donde más se han disminuido las emisiones de CO2, llegando a cifras de más del 20% de reducción.

Por ello, para minimizar los efectos del cambio climático en nuestra comunidad sería necesario potenciar energías renovables mediante, por ejemplo, la implantación de parques eólicos, fomentando la compra de vehículos con bajas emisiones o con emisiones 0; minimizando el uso de vehículos de combustión interna y potenciando los desplazamientos peatonales y el transporte público. Además, el escenario de las emisiones de CO2 en Cantabria está muy dividido porque, aunque no hay grandes plantas de generación de energía, existen plantas en las que se produce combustión e industria química y de producción y transformación de metales.

El Gobierno de Cantabria articuló su respuesta al cambio climático mediante la Estrategia de Acción frente al Cambio Climático de Cantabria 2018-2030

Por todo ello, el Gobierno de Cantabria articuló su respuesta al cambio climático mediante la Estrategia de Acción frente al Cambio Climático de Cantabria 2018-2030. Entre otros objetivos, la Estrategia prevé una reducción del 26% de los gases de efecto invernadero de los sectores difusos (actividades no sujetas al comercio de derechos de emisión, aquellos sectores menos intensivos en el uso de la energía) para 2030, alcanzable mediante una serie detallada de 106 medidas que se pormenorizan en el documento y que abarcan aspectos como la optimización de la climatización en los centros de trabajo, la mejora de la eficiencia energética de los establecimientos turísticos, los centros educativos y la gestión del ciclo integral del agua, sustitución de luminarias en carreteras y otros espacios públicos, generación eléctrica basada en energías renovables, el fomento de la energía minihidráulica y la difusión del centro climático en los centros escolares, entre otros.

Unas medidas ambiciosas que se enmarcan en los parámetros de emergencia climática que se fijan en otros lugares del mundo para que, todos juntos, hagamos frente al cambio climático.

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