jueves 9/12/21
TRIBUNALES

12 años de cárcel para la heladera de 62 años que mató a un hombre y lo escondió en el congelador de su negocio

La Audiencia Provincial de Sevilla condena además al pago de una indemnización de 225.000 euros a los cinco hijos y la mujer de su víctima.

La mujer escondió el cuerpo de su víctima en el congelador de su heladería. Foto: Pixabay
La mujer escondió el cuerpo de su víctima en el congelador de su heladería. Foto: Pixabay

La Audiencia Provincial de Sevilla ha condenado a 12 años de cárcel a María del Carmen, la mujer acusada de la muerte de un hombre de 62 años de edad cuyo cuerpo fue encontrado sin vida el día 9 de enero de 2016 en un congelador de la heladería 'Otoño' del barrio de la Macarena de la capital hispalense.

En la sentencia facilitada por el TSJA, y de la que se hace eco Navarra.com, la Audiencia condena a la acusada a 12 años de prisión y el pago de una indemnización de 225.000 euros a los cinco hijos y la mujer del fallecido por un delito de homicidio con la atenuante de confesión.

El fallo se conoce después de que, el pasado día 23 de abril, un jurado popular declarase por unanimidad culpable de un delito de homicidio a la acusada y apreciara la atenuante de confesión, ya que tras ocurrir los hechos acudió a la Comisaría de Dos Hermanas para contar lo sucedido, pero no la de encontrarse bajo la influencia de bebidas alcohólicas cuando mató a la víctima.

LOS HECHOS

El jurado consideró probado que los hechos tuvieron lugar entre las 5:00 y las 8:00 horas del día 9 de enero de 2016 en el interior de la heladería que regentaba la acusada, cuando, "en el curso de un enfrentamiento surgido por motivos no aclarados", María del Carmen "golpeó fuertemente en la cabeza con un objeto contundente no determinado" a la víctima, "haciéndole caer al suelo, inconsciente o fuertemente conmocionado".

Según el jurado, a continuación, "y con ánimo de acabar con su vida", la investigada "se colocó de rodillas sobre el pecho" del fallecido "y le estranguló con un cable u objeto similar, causando así su muerte por asfixia".

Los miembros del jurado aplicaron a la acusada la atenuante de confesión al considerar probado que, tras llamar a sus hermanos y contarles lo sucedido, se presentó en la Comisaría de Dos Hermanas sobre las 17:30 horas y manifestó "confusa y reiterativamente a los sorprendidos agentes de servicio que había matado a un hombre y que había escondido el cadáver en una heladería".

El jurado dio por probado que esto "determinó la inmediata comparecencia en el lugar de los hechos de agentes de la Policía, que comprobaron que era cierto lo relatado por María del Carmen, que facilitó con ello el descubrimiento del delito y de su propia responsabilidad".

"IMPORTANTES LAGUNAS"

La Audiencia dice que, para declarar probado el crimen, el jurado "ha podido valorar principalmente la confesión en juicio de la propia acusada, que reconoció, aunque sin más detalles y con importantes lagunas, haber dado muerte a la víctima", una confesión corroborada por una serie de elementos probatorios como las declaraciones de los hermanos de la acusada o la prueba pericial de análisis de ADN.

En este punto, como menciona el citado medio, dice que "el propósito mortal de la acción de la acusada no ha sido objeto de controversia, y en cualquier caso no puede ponerse en duda cuando aquella ejecutó lo que en la jerga criminalística se denomina un estrangulamiento a lazo, realizado sobre una víctima que yacía inconsciente o conmocionada, durante el tiempo suficiente para causarle efectivamente la muerte por asfixia y con tal energía como para producir la fractura del cartílago tiroideo y del hueso hioides, además de la de la de cinco costillas por la presión ejercida por las rodillas del sujeto agresor sobre la parrilla costal de la víctima".

La Audiencia, por ello, considera que "la potencialidad letal de la acción es tan evidente y elevada que por sí sola evidencia el dolo directo de causar con ella la muerte", no obstante lo cual rechaza que en este caso concurra la circunstancia de alevosía alegada por las acusaciones.

De este modo, manifiesta que "del propio relato fáctico de las acusaciones se desprende que la indefensión de la víctima solo concurría en el momento del estrangulamiento, que fue el acto final de una dinámica comisiva ininterrumpida, iniciada con el golpe en la cabeza que provocó la inconsciencia o conmoción de la víctima y que ya implicaba un dolo, cuando menos eventual, de causar la muerte al agredido".