viernes. 24.05.2024

El próximo 17 de abril la agrupación de Juventudes Socialistas de Santander cumplirá 120 años. Más de un siglo desde la fundación que lideraron Bruno Alonso, Antonio Ramos, Pedro Vergara y Antonio Vayas, pero las reivindicaciones no parecen haber cambiado demasiado en la capital cántabra. Con motivo de este aniversario, el actual secretario general de estas Juventudes, Alejandro Hernández de las Casas, analiza el momento que atraviesa la formación y la situación de una ciudad que, como él mismo explica, dificulta a los jóvenes la posibilidad de emprender proyectos, pero que puede ofrecer muchas posibilidades.

Se cumplen 120 años de la fundación de las Juventudes Socialistas de Santander. ¿Qué reivindicaciones realizan en la actualidad?

Si acudes al archivo municipal de la Biblioteca Menéndez Pelayo te encuentras con el panfleto ‘La voz del Pueblo’, publicación socialista hasta 1905, y en esos primeros años Juventudes defendía el fin de las corridas de toros y el problema de una vivienda digna para los jóvenes. Es un poco lo que ahora mismo defendemos. Queremos la reconversión de la Plaza de Toros en un espacio cultural para todos y todas; defendemos la implantación de una tasa turística y de una vivienda digna, un alquiler asequible para los jóvenes. Esto es algo muy importante porque el precio del alquiler cada vez está más alto; la vivienda más barata en la ciudad es de 600 euros, y un joven gana habitualmente el salario mínimo en Santander, que está enfocada al sector servicios, es decir, un sector muy precarizado. Con esto, nos encontramos que la mayor parte del sueldo se destina al alquiler, y eso no se puede asumir.

Tenemos otras reivindicaciones como la movilidad sostenible. Es muy preocupante que los pueblos de Monte, Cueto o el barrio de Peñacastillo estén totalmente aislados, y los jóvenes que viven en la periferia no tienen actividades para hacer allí. Tampoco se difunde de forma correcta todo lo que organiza el Espacio Joven. Nos encontramos con una oferta cultural para la juventud centrada en el ocio nocturno y actividades aisladas del Ayuntamiento.

Si miras más allá de la fachada, te encuentras con una juventud que está cada vez más comprometida. Especialmente en todo lo relacionado con lo social

Por lo que dice, las reivindicaciones no parecen haber cambiado mucho, al menos en lo básico.

Se han adaptado a los tiempos. Había juventud socialista, como Matilde Zapata, que defendía la abolición de la prostitución. Estamos en 2024 y se va a sacar una ley contra el proxenetismo. Es cierto que, en cuanto a ideas y propuestas, seguramente que ninguna se vaya a inventar. Todas existen ya, pero la diferencia es que nosotros tenemos que marcar una línea ideológica que muchas veces va a ser diferente a la del PSOE. Las Juventudes Socialistas, como organización independiente, tiene que tener una línea ideológica específica y concreta. Por eso son importantes las organizaciones juveniles.

¿Y cuál es esa línea específica que diferencia estas juventudes del partido?

Fundamentalmente es empujar un poco al partido para que impulse medidas en pro, por ejemplo, del turismo sostenible, la movilidad o la igualdad. No tenemos tantas diferencias, claro está, pero un enfoque joven puede proporcionar un aire fresco en esas ideas que quizás, en algunos casos, son algo más ambiguas. No quiero que se me malinterprete. Al final, cada generación tiene un planteamiento diferente, una cultura diferente. El caso perfecto es el del colectivo LGTBI. Las generaciones anteriores, lamentablemente, no son tan abiertas como las generaciones actuales, y eso lleva a tener un planteamiento diferente. Todos estamos concienciados, pero los jóvenes estamos más comprometidos, por ejemplo, en impulsar un callejero más alternativo eliminando el franquista y enfocado más en la igualdad y la diversidad. O crear una oficina para las personas LGTBI en el ámbito municipal, que es importante. Esto no son chiringuitos, son cuestiones necesarias. Tenemos que tener en cuenta que el colectivo LGTBI se concentra principalmente en las ciudades porque son entornos más abiertos donde el anonimato predomina más que en entornos rurales. Las ciudades tienen que estar preparadas para esa migración que cada vez se está promocionando más desde el Gobierno de España, y eso es algo nuevo que esta generación está impulsando.

¿Cree que Santander es una ciudad abierta al colectivo LGTBI?

Santander es bastante abierta en el sentido de que es una ciudad pequeña, y eso da oportunidad a estrechar y crear lazos mediante asociaciones como ALEGA, que cada vez van a más y funcionan muy bien. Luego están las organizaciones juveniles, que cada vez son menos porque no se promocionan pero que tienen un corte bastante abierto y basado en la diversidad. Hay sinergias muy positivas en el ámbito del colectivo, pero todos los agentes implicados en fomentar la igualdad y estas políticas muchas veces no funcionan.

Si no nos movilizamos todos, va a ocurrir lo mismo de siempre: que el PP va a seguir gobernando y vamos a seguir con años y años de retraso

Hablaba antes del precio de la vivienda. ¿Cuál es la situación de los barrios de Santander en este ámbito?

Es necesaria la rehabilitación de muchos de los barrios. La clave está en potenciar esos barrios que no son la fachada de Santander. En el ámbito urbanístico se dice que Santander es una ciudad de fachada, y es totalmente cierto. Al final, lo que se ve es el Paseo de Reina Victoria y lo que no se ve es el interior de la ciudad. Nos encontramos, por ejemplo, con zonas como la calle San Sebastián, que está en la parte baja de General Dávila. Está totalmente degradada y necesita una rehabilitación fuerte. El Cabildo de Arriba es un ejemplo claro de la gentrificación urbana. Se expulsa a la población local del barrio en cuestión en pro de agentes especuladores que las convierten en viviendas turísticas y alquiler vacacional. Y conforme hay más viviendas de este tipo se encarece más el precio del alquiler, y si no se regula sigue aumentando. No queremos que esto se convierta en Cuba, pero es que si no se regula el problema es que vamos a ser Cuba, porque la gente joven no se va a poder emancipar.

Desde agosto de 2022 es secretario de las Juventudes Socialistas de Santander. ¿Qué balance hace hasta ahora?

Estoy bastante satisfecho, pero queda mucho por hacer. Las organizaciones juveniles han cambiado mucho, especialmente con la pandemia, y la relación entre la gente joven es diferente. Lo mismo ocurre con las redes sociales. En el caso de Juventudes Socialistas hemos aumentado en militantes, cada vez somos más visibles y somos más personas implicadas para tener un cambio real en la ciudad, y en ese sentido estoy contento. Pero no nos podemos conformar. Aunque ya somos posiblemente la organización juvenil más grande de la ciudad, el objetivo es seguir yendo a más y estar en cada rincón. Al final, ese es el objetivo de una organización que es centenaria.

Como secretario general, ¿nota una mayor implicación de la juventud en los problemas de la ciudad?

Hay mucho estigma en torno a la juventud, pero si miras más allá de la fachada, te encuentras con una juventud que está cada vez más comprometida. Especialmente en todo lo relacionado con lo social. Es lo que está más cerca de nosotros. Vemos que hay un 25% de españoles que lamentablemente está en el umbral de la pobreza extrema, si mal no recuerdo. Y un 60% de españoles que está en situación de vulnerabilidad en alguno de los indicadores. Eso genera una conciencia que está ahí. La conciencia de clase no se ha perdido, pero ha cambiado bastante el tipo de manifestación que se hace. Y como Juventudes, lo que buscamos es que esa conciencia de clase salga a las calles y que esa juventud trabajadora esté ahí y vuelva a ser partícipe del cambio. Si no nos movilizamos todos, va a ocurrir lo mismo de siempre: el PP, que lleva toda la vida gobernando, va a seguir gobernando más años y vamos a seguir con años y años de retraso, y no se van a conseguir los cambios que necesita la ciudad.

Para la gente joven, la política se tiene que ver como un hobby, una herramienta con la que cambiar tu barrio, tu ciudad, tu comunidad o España

¿Fue esto lo que le impulsó a entrar en política y estar en una primera línea?

Yo entré en Juventudes a los 15 años, si mal no recuerdo, lo tenía muy claro. Principalmente me animó mi madre. En aquel momento era concejala en el Ayuntamiento de Santander, yo veía cómo trabajaba las mociones y echaba horas en pro de la ciudadanía de Santander, y es algo que se acaba contagiando. Hay muchos otros factores que influyen. Cuando quedaba con mis amigos, poco a poco veía mucha suciedad en los parques. Las personas sin hogar que yo veía en el parque de La Marga o en la calle Isabel II, ahora veo que los locales han puesto arquitectura hostil para que no puedan dormir allí, y ahora mismo están durmiendo en la calle San Sebastián, donde hay tres colchones en el parque. Entre otros muchos motivos, me metí por las desigualdades sociales, porque no podemos mirar hacia otro lado como hacen otros muchos.

Actualmente estudia Geografía y Ordenación del Territorio en la Universidad de Cantabria, pero ¿se plantea continuar en política?

Creo que para la gente joven, la política se tiene que ver como un hobby, como una herramienta con la que puedes cambiar tu barrio, tu ciudad, tu comunidad o España, si vamos a lo grande. Pero también sería ingenuo no decir que, si estás en política, es para cambiar las cosas. Y las cosas solo se cambian desde las instituciones. Es una pena decir esto, me gustaría que las cosas se pudieran cambiar desde las calles, pero como ese sistema dejó de funcionar después de la Revolución Industrial, nos encontramos con esa situación. De todas formas, mi objetivo ahora mismo obviamente es acabar la carrera. Me gustaría, como a muchos jóvenes, ser funcionario en un Ayuntamiento, concretamente Técnico de Urbanismo. No por esto hay que denigrar a los funcionarios. Hay una imagen de que todos los jóvenes quieren ser funcionarios, pero nada más lejos de la realidad. El tipo de trabajo cambia y ahora mismo hay muchos jóvenes que quieren serlo, y es algo bueno porque significa que la gente confía en la Administración Pública, y eso ha ido cambiado con los años.

¿Santander es una ciudad atractiva para la Juventud?

Santander es una ciudad de parches. No se pueden hacer propuestas y medidas cortoplacistas que no piensan más allá de la reelección

Es una respuesta difícil. Lo sería si, por ejemplo, cada barrio de la ciudad no perdiera su esencia. La gente joven busca sentirse integrada en un espacio aunque no esté siempre allí. Les gusta sentir un vínculo con algo, y es algo que no se puede perder. El problema es que da la sensación de que los barrios, a día de hoy, parece que tienen menos identidad, y en el caso de Santander es muy difícil emprender o crear una vida aquí para la gente joven. Santander es una ciudad para funcionarios y gente que trabaja en el sector servicios, y la gente joven aquí lo tiene extremadamente difícil. También por la falta de vivienda asequible, la falta de oportunidades o la falta de implicación del Ayuntamiento. Como la mayoría de las ciudades costeras, está enfocada para la gente mayor, y eso también provoca un efecto de retracción para los jóvenes. Santander podría ser una ciudad perfecta para la gente joven, con el fomento de otros pueblos con el teletrabajo, pero estamos a años luz de eso, y otras ciudades nos pueden ganar fácilmente a día de hoy.

¿Desde el Ayuntamiento se escucha a los jóvenes en Santander?

Poco. La juventud se siente muy alejada de la clase política, y es algo normal por la confrontación y la crispación que existe en la actualidad. A eso hay que sumar que da la sensación de que la Administración está muy alejada y nada modernizada, lo que aleja más a la juventud, incluso aunque esté implicada. Y eso ocurre porque a la clase política le cuesta mucho escuchar a la gente joven porque a veces nos toman poco en serio. Si una persona joven entra en política y ocupa un puesto, al final llega el que dice que los jóvenes viven de la política y comen del bote, y dicen que todos somos iguales. Pero es muy significativo que en el Ayuntamiento de Santander el único menor de 30 años era Portilla, y ya no lo es. Es una plantilla muy envejecida, y lo mismo ocurre en el Parlamento de Cantabria. No quiero decir con esto que ahora tengan que entrar todos los jóvenes en las instituciones ni que tengan que estar en primera línea. El director general de Juventud no es que tenga que ser necesariamente un joven, pero tiene más de 50 años. Han pasado dos generaciones. Es muy poco atractivo.

Le pregunto como joven. ¿No sería más conveniente que las instituciones introdujesen a personas más cercanas a las nuevas generaciones?

Hay una solución que, por ejemplo, se hace en Navarra, si no me equivoco. Allí hay una simulación parlamentaria de gente joven, y eso podría acercar muchísimo. En Santander había un Consejo de Jóvenes, pero la última vez que se convocó fue en 2021. Eso es bastante significativo. ¿Por qué no se convoca ahora? Si miras en el listado de asociaciones juveniles vas a ver muchas, pero muy pocas están activas. Se puede abrir a todo tipo de juventud, pero ¿cómo se promociona? Si se utilizan los canales del Ayuntamiento o los centros cívicos, no llega. No tienen TikTok ni redes sociales que sean identificativas. El Espacio Joven lo sigue muy poca gente. Si las herramientas que existen, como el Consejo de la Juventud de la ciudad o el de Cantabria, llegaran realmente a la juventud, o se creara esa simulación parlamentaria, sería un aliciente para que la gente joven se sienta identificada con la política, independientemente de la ideología. Una cosa no tiene que ver con la otra, mientras tengamos una idea en conjunto de querer cambiar la sociedad en el sentido de mejorar las cosas, pues perfecto.

Todos los vecinos de Santander son de primera, pero el Ayuntamiento no cumple, y eso hace que existan vecinos de primera, de segunda y de tercera

¿Hacia dónde deberían de caminar las políticas municipales y regionales?

Esto puede ser un tópico, pero la participación ciudadana es muy importante. Yo he estado implicado en la adaptación del Plan del Cambio Climático en Santander. Como geógrafos, hemos participado en la elaboración de cuestionarios o encuestas que han realizado los técnicos. Esa participación es muy importante, porque en este caso concreto, lo que la gente no sabe es que si no se hace nada el barrio de El Sardinero va a quedar inundado en su mayor parte. Y todo el entorno costero tiene riesgo de inundación hasta la Avenida de la Constitución. Por eso es muy importante la participación, y hacia eso tiene que ir la política municipal. También la regional. Cuando se hace un proyecto de ley, se abre un periodo de participación pública. ¿Cuánta gente participa habitualmente? A excepción de la Ley del Juego, que contó con una alta participación, los ciudadanos no suelen hacerlo. Es algo que tampoco se promueve y es complicado porque se ponen muchas trabas. Hay que avanzar en esto y escuchar a la gente joven. Sobre todo, que se tenga en cuenta el futuro de la ciudad. No se pueden hacer propuestas y medidas cortoplacistas que no piensan más allá de la reelección cada cuatro años. Ese es el problema de Santander, que es una ciudad de parches. El año anterior a las elecciones se empieza a gastar dinero en rehabilitar calles, pero muchas de esas rehabilitaciones no se adecúan ni se integran en el barrio porque se hacen deprisa y corriendo. Al final te encuentras con calles que tienen parches constantes.

Ahora que menciona esto, ¿Santander es una ciudad con barrios de primera y barrios de segunda?

De primera, de segunda… y terminaremos teniendo barrios de tercera. No es una expresión que me guste especialmente porque creo que todos los vecinos de Santander son de primera, pero la Administración local no cumple su deber, y eso hace que existan vecinos de primera, de segunda y de tercera. En el Cabildo de Arriba es una pena que, estando tan cerca del centro de la ciudad, tengamos un barrio tan dañado y degradado, con vecinos que viven en situación de insalubridad total y absoluta, pero a cinco minutos tenemos viviendas que valen hasta 400.000 euros. Está claro que eso son barrios de primera y de segunda. Lo mismo ocurre en la zona de Cueto. Es bastante significativo que ahora están con los procesos de especulación urbana al haber mucho suelo disponible. Se están construyendo viviendas unifamiliares con valor de cientos de miles de euros, y al lado están viviendas tradicionales unifamiliares que no se integran ni al tipo de población ni al tipo de realidad social que hay allí. Eso sigue generando que haya vecinos de primera, segunda y tercera. Y es una pena porque eso trasciende a la juventud y nos encontramos con que Santander va a seguir atrasada más de 50 años en comparación con otras ciudades. Es algo que no nos podemos permitir.

“Si no se regula el problema de la vivienda vamos a ser Cuba, porque la gente joven no...
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