sábado. 04.02.2023
FELIPE GÓMEZ-PALLETE

“La política hace un uso intenso, profundo y extenso de las facultades que tiene la inteligencia artificial”

El ingeniero Felipe Gómez-Pallete analiza la situación de la inteligencia artificial en nuestra sociedad y vindica una movilización social ante los riesgos que supone para el individuo la falta de control y regulación.

Felipe Gómez-Pallete, autor del libro ‘Que los árboles no te impidan ver el bosque. Caminos de la inteligencia artificial’ | Foto: edc
Felipe Gómez-Pallete, autor del libro ‘Que los árboles no te impidan ver el bosque. Caminos de la inteligencia artificial’ | Foto: edc

Felipe Gómez-Pallete (Reinosa, 1944) se formó como ingeniero de minas, pero su trayectoria profesional y divulgativa ha estado centrada en áreas muy diferentes. Fundador de la Asociación por la Calidad y Cultura Democráticas, desde este laboratorio de ideas impulsa la formación de una sociedad ilustrada para hacer frente a los retos que la tecnología y la inteligencia artificial plantea en la actualidad. Su último libro, ‘Que los árboles no te impidan ver el bosque. Caminos de la inteligencia artificial’ (escrito junto a Paz de Torres), plantea una llamada al activismo social ante un proceso que define como “inquietante y prometedor”. Este viernes, 2 de diciembre, protagoniza un debate organizado por la Unión de Profesionales Progresistas (UPP), una de las numerosas citas que, a tenor de la buena acogida del libro, está poniendo en marcha desde el pasado mes de septiembre. No será la última, pues a principios de 2023 ya tiene previstas conferencias, mesas redondas y debates en Madrid, Oviedo, Murcia, Valencia y, de nuevo, Santander.

Participa en Santander en una charla sobre la inteligencia artificial. Ahora mismo, ¿en qué punto está la sociedad en su aplicación?

Hardware, software, datos y robótica, eso es la inteligencia artificial. Nada nuevo bajo el sol

Hay lo que yo llamo una curiosidad latente. Hay mucha gente que quiere saber lo que es eso, que sospecha que hay algo gordo, pero que no sabe cómo enterarse. Hay una concienciación importante de que esto es muy trascendente para la vida de cada uno, pero hay un despiste general. De hecho, el libro que hemos hecho sobre inteligencia artificial está pensado para el lector que quiere saber, que sabe que es importante, pero no sabe por dónde hincarle el diente.

Entonces, ¿qué es la inteligencia artificial?

Hay que diferenciar entre la cosa y la frase. La frase es una tontería. ¿Cómo vamos a reproducir algo que no sabemos lo que es? No sabemos lo que es la inteligencia, ni cómo surge de la materia, ni cuándo… Sabemos para qué sirve, para razonar, pero no hay consenso sobre lo que es. La expresión no hay por dónde cogerla.

Sobre la cosa, es cualquier dispositivo que tenga capacidad de cómputo, de cálculo, que tenga un software, que tenga datos que manipular, y en algunos casos, no en todos, que tenga capacidad para moverse. Hardware, software, datos y robótica, eso es la inteligencia artificial. Nada nuevo bajo el sol.

Con esta definición, dependemos de la inteligencia artificial en nuestro día a día, ¿no?

No hay espacio de la vida humana que no haya sido pisado por la inteligencia artificial

Solemos decir que en el mapamundi de la vida ya no hay tierra ignota para la inteligencia artificial. No hay espacio de la vida humana que no haya sido pisado por la inteligencia artificial. En cualquier rama de la ciencia, la técnica, el pensamiento… está presente, cada día más. Mires para donde mires. Por eso nos extraña mucho que, sabiendo que eso es así, no haya una revolución social. Nadie protesta, nadie vindica hacia dónde va.

¿Y hacia dónde camina la sociedad gracias a esta inteligencia artificial?

No se puede negar que gracias a estos portentosos avances se están consiguiendo cosas verdaderamente maravillosas. Hay exoesqueletos que permiten andar al que no ha andado nunca. Se permite ver, permite concluir la décima sinfonía de Beethoven. Ahora, la pregunta que nos hacemos es: ¿y esto cómo se regula? Nada que sea ilimitado puede ser bueno. Y aquí viene la gran cuestión. Regulamos, o intentamos regular, los instrumentos tecnológicos de inteligencia artificial que ya están en Europa. En Estados Unidos y en China es otra cosa. Pero, ¿y en origen? ¿Quién dice qué desarrollar y qué no? ¿Cuáles son las esencias del ser humano que no estamos dispuestos a sustituir por máquinas? En nombre del valor añadido, nadie responde.

La tecnología está sustituyendo al hombre en muchos ámbitos como el laboral o el social. ¿Qué futuro ve para la gente? ¿Se formarán nuevos empleos o desaparecerán?

Estamos en un fenómeno de prescindencia, nos estamos autoexcluyendo de nuestra propia sociedad

Es un debate muy antiguo, tiene medio siglo. La tecnología quita algunos empleos, pero crea otros nuevos. El balance no está nada claro. La llamada inteligencia artificial se puede ver desde diferentes puntos de vista. Desde el laboral, que alguien me explique dónde está el ser humano cuando un traductor está a punto de ser una especie en peligro de extinción o cuando el pulso de un robot es más infalible que el de un cirujano. Los filósofos dicen que hemos dado el poder de decir la verdad y lo correcto a las máquinas, por lo que estamos en un fenómeno de prescindencia, nos estamos autoexcluyendo de nuestra propia sociedad.

En materia política, ¿vamos a mejor o a peor con la aplicación de esta tecnología?

Es de dominio público el uso hecho por administraciones como la de Donald Trump para inducir a votar determinada opción política porque han estudiado tu perfil. Te rodean de tal manera que depositas tu voto por una opción o por otra. La política hace un uso intenso, profundo y extenso de las facultades que tiene la inteligencia artificial, aplicada a las inclinaciones, tendencias y gustos del ser humano.

¿Cómo influye la inteligencia artificial en la sociedad?

Te puede ayudar, te puede inducir, puede decidir por ti e, incluso, puede actuar por ti. Es un continuum sibilino y silencioso que puede llevarnos a que estemos de más. Y todo por nosotros mismos.

¿Cómo lo regulamos?

El discurso oficial es notoriamente favorable a las bondades de la inteligencia artificial, que existen, pero todo debe tener sus límites

Empezaré a creerme que es posible la regulación cuando los poderes reguladores se planteen: ¿y esto, para qué? ¿Qué esencias del ser humano quiero que sigan siendo humanas? Mientras estas preguntas no se hagan, esto es barra libre. Todo en nombre del progreso.

Como profesional, ¿cómo valora la situación?

Nos sentimos muy envidiosos, y me explico. Cuando lanzamos no sé cuántas toneladas de partículas nocivas para el Medio Ambiente y provocamos una crisis climática como la que estamos padeciendo, la población global se planta. Es cierto que ha costado. Pero todos los años emitimos trillones de bites al espacio digital. Si pago algo con tarjeta, saben lo que he tomado y a qué hora, y a través de nuestros teléfonos, incluso sabrán con quién y dónde. ¿Hay alguna protesta mundial por esto? No, y por eso soy profundamente envidioso. No hay un quejido cívico en contra de esto.

¿Hemos renunciado a nuestra privacidad?

Totalmente, y de ahí nuestra envidia. ¿Cómo podemos ser tan pasivos cuando nosotros mismos estamos creando el problema? Si nosotros damos charlas es para ver si alguien protesta y se pregunta a dónde vamos. El discurso oficial es notoriamente favorable a las bondades de la inteligencia artificial, que existen, pero todo debe tener sus límites. No hay nada ilimitado que sea bueno. En ese sentido, somos muy adolescentes, creemos que todo es jauja.

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