viernes. 12.04.2024

Sergio Pascual (Plasencia, 1977) fue testigo de excepción de los primeros años de Podemos. No solo eso, como secretario de Organización de la, por entonces, recién nacida formación política, tuvo un papel fundamental en los intentos de erigir una estructura organizativa por todo el territorio. Tras las elecciones de diciembre de 2015, sin embargo, Podemos experimentó diferencias internas que derivaron, como él mismo señala, en una “batalla campal organizativa” que, entre otros acontecimientos, supuso su cese como secretario de Organización. Ahora, siete años después, plasma en el libro ‘Un cadáver en el Congreso. Del sí se puede al no se quiere’ sus vivencias y recuerdos de aquella época con un relato que tiene tintes de thriller político. Pascual ha pasado por la librería Dlibros de Torrelavega para presentar su obra, y eldiariocantabria.es le acompañó en esta ocasión.

¿Ha sido muy difícil afrontar un libro como este? Desvela algunos momentos no solo íntimos de Podemos, sino suyos.

Emocionalmente fue difícil en algunos momentos. En otros fue liberador. Tenía ganas de contar cómo yo tuve contradicciones importantes, personales, a la hora de tomar decisiones trascendentales. Y también hubo muchos momentos difíciles en aquellos años que no están en el libro porque me parecía que lo pertinente no era contar agravios, sino más bien contar aquellas cuestiones en las que creo que otros pueden aprender de mi reconocimiento de dificultades, errores o contradicciones personales. Pero todas se reviven, las que se escriben y las que no. Tuvo también sus momentos hermosos, volver a hablar con muchos amigos, amigas, compañeros y compañeras. Para escribir el libro he tenido que hablar con muchos de ellos. Ha sido agridulce, como muchas cosas en la vida.

Podemos no encontró un mecanismo para dirimir sus diferencias políticas de una forma razonable, sana y democrática

¿Qué le lleva a querer contar su punto de vista de aquella época?

Personalmente, necesitaba revisitar algunos de los momentos en los que tomé decisiones que creía que no habían sido del todo correctas, o en el mejor de los casos, que no habían sido bien argumentadas. Necesitaba revisitarlo para ajustar cuentas conmigo mismo. Y me parecía que eso podía ser útil para otra gente que tuviera responsabilidades similares. La autorreflexión me parece más útil que otro ensayo político que busca ajustar cuentas con terceros. Cuando uno se mira a sí mismo y expone los errores que cometió y las dificultades que tuvo, suele ser más pedagógico.

¿Tuvo Podemos un problema de definición de su modelo? En sus páginas se muestra una diferencia entre el objetivo asambleario y una figura a la que seguir.

En Podemos confluyen multitud de corrientes ideológicas de la izquierda a la izquierda del PSOE en España que solamente estaban de acuerdo en que había una ventana de oportunidad para convertirnos en hegemónicos. El problema está en que, cuando llegamos al 20 de diciembre de 2015 y las urnas nos dan la fuerza que nos dan, ahí afloran las diferencias que ya traíamos porque la izquierda es plural. Para mí, el gran problema no fue que unos fueran más asamblearios o que pablistas y errejonistas tuviéramos más claro que necesitamos un instrumento más vertical en ese momento inicial y luego algunos pensamos que había que transformarlo. Todo eso es circunstancial. Lo que no encontramos fue un mecanismo para dirimir nuestras diferencias políticas de una forma razonable, sana y democrática, y nos metimos en una batalla campal organizativa que ocultaba la ausencia de posibilidad de discutir políticamente a calzón quitado sin que tuviera consecuencias letales en términos políticos. Creo que eso se está haciendo mejor ahora mismo en esta nueva plataforma, Sumar. En lugar de pretender alinear a todas las izquierdas bajo un partido único, lo que dice es que somos plurales y tenemos que llegar a acuerdos más confederales.

La gente no nos perdonó no desbancar a Rajoy cuando pudimos

Ya que habla del proyecto que impulsa Yolanda Díaz, ¿cree que Podemos debe sumarse a esta plataforma?

Por supuesto, creo que Podemos tiene y quiere ser parte de esta plataforma amplia. Así lo han expresado públicamente sus dirigentes.

¿No hay riesgo de que la fuerza de Podemos disminuya estando dentro de Sumar?

No lo creo. La gente que respalda a organizaciones políticas como Podemos, Compromís, Izquierda Unida, los Comunes en Cataluña… es gente muy informada que sigue el día a día de la política y que va a saber que nuestra organización va a ser parte de algo más amplio como es una plataforma electoral que puede que luego tenga alguna vida propia política. Nos vamos a saber identificar dentro de ese espacio, Podemos puede perfectamente sobrevivir dentro de Sumar.

¿Fue un error no contar con IU en la creación de Podemos? ¿Y en las elecciones de 2015?

Es muy difícil hacer política ficción sobre qué hubiera pasado en caso contrario. Este no fue un debate tan estratégico, sino mucho más táctico. El problema no era acabar juntos en algún espacio político, sino si tácticamente era bueno o no presentarse a las elecciones junto a ellos en 2015 y luego en 2016. Iglesias pensó que había que intentar, por todos los medios, sumar ese millón de votos para superar al PSOE y darle la vuelta al bipartidismo, y Errejón pensaba que no se podía hacer eso, que Podemos debía ser un ‘outsider’ de la política española para conseguir superar al PSOE por la vía de convertirse en el partido que más se parecía al votante de la izquierda española. Una discrepancia táctica que tal vez escondía también una discrepancia política de fondo: Pablo lee la política en términos de dinámica de poder e Íñigo en términos de dinámica de comunicación política. Pero no había nada más. Es imposible saber qué hubiera pasado porque, para mí, unirnos con IU o no fue irrelevante en términos electorales.

La gente vota según los marcos de cada momento, y el de 2015, que difícilmente volverá, fue el mejor para Podemos

Lo realmente relevante fue desbancar a Rajoy en 2016. La gente no nos perdonó no desbancar a Rajoy cuando pudimos. En el libro cuento una anécdota sobre esto, y es el subtítulo del libro. Decepcionamos a mucha gente, no nos dimos cuenta de que Podemos significaba cosas diferentes para la gente. Para mí, Podemos significaba “podemos superar al PSOE y cambiar la historia de España”; para muchos, significaba “podemos echar de una vez a Rajoy”. Y cuando pudimos y no lo hicimos porque apostamos a nuestras propias metas, nos encontramos con que mucha gente quedó decepcionada.

Podemos recogió el malestar de mucha y muy variada población. ¿No habría sido más conveniente haber definido mejor los objetivos del partido?

En octubre de 2015, antes de las elecciones, hubo una encuesta del CIS en la que preguntaban dónde situaban en la escala ideológica a Podemos, y estaba a la izquierda de IU. La gente supo desde el principio que éramos una organización de izquierdas. ¿Qué sucedía? Que fueron a las elecciones de 2015 con un doble paradigma: viejo-nuevo y Rajoy Sí-Rajoy No. Si hubiera sido izquierda-derecha, honradamente creo que no nos hubieran votado tanto. Pero sumando todas esas fuerzas, conseguimos lo que conseguimos.

A partir de enero de 2016, el eje cambió radicalmente de nuevo. Se reordenó el espacio. El PSOE se ubicó en el centro del tablero y se planteó negociar a su derecha con Cs y a izquierda con Podemos. En esas elecciones ya dejó de ser nuevo-viejo y habíamos decepcionado a la gente con Rajoy Sí-Rajoy No, por lo que nos dejamos un millón de votos en casa. En las siguientes elecciones entró la cuestión catalana, luego Vox… La gente vota en función de los marcos de la disputa electoral de cada momento, y la de 2015, que difícilmente volverá, fue la mejor para nosotros.

En el libro habla de déficits organizativos que incluso se arrastran hoy en día. ¿Es este uno de los problemas que el partido tiene que resolver más pronto que tarde?

Hemos perdido grandes sectores de Podemos por esa incapacidad de ceder autonomía a los territorios, y es un problema que continúa

Tuvimos muchos problemas, uno de ellos que no pudimos canalizar todo el talento probado que había en la sociedad y que se acercó a la organización. Eso lo ha sabido hacer muy bien Sumar, y la prueba es que han presentado un programa transformador. El otro problema fue darle vida real a la organización en el territorio. La hipercentralización que en parte se requería para combatir en una guerra relámpago que teníamos en 2015 nos hizo desconfiar de la gente del territorio. Les cortamos las alas, y eso hizo que mucha gente muy válida se fuese a su casa porque no quería estar en una organización vertical y militarizada. Insisto, en parte era la que necesitábamos, pero tenía unos costes internos brutales. Al día siguiente de las elecciones generales de 2015 yo ya escribí que teníamos que darle un giro radical a esto y devolverle el poder a la organización de base. Eso no se hizo, y eso ha contribuido al desgaste. Cuando no tienes autonomía política en tu territorio, no interesa tanto.

Esto que comenta, además, convierte a Podemos en un partido más tradicional, como PSOE o PP, cuyas decisiones en el territorio muchas veces vienen por orden de Madrid. ¿Eso cambió la percepción sobre la formación?

Los diputados no pintan nada en el Congreso, lo que pintan son los grupos

Completamente. Creo que es un déficit que tuvimos de origen. En parte se paliaba porque Compromís se acercó a Podemos en las primeras elecciones, porque En Comú es una suerte de confederación con nosotros. Pero en otros territorios fue un lastre. En Andalucía provocó que la fuerza mayoritaria, los Anticapitalistas, se fueran porque no tenían autonomía política en el territorio. Hemos perdido grandes sectores de la organización por culpa de esa incapacidad de ceder autonomía a los territorios, y es un problema que continúa. Como dices, no solo en Podemos, también en PSOE, en PP…

Hay un capítulo en el que menciona la percepción de que la gente vota un candidato, pero en realidad es un partido en el que los diputados no tienen libertad de voto.

Hay un momento en el que digo que los grupos parlamentarios han hackeado la Constitución. Si uno busca, ahí no existe el término grupo parlamentario. Solo se habla de diputados. En partidos, pero diputados. Y los diputados autonómicos que aparecen en la Constitución no pintan nada en el Congreso, lo que pintan son los grupos. Esto está tan interiorizado que cuando coges una papeleta, aunque no aparezca Pedro Sánchez, la gente cree que está votando a Pedro Sánchez, y de facto es lo que sucede.

¿Cómo ve la situación actual de Podemos tras su paso por el Gobierno? ¿Hacia dónde debería dirigirse?

Podemos ha espantado en buena parte los temores que había a que esa izquierda no supiera o pudiera gobernar

Como militante de base, que lo sigo siendo, creo que Podemos ha consolidado un electorado a la izquierda de la izquierda del PSOE, con una frontera muy impermeable entre ese electorado y el del PSOE, que representa entre el 10 y el 15% de la población española. Y creo que ha espantado en buena parte los temores que había a que esa izquierda no supiera o pudiera gobernar. A las pruebas me remito. Este Gobierno está siendo prolífico, y una buena parte de las medidas que se están tomando llevan la firma de Podemos. De hecho, por eso la derecha insiste tanto y tan duramente en tratar de manchar algunas de las últimas leyes que están en boga permanentemente. Creo que el interés fundamental no es solo la cuestión ideológica, sino el intento de manchar una gestión de Podemos extremadamente positiva en el Gobierno, que ha expulsado para siempre la idea de que no sabemos o no podemos gobernar. Esa idea de que somos idealistas con utopías muy hermosas que no sabemos llevar a la práctica ha cambiado. Podemos tiene unas bases más sólidas, un campo electoral más reducido, es evidente, pero más real.

A partir de ahí, ha sabido ver que esa fortaleza la puede sumar a plataformas que trascienden esa frontera de forma constructiva. La tarea sigue siendo el territorio. Hay que lograr fortalecer a los cuadros organizativos en el territorio y tener la misma solvencia. Y la única forma es dando autonomía.

“Podemos puede sobrevivir perfectamente dentro de Sumar”
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