jueves. 25.04.2024

La vida política de Cantabristas está muy ligada a las elecciones de 2019, cuando la joven formación se presentó por primera vez a unos comicios. En aquel momento, Paulu Lobete (Santander, 1991) lideraba una formación con poca experiencia pero con las ideas muy claras de lo que querían para Cantabria. Ahora, cuatro años después, la situación es diferente. Lobete repite como candidato a la Presidencia de la Comunidad Autónoma, pero con más experiencia y el trabajo realizado a lo largo de la legislatura, que se ha traducido en propuestas y un mayor apoyo de la sociedad. Hablamos con el secretario general en la sede de la formación sobre el programa electoral, las propuestas de Cantabristas y el balance de esta legislatura.

Segundas elecciones que afronta al frente de Cantabristas. ¿Qué experiencia saca de esta legislatura?

Han sido cuatro años de trabajo intenso y aprendizaje. Somos una fuerza que ha cambiado mucho, hemos crecido como organización, somos más gente y tenemos más medios para poder afrontar el trabajo que tenemos por delante. Y hemos crecido porque hemos aprendido mucho de la política de Cantabria, algunas cosas buenas y otras muy negativas. Hemos tenido oportunidad de coincidir con gente de otros partidos, con personas que toman decisiones, y hacernos un mapa sobre la situación en Cantabria. Han sido cuatro años de trabajo continuado, intenso y de plantear propuestas. Mucha gente recordará la propuesta de transportes.

¿Qué respuesta está encontrando en la sociedad?

Los alcaldes, muchas veces, están favoreciendo los intereses de las élites que llegan de fuera

Creo que está siendo muy positiva. Hemos puesto sobre la mesa algunos temas que no estaban en el debate político de Cantabria, o al menos no de forma habitual, y son temas que preocupan a la gente, como el modelo hacia el que tiene que avanzar Cantabria, la cuestión del turismo masivo, la situación de la gente joven, la emigracion juvenil. Son temas que, desgraciadamente, no se oían ni se debatían mucho, pero que, de alguna manera, hemos conseguido trasladar y que estén en la agenda. Pensamos que lo que decimos conecta bien con una gran parte de la gente de Cantabria, y lo que vemos es que todavía nos falta mucha gente a la que llegar y con la que conectar. Una gran parte de la gente está de acuerdo, comparte nuestro diagnóstico y nuestras soluciones, y esperamos que puedan conocer nuestro proyecto poco a poco y eso se traduzca en apoyo electoral.

¿Cómo ha crecido la formación en este tiempo? ¿Qué papel jugarán a nivel municipal?

Tenemos gente trabajando en diferentes municipios. En algunos lugares se plasmará en candidatura y en otros no. Por ejemplo, en Torrelavega tenemos colaboración con ACPT, por lo que no presentaremos candidatura allí. Es lo mismo que nos ocurre en Castro Urdiales, donde tenemos una relación cercana con CastroVerde, o en Laredo, con Sí Se Puede Laredo. Lo que hacemos como planteamiento político es no entorpecer el trabajo de la gente que consideramos que piensa como nosotros o comparte nuestra forma de ver las cosas. Sabemos que tiene un coste, pero tiene que ver con nuestra forma de concebir la política a partir de ahora. Muchas veces se dice que la gente de Cantabria no nos apoyamos entre nosotros, y creemos que hay que empezar a cambiar eso. Hay que colaborar, respetar el trabajo que se viene haciendo en los municipios y que las formaciones autonómicas no seamos apisonadoras, sino herramientas útiles.

¿Qué puede aportar un partido como Cantabristas a un habitante de Cantabria que sea distinto a otros partidos?

Defender sus intereses y su tierra. Y a nivel de los pueblos, defender a sus habitantes frente a los intereses especulativos de quienes llegan para hacerse un chalet o montar una instalación de cualquier tipo. Hay un conflicto que estamos señalando y que en el futuro creo que estará en la agenda política, que es la transformación de los pueblos a través del modelo turístico que está llegando. Lo estamos viendo en la costa occidental, se están transformando profundamente, como es el caso de Udías. Los alcaldes, muchas veces, están favoreciendo los intereses de estas élites que llegan de fuera, porque quieren participar y compadrear de ese mundo. Y lo que Cantabristas ofrece es lealtad y defender los intereses de la gente de Cantabria, de la gente normal y trabajadora. Y para toda la población, la defensa de lo público y del interés general. Hay un edificio entero en Santander que se va a reinaugurar para ser pisos turísticos, y es un problema que estará en la agenda en los próximos años.

Tenemos mucho que aportar y podemos defender los intereses de una gran parte de la gente

¿Qué espera de este 28M un partido como Cantabristas?

Obtener la máxima fuerza posible. Vamos a hacer una campaña con todo, ojalá obtengamos la confianza de la gente para entrar en el Parlamento de Cantabria. Tenemos mucho que aportar y podemos defender los intereses de una gran parte de la gente. Pero quiero dejar clara una cosa: independientemente de si obtenemos esos apoyos ahora o no, seguiremos perseverando y trabajando, como hemos hecho estos cuatro años, presentando propuestas y dibujando una alternativa que creemos que es posible. Lo haremos tanto desde dentro del Parlamento como desde fuera.

Su programa se basa en ofrecer un nuevo modelo para Cantabria. ¿Cuál diría que es el punto de partida de ese nuevo modelo?

Voy a poner un ejemplo. ¿Tiene sentido que la Administración de Cantabria invierta cada año millones de euros en generar actuaciones como bancos gigantes, hacer un aquapark, todo tipo de miradores y atractivos turísticos, en lugar de apoyar a sectores estratégicos para el desarrollo de Cantabria y que están atravesando dificultades o fomentar que se desarrollen otros, como el sector agroalimentario o la industria biosanitaria? En nuestra opinión, no. Las prioridades deben ser fortalecer otros sectores para que la economía de Cantabria sea diversa y tenga una fortaleza mayor que la que tiene una economía que se basa exclusivamente en el turismo. Esa es una de las cuestiones, poner el foco en la diversificación. Y luego hay algo que tiene que ver con lo territorial. Durante estos cuatro años hemos hablado mucho de la Ley del Suelo por dos cuestiones: una meramente medioambiental, no podemos seguir hormigonando eternamente las mieses porque tienen que tener un valor de cara al futuro; la otra es económica. ¿Queremos dedicar el suelo fértil a que se construyan segundas residencias y chalets de veraneo para la gente adinerada de grandes ciudades? ¿O queremos dedicarlo a fines productivos? Por ejemplo, a la producción alimentaria, que tiene que ser fundamental en el nuevo modelo. La Ley del Suelo lleva a un modelo que apuesta por volver al ladrillo y al colonialismo turístico de las clases altas, que adquieren prados por cantidades astronómicas de dinero y encareciendo también el precio de la vivienda de Cantabria.

La Ley del Suelo lleva a un modelo que apuesta por volver al ladrillo y al colonialismo turístico de las clases altas

Vuestra propuesta combina un impulso de la industria y la investigación y la conservación del medio natural. ¿Cómo se puede conseguir?

Por un lado, apostando por la investigación y desarrollo. La industria que se está creando son pequeñas empresas de transformación en el plano agroalimentario, biosanitario, de autopiezas… Pero no son industrias de un gran modelo. Apostamos por un modelo industrial que no requiera gran cantidad de suelo para su actividad y que se distribuyan por el territorio de acuerdo con una ordenación que tenga un sentido. No estamos a favor de crear polígonos solo por crearlos. El suelo industrial es condición necesaria para que haya actividad industrial, pero el simple hecho de crear nuevos polígonos no genera actividad económica per sé. Más cuando hay suelo industrial que no se utiliza, como es el de Sniace, que hay que reconvertir con urgencia para que se pueda seguir utilizando y sea la base de esa transformación productiva que necesitan la comarca del Besaya y Cantabria.

Cantabria parece ir precisamente en el sentido opuesto, teniendo cada vez más importancia el sector servicios. ¿Se puede revertir esta tendencia?

El turismo es un sector que políticamente da rédito porque tiene una venta muy fácil. En el mes de septiembre aparecerá el consejero de Turismo y el presidente de Cantabria dando datos de los millones que han venido este año. Hay que evaluar el impacto económico real, porque en los últimos años, con excepción de la pandemia, el sector ha crecido muchísimo, pero… ¿la gente percibe que esa riqueza se trasfiere a los hogares de Cantabria? Creo que en menor medida de lo que debería. Parte del problema del modelo es eso, genera desigualdad. Está explotando recursos de todos para enriquecer a poca gente.

Tenemos que ir al terreno de la regulación y del uso responsable de los espacios. Masificar más espacio no tiene sentido, hay que dar alternativas para preservar y garantizar la calidad de los espacios. Queremos que haya turismo y que siga habiéndolo durante muchos años. Hay que buscar fórmulas para compatibilizar, por una parte, la vida de la gente de Cantabria con el turismo, y por otra, encontrar un equilibrio entre el uso de los recursos, la preservación del Medio Ambiente y el turismo. Y se puede hacer con políticas públicas.

Por lo que me dice, entiendo que su postura ante macroproyectos como el parque acuático que se planea en Sierrallana es evitarlos o buscar una mejor regulación, ¿verdad?

Hay que superar la crisis de legitimidad que atraviesa la izquierda de Cantabria, y eso se hace construyendo un modelo propio

Hay muchos motivos para oponerse a un proyecto como ese. En primer lugar, ¿estamos en una transición ecológica y vamos a crear una infraestructura que gasta ingentes cantidades de agua? ¿Que busca atraer un mayor turismo no se sabe muy bien cómo? Porque no creo que venga más gente porque haya un parque acuático en Torrelavega. Hay que tener un planteamiento estratégico. Creo que son infraestructuras que no son útiles y son dañinas para el Medio Ambiente. Avanzan hacia un modelo que no lleva a ningún lugar. Los recursos públicos se tienen que destinar hacia la transformación del modelo productivo. Además, Cantabria tiene un patrimonio de prehistoria único en el mundo. Y montar un parque acuático temático como este me parece que es hacer Terra Mítica en Atenas: una frivolidad y una estupidez.

Hablando de cultura, y sobre los conciertos del Año Jubilar Lebaniego, ¿tienen algún sentido más allá del protagonismo político?

En el Año Lebaniego hay un planteamiento que se basa en la atracción de turistas a través de grandes eventos, como los conciertos de grupos importantes que se han anunciado. No es malo per sé, pero habría que pensar por qué no utilizar el Año Lebaniego, ya que se supone que atrae turismo y riqueza, para que eso se plasme en actuaciones culturales en todos los pueblos, en dinamizarlos, en que se distribuya y no se limite a dos o tres grandes eventos que salen en las televisiones o los medios. Porque además, cuando se traen a grandes artistas a Cantabria, los medios extranjeros ni siquiera saben dónde ha sido. ¿Eso tiene impacto turístico para Cantabria? Y quiero hacer otra reflexión. ¿Es necesario invertir recursos públicos para atraer más turismo? ¿Hay un problema de atracción de turismo en Cantabria? Yo creo que no. Al contrario, están todos los factores para que tenga cada vez más turismo sin hacer menos.

La región pierde población año tras año, sobre todo en el mundo rural. ¿Cómo se puede frenar esta tendencia cuando desaparecen ambulatorios, bancos…?

En los pueblos, en primer lugar, tenemos un problema urbanístico. Los núcleos están vacíos, muchas veces carentes de rehabilitación y en otros por viviendas que están cerradas aunque están bien. La Ley de Vivienda era una oportunidad para movilizar eso, pero nos parece un poco tibia en este sentido. Hay que generar una bolsa de vivienda animando, al menos, al alquiler. Para eso hay que hacer un plan de rehabilitación, y proponemos bonificar la rehabilitación de viviendas rurales hasta el límite que se pueda llegar. Que la gente pueda arreglar su vivienda para primera vivienda.

En la cuestión del alquiler se pueden poner medidas para que la gente pueda ir a vivir a estos lugares. Evidentemente, hay un problema de prestación de servicios. No se ha abierto una sola escuela rural en Cantabria en las últimas décadas, pero ni siquiera un mísero programa piloto en una zona o intentar dotar de servicios alguna zona e intentar animarla.

La mayor parte de la gente ya valora la riqueza de nuestra diversidad y nuestro patrimonio lingüístico, y desgraciadamente en la política parece que ha llegado en menor medida

Y hay una cuestión que tiene que ver con la economía, que al final es el problema en gran parte. Los pueblos tienen muchos recursos sin explotar, mucho suelo para el sector primario, espacios para industrias de transformación agroalimentaria. Vamos a intentar poner los mecanismos para que la gente joven monte una empresa en ese sector. También fomentar el cooperativismo en el ámbito agrario, es algo pendiente desde hace décadas para salvar una parte de lo que queda del sector agrario.

¿Cantabria es una región diversa? Lo pregunto porque es uno de los puntos más relevantes de su programa.

Es una sociedad diversa desde siempre, tanto interna como por las personas que nos enriquecen culturalmente con los lugares de origen a los que pertenecen. Y cada vez se manifiesta con más libertad. Reivindicamos eso porque nos parece que está en lo mejor de nuestros valores: la tolerancia y el respeto a los demás. En políticas públicas se ha avanzado en algunos sentidos, pero se tiene que avanzar más. La aprobación de la Ley LGTBI en Cantabria es un paso importante, pero tenemos algunas cuestiones pendientes. El tema de la brecha salarial sigue siendo preocupante. Hay una cuestión competencial que, en parte, depende de Cantabria, pero otra parte es estatal y esperamos que se vaya corrigiendo. Valoramos que haya habido avances, pero como fuerza política creemos que tenemos una responsabilidad en reivindicar eso. No está reñido defender Cantabria y defender que lo cántabro es diverso. El futuro es así, es una realidad más allá de lo que políticamente se quiera impulsar.

¿Qué ofrece Cantabristas para un votante de izquierdas que sea diferente a otros partidos?

Nuestra razón de ser es que somos autóctonos y tenemos un proyecto para Cantabria. Nos parece importante porque el 28 de mayo lo que la gente tiene que elegir es un proyecto para Cantabria, no con qué fuerza estatal simpatiza. Entendemos que en Cantabristas puede haber mucha gente que nos apoya y a nivel estatal simpatiza con Yolanda (Díaz), con Podemos o con otro partido. No está reñido. Pensamos que tenemos una manera de hacer las cosas que se ha demostrado diferente, con propuestas y trabajo serio durante estos años que la gente puede ver y valorar. Respetamos el trabajo del resto de fuerzas, hay sensibilidades diferentes, en la izquierda siempre ha sido así. Pero al mismo tiempo tenemos una visión a medio y largo plazo, y es que hay que superar la crisis de legitimidad que atraviesa la izquierda de Cantabria, y eso se hace construyendo un modelo propio, una izquierda propia, estable, en la que la gente pueda confiar, con un comportamiento ejemplar. Es la manera de hacerlo, aunque sea complicado y un proceso lento. Contamos con la desventaja de no tener un partido estatal, pero tenemos la ventaja de poder defender con libertad los intereses de Cantabria y sus gentes sin que nos digan lo que tenemos que hacer.

En Cantabria no hemos tenido la oportunidad de conocer en profundidad la cultura y la identidad del pueblo en el que vivimos

Cantabristas siempre ha defendido el patrimonio lingüístico. ¿Es posible que el cántabru consiga la importancia suficiente para entrar en las instituciones como ha ocurrido en otras comunidades?

Hay una asignatura pendiente en el tema del patrimonio y de la cultura de Cantabria. Se ha abandonado y se ha dejado de lado, en muchos casos por complejos. Afortunadamente, en el caso del patrimonio lingüístico, los complejos se están disipando, pero la política va detrás de la sociedad. La mayor parte de la gente ya valora la riqueza de nuestra diversidad y nuestro patrimonio lingüístico, y desgraciadamente en la política parece que ha llegado en menor medida. En Cantabristas estamos un poco solos en la tarea de defender esa parte fundamental del patrimonio. Miramos con cierta envidia a los lugares donde se ha cuidado más, porque donde las cosas se hacen bien, a largo plazo se nota. Se conserva mejor, el trabajo que hay que hacer es más sencillo. Aquí no se ha puesto interés. Vivimos en una comunidad que protege los bolos pero no las boleras. Se llega a auténticos absurdos administrativos porque van detrás del sentir general de la gente.

Nosotros no representamos una generación, pero sí acogemos un sentimiento generacional de decepción ante un mundo que cada vez es más complicado. Queremos vivir nuestra cultura y nuestro patrimonio con naturalidad, y es un derecho del que se nos ha privado. En Cantabria no hemos tenido la oportunidad, ni en el sistema educativo ni fuera de él, de conocer en profundidad la cultura y la identidad del pueblo en el que vivimos. Y ese reclamo de la gente joven de volver a eso también explica la naturaleza de Cantabristas y el porqué de nuestra implicación.

“Montar un parque acuático como el de Sierrallana es hacer Terra Mítica en Atenas”
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