miércoles 8/12/21

El pasado mes de julio el Boletín Oficial de Cantabria publicaba la Orden ECD/81/2018 de la Consejería de Educación de Cantabria, en la que establece la “tradición oral de Cantabria” como uno de los contenidos de una nueva asignatura sobre el patrimonio de la comunidad, en concreto el destinado al patrimonio inmaterial. De este modo, el cántabru estará presente en la formación de los alumnos de 3º de ESO en Cantabria.

Según la Orden de la Consejería de Educación, se pretende que el alumnado “identifique los principales rasgos de la modalidad lingüística tradicional de Cantabria”. Para ello, ese alumnado analizará y comprenderá “cuál era la finalidad de los cuentos y relatos de tradición oral”, recopilará y analizará “relatos orales de su entorno”, conocerá “ejemplos de los usos de la modalidad lingüística de Cantabria, tanto en el habla espontánea como en su uso en la literatura cántabra” y valorará “las formas orales que integran el habla cotidiana de los valles y comarcas de Cantabria”.

La iniciativa ha sido acogida de forma positiva por plataformas sociales y políticas como la Asociación para la defensa y la promoción del cántabru Alcuentru, que lo calificó como un “avance muy positivo”, y la Asociación para la Defensa de los Intereses de Cantabria (ADIC), que ha celebrado que la Consejería haya “enriquecido” el temario de la asignatura con este “imprescindible” elemento del patrimonio inmaterial.

Pero la defensa de esta tradición oral trasciende al ámbito puramente educativo, y poco a poco se va abriendo paso en diferentes frentes. De hecho, ya es una constante en los medios de comunicación generalistas de Cantabria, como demuestra el hecho de que eldiariocantabria lo ha incorporado desde hace más de un año publicando un artículo en cántabru todas las semanas y creando una sección de opinión específica titulada ‘Mugu’ (musgo en cántabru) escrita por Raúl Molleda. Parte de esos textos se han incorporado, además, al tercer volumen de ‘Diario de Opiniones’ presentado este jueves en la Librería Gil, dedicando al cántabru una sección específica.

A esto se suman diversos cursos en este lenguaje que cada año tienen una mejor acogida, entre ellos los organizados por la Asociación Alcuentru, y el salto dado a las redes sociales.

La lucha por el reconocimiento del cántabru viene de años atrás. De muchos años. La asociación Alcuentru ha recordado que “hace diez años pedimos la declaración de BIC (Bien de Interés Cultural) y nos lo rechazaron”, en contra de lo que ocurre en Asturias, donde se está “cerca de lograr la cooficialidad”.

Molleda ha recordado que esta tradición oral ha sido una cuestión “secularmente ignorada” y que “si ha habido una conciencia histórica de su existencia”, ésta pronto fue “transformada en mala conciencia”. “Incluso quienes hace ya décadas nos interesamos en el tema éramos gente formalmente adoctrinada en su desprecio si es que, como se suele decir, no hay mayor desprecio que no hacer aprecio”, asegura.

“Fue a raíz de un trabajo posterior de dignificación, lento y todavía incipiente, cuando empezó a remontar en términos de consideración y aceptación”, tanto que “la situación actual es precaria en cantidad y calidad de hablantes pero la mejor que ha habido en cuanto a aceptación, aunque dista mucho de ser óptima”, ha añadido. Molleda se muestra convencido igualmente de que el cántabru “debe ofrecer una propuesta cultural a la altura de su tiempo, liberarse de la acción minorizante que trata de convertirnos en todos en turistas despistados dentro de casa”.

Por su parte, el historiador, documentalista y bibliotecario del Sistema Sanitario Público de Cantabria, Mario Corral, apunta que “no creo que exista un cántabro original hoy desarbolado que haya que rescatar”. “Más bien creo que en eso que llamamos realidad hay una faceta que muchos estamos ordenando y sistematizando acertada o desacertadamente como cántabro, no sin razones”, añade.

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