jueves. 29.02.2024

El año 2023 será inolvidable para el fútbol femenino español. Por diversos motivos. Y deberían ser todos positivos, pues el fútbol femenino nacional vive el mejor momento de su historia y, en la actualidad, un equipo español es el vigente campeón de la Champions y la Selección es Campeona del Mundo. Pero, por desgracia, no es el caso. Aunque ese es otro debate que daría para escribir páginas y páginas y preferimos centrarnos en lo exclusivamente deportivo.

Entre las 23 elegidas que hicieron historia con ‘La Roja’ en Sídney se encuentra una cántabra: Athenea del Castillo, que ha llevado el nombre de ‘la tierruca’ por todo el mundo, aunque, en su región, las autoridades y los clubes no se hayan dignado ni a hacerle un simple homenaje. Pero eso, repetimos, que es otro debate que daría para escribir páginas y páginas y nosotros vamos a centrarnos en el fútbol, que es lo que verdaderamente importa.

Ese sueño hecho realidad de Athenea comenzó hace mucho tiempo, hace una década. Como el de muchas niñas que comenzaron a dar sus primeras patadas a un balón en Cantabria en unos años donde no estaba tan aceptado como ahora, donde sus padres y madres tenían que morderse la lengua y apretar los puños para no contestar a los improperios que vertían desde la grada los padres de los niños contra los que se enfrentaban. Una época cuando las niñas, en la mayoría de los casos, se veían obligadas a jugar con niños, a ducharse solas en un vestuario aparte y donde eran señaladas como “raras” o “poco femeninas” por hacer lo que les gustaba: jugar al fútbol. Algo tan sencillo como eso.

Una época, además, donde no era fácil jugar, donde no había opciones y donde muy poca gente apostaba por el fútbol base femenino. Las pioneras, en lo que a fútbol femenino se refiere, fue el mítico Reocín-Racing, que compitió en la máxima categoría del futfem español por aquel entonces, aunque distaba mucho del profesionalismo. En lo que a fútbol formativo se refiere, las que abrieron camino jugaban en la Bajada de San Juan.

Quien primero lo hizo fue el CD Monte Féminas, un club que, a día de hoy, continúa compitiendo a alto nivel pero que dista mucho de lo que fue aquel club pionero. Prácticamente, ni el nombre. Ni mucho menos los valores, el grupo humano, ni la forma de trabajar que tenía aquel club que fue el primero en Cantabria en tener un equipo completamente femenino en la base. Ese fue el primer paso, jugaban contra niños, como sigue sucediendo a día de hoy en categorías como alevín o infantil, pero las niñas ya tenían una opción para desarrollarse en un ambiente completamente femenino y practicar un estilo de fútbol más similar a lo que se van a encontrar en categorías nacionales.

En cambio, para ver un partido entre dos equipos femenino todavía hubo que esperar unos meses. No fue hasta septiembre del año 2013 cuando, por primera vez en la historia, se enfrentaron el CD Monte y el Reocín, que posteriormente pasaría a denominarse Racing Féminas, con un proyecto que encabezó, entre otras personas, la leyenda racinguista Pedro Munitis.

Aquel día había una expectación diferente, la sensación de que algo nuevo estaba comenzando, y la gente abarrotaba las gradas del campo de Monte. Las protagonistas, probablemente no recuerden siquiera aquel partido, y evidentemente no eran conscientes de que estaban haciendo historia para el fútbol femenino de Cantabria. Simplemente, al igual que hacían en el resto de encuentros contra equipos de chicos, salieron a disfrutar y a pasárselo bien con sus amigas.

Fue un partido de categoría alevín disputado el 21 de septiembre de 2013 y muchas de las jugadoras que se vistieron de azul -Monte- y rosa -Reocín- aquel día, continúan jugando a día de hoy en categorías nacionales. Algunos ejemplos son Elsa (Burgos CF), Marta (CD Pradejón), Daniela (Athletic “C”) o Mariajo (Racing).

Ese fue el primer partido oficial de la historia de Cantabria entre dos equipos femeninos. En cambio, la generación que abrió el camino fue la anterior, que en aquel año 2013 ya competía en categoría infantil. Se enfrentaron, también Monte y Reocín, en noviembre de ese mismo año en Puente San Miguel. Técnicamente no fue el primer partido oficial, sino el segundo, pero fue la generación que inició el camino.

¿Quién estaba en aquel partido de categoría infantil sobre el césped del Pepín Cadelo? Athenea del Castillo. En una década, el fútbol femenino de Cantabria ha pasado de presenciar sus dos primeros partidos de fútbol femenino y tener tan solo dos equipos, a contar con tres conjuntos en categoría nacional, una liga sénior propia con 18 equipos femeninos y a una jugadora Campeona del Mundo.

Pero Athenea no es la única que sigue compitiendo a día de hoy de la generación de las pioneras, también hay una cantidad de chicas que siguen compitiendo a nivel nacional como Jimena y Eva (Estados Unidos), Lara (Real Madrid “B”) o Marina, Saza y Campo (CD Oceja).

La generación de las que jugaban cuando no estaba de moda, no se podía vivir del fútbol femenino, no estaba bien visto en la sociedad y no había referentes como hoy en día puede ser la propia Athenea para las niñas que empiezan en los coles. La generación que jugaba con chicos, que pisaba campos de barro, y la generación de los padres que sufrieron para hacer felices a sus niñas. La generación que apostó cuando nadie apostaba. Se cumple una década de las pioneras del fútbol femenino en Cantabria.

La que abrió paso a la generación que va a crecer con una estrella en el pecho. Si no se lo cargan desde arriba, pero ese es otro debate.

Las pioneras del fútbol femenino en Cantabria
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