jueves. 29.02.2024

La noche pesaba en los hombros de Malena.Las pisadas en las aceras de la ciudad dejaban huellas por la furia con que caminaba. El sonido de sus tacones despertaba a los gatos que dormían entre cartones para guarecerse del frío. Por fin era una mujer libre, añil y rosa, que dejaba atrás la pesadilla vivida durante cuatro años en la cárcel por un delito que no cometió. Nunca había traficado con drogas, pero se comió un marrón por alternar con gente indeseable. Sabía que todavía no estaba cerrado el bar de copas donde fue detenida.

Entró con paso firme y los que se decían amigos de ella no pudieron disimular su sorpresa. Malena se sentó en la barra, mientras atronaba 'Sweet Jane' de Lou Reed, y con un gesto autoritario pidió al camarero un vodka con hielo. Cuando pegó tres sorbos, se dio la vuelta y con ademanes de chica mala barriobajera esgrimió una navaja. "¡Venid cabrones, venid!". Los tres camellos que jugaban al billar pararon y se acercaron, no sin cautela, a las proximidades de la colérica mujer que se soltó la coleta de caballo. "¿Qué, acojonados?". No hubo respuesta. "No os preocupéis que no os voy a acuchillar, la sangre me marea. Con esta navaja voy a cortar la coca y nos hacemos unos tiritos".

Así fue y se iría dirigiendo uno a uno para que esnifaran la droga blanca. ¿Tú no te metes nada?", preguntó uno de ellos ya con subidón: "No, yo lo dejé en el trullo. Esta es especial para vosotros". Nada más pronunciar esta frase, ellos tres cayeron fulminados al suelo. Habían tomado coca adulterada con cal y veneno. Malena les tomó el pulso y estaban fiambres ante la mirada atónita del camarero. No quedaba nadie más. "Tú no has visto nada ¿verdad? porque te rajo el cuello". Malena se acabó el vodka, pagó y salió por la puerta del bar rapeando en busca de una pensión.

La venganza de Malena
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