domingo. 03.03.2024

Hacía un calor seco, abrasador. Las hormigas escalaban las piernas descubiertas por un pantalón corto de un chico enfermo de cáncer de piel. Samuel hacía la vida de un recluso, apenas salía al campo pero ese mediodía de sol albaricoque paseaba junto a un camino entre chopos y restos de carteles de una funeraria. Era un lugar solitario, algo lúgubre.

Tres horas después su madre recibía una llamada telefónica. Se temió lo peor, por eso balbuceaba. El guarda forestal le comunicó que su hijo había sido atacado por una manada de buitres y que había muerto. Cogió su coche, arrancó como una posesa y llegó a aquel siniestro paraje con una crisis de pánico. El forense destapó su cuerpo: era un esqueleto con restos de piel. Antes de caer fulminada al suelo maldijo al sol.

Sol albaricoque
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