domingo 28/11/21

¿Qué nos está pasando? Esa es una de las preguntas que la población se lleva haciendo catorce meses. Todo cuanto se conocía hasta entonces ha cambiado, y cada uno de los sectores de la sociedad ha sufrido el impacto de la COVID-19.

El 14 de marzo fue la fecha clave de una nueva era en la que la vida social dio un giro. La ‘nueva normalidad’ se instaló de pronto en todas las ciudades del mundo, y aunque las vacunas han empezado a llegar, el ritmo sigue siendo lento.

La cultura se ha visto obligada a paralizar sus rodajes, las empresas a cerrar, los espectáculos a cancelarse, las galerías y museos a vaciarse poco a poco... Adaptarse a la ‘nueva normalidad’ ha sido complicado, ya que, como han relatado en los últimos años varios artistas, “la cultura siempre ha estado infravalorada”.

Generalmente cuando se habla de artistas nos referimos a los músicos y cantantes que se suben a los escenarios para hacer disfrutar a los espectadores con sus melodías. Pero ser un artista no solo se remite a aquellos profesionales de la escena musical. 

Los artistas también son aquellos que dedican su vida al arte en sí, es decir, al área más plástica. Las Bellas Artes han sido una parte básica de la sociedad, y los profesionales de esta disciplina cultural siempre se han sentido “infravalorados” y “apartados de la escena pública por la falta de reconocimiento”.

“La pandemia de la COVID-19 ha paralizado el mundo del arte”

Cantabria es una tierra con un gran poder creador. Han sido muchos los artistas que han nacido en la comunidad y que han demostrado que esta es una región con una gran variedad profesional y creativa. No obstante, muchos de los profesionales cántabros señalan que “como el arte está tan infravalorado en Cantabria muchas veces tenemos que salir fuera de la comunidad para tener un reconocimiento digno”.

En este sentido, el pintor torrelaveguense Pedro Sobrado ha sido uno de los artistas con más prestigio en Cantabria. En su caso, asegura que “la pandemia de la COVID-19 ha paralizado el mundo del arte”. 

A ello añade que “casi no hay galerías porque el interés ha decaído y el miedo ha acrecentado”. “Cantabria apuesta por el arte, es cierto, pero si la gente no sale es imposible salir adelante”, apunta.

Por su parte, una artista emergente de la comunidad dice que “las medidas de seguridad en los museos y en las galerías han empeorado la situación que ya acarreaban estos espacios”. 

“Ahora tienes que seguir un recorrido preestablecido y la gente se concentra en las salas. Antes, por ejemplo, al haber mayor libertad cada uno escogía su propio recorrido y no había tantas posibilidades de que se amontonase la gente”, explica.

Las medidas de seguridad y distanciamiento social han impedido, a su juicio, “la libertad de movimiento dentro de los espacios artísticos”, por lo que se ha coartado el poder ver cualquier obra o sala desde el principio.

Esta artista también asegura que “la sociedad no sabe valorar el arte porque no hay una educación previa”. A ello añade que “muchas de las personas que visitan los museos y las galerías dicen que las obras las podrían hacer sus hijos”. En este sentido, se crea un estigma sobre el trabajo de los artistas

¿Quién tiene la capacidad para juzgar verdaderamente una obra? Hay que ser un experto en la materia. Ese tipo de comentarios no tienen sentido porque para hacer un juicio hay que tener unos conocimientos previos, y la mayoría de ellos no lo tienen”, apunta.

Por otro lado, con respecto al confinamiento domiciliario del pasado mes de marzo, la artista relata que “hubo mucha gente que demostró su talento a través de las redes sociales, y como teníamos más tiempo, por fin se les reconoció como merecían”.

No obstante, también comenta que “el interés por el arte ha acabado. Pero también el interés por todo en general. Parece que ya solo nos interesa disfrutar a lo loco, y no ver más allá de las copas llenas por la noche”.

“El arte es sentirse vivo”

Lo cierto es que desde que la COVID-19 llegó a España toda la vida cambió. Desde la forma de interactuar hasta la de comunicarse unos con otros. De hecho, esta artista señala que “el arte más audiovisual e interactivo está muy dañado. Ahora la gente no puede tocarlo. ¿Cómo se va a entender así?”

“La sociedad suele confundir conceptos. Confundimos el arte con las aglomeraciones, y eso es muy distinto. El arte es esa expresión de emociones y sentimientos, esa búsqueda de la verdad tan poética. El arte es sentirse vivo”, explica la artista Elisa San Ceferino.

Asimismo, añade que “hace falta educar en la creatividad y en el arte. A la educación actual le falta profundizar en el arte, y así es difícil que las futuras generaciones puedan valorar las obras”.

La creatividad y la expresión de las emociones se han convertido en elementos claves de la sociedad, especialmente desde que la COVID-19 privó a la población de su rutina diaria y se vio sumida en la búsqueda de la cordura. En este contexto, Nicole Solano, una profesional cántabra emergente de este sector, dice que “el arte nos hace ser nosotros mismos, ser más humanos, y la pandemia lo ha demostrado”.

Por otro lado, el artista cántabro Juanjo Viota asegura que “la distancia que se produce entre el Gran Mercado del Arte y el público está, en muchos casos, producido por el ensalzamiento por parte de los galeristas, directores de museos, coleccionistas y especuladores de propuestas artísticas, que sin ir más allá de lo ocurrente, se alejan tremendamente del entendimiento de la gente, incluso diría, de expertos y otros artistas...”.

“Cuando uno acude a un Museo o Feria de Arte y de lo único que se habla es de "x" obra por su carácter provocador, se está haciendo flaco favor al Arte y a los artistas en general, puesto que es con lo único que se queda la gente, con la anécdota fácil y más mediático”, destaca.

“Mientras haya deseo, sigue habiendo arte”

A ello añade que “el verdadero problema es que se crea una animadversión y resistencia al significado de lo que es Arte. Y esta situación, junto con la falta de educación y formación específica en los colegios e institutos, nos encamina a que la gente no consuma arte”. Además, con respecto al futuro de esta disciplina, Viota asegura que “mientras haya deseo, sigue habiendo arte”. 

Lo cierto es que la incertidumbre se ha hecho con cada uno de los sectores de la sociedad. El mundo ha cambiado, es cierto, pero los sentimientos y emociones siguen siendo iguales, quizás incluso se podría decir que se han maximizado.

Lo que ocurra con el arte y los artistas en el futuro es una incógnita. Al igual que todos los sectores que componen la sociedad, la pandemia de la COVID-19 ha dañado el estado del arte hasta tal punto de que muchos artistas han tenido que abandonar sus trabajos por la falta de oportunidades que les brinda el presente. 

Aquellos que aún siguen sumidos en esta disciplina siguen con miedo, pero con ilusión. Su trabajo es su marca personal, la muestra su ser, y su objetivo es seguir mostrándolo mientras puedan.

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