lunes 25/10/21
PINTURA

El retrato de Don Pedro Sánchez de Tagle, pieza del mes de la Universidad de Cantabria

RETRATO DON PEDRO DE TAGLE SANTILLANA
Retrato de don Pedro Sánchez de Tagle, II marqués de Altamira

El retrato de don Pedro Sánchez de Tagle, II marqués de Altamira y uno de los indianos más destacados de la región, ha sido elegido 'pieza del mes' por el Aula de Patrimonio Cultural de la Universidad de Cantabria.

La familia Sánchez de Tagle, oriunda de la localidad cántabra de Tagle, se asentó a mediados del XVII en el campo de Revolgo, en Santillana del Mar. A partir de finales de esa centuria este linaje consiguió extender su influencia por el Nuevo Mundo, desde la ciudad de México hasta los principales centros comerciales de los virreinatos de Nueva España (incluida Filipinas) y del Perú.

Nacido en Santillana, en 1667, don Pedro llegó a México en 1687, llamado por su tío don Luis Sánchez de Tagle, I marqués de Altamira, un acaudalado comerciante de la capital mexicana que reclamó la presencia de su sobrino con la intención de enseñarle el oficio y de que contrajera matrimonio con su hija Luisa.

Esto hizo posible que a la muerte de su tío, don Pedro, quien por aquel entonces ya tenía una cuantiosa fortuna personal obtenida a través del comercio con el Pacífico y del negocio de la plata, heredase el título nobiliario en calidad de consorte.

Además de este marquesado, obtuvo otros honores y títulos a lo largo de su vida, como los de sargento mayor, mariscal de campo, caballero de la Orden de Calatrava, gentilhombre de Su Majestad, gobernador del Estado del Marquesado del Valle de Oaxaca, prior del Consulado y regidor perpetuo de la ciudad de Puebla, donde falleció en 1724, siendo enterrado en el convento de San Sebastián, de los carmelitas descalzos de Coayacán, actual ex convento del Ángel.

La relevancia que alcanzó este personaje justifica que exista un retrato suyo en el Museo Nacional de Historia de México. Este retrato es idéntico al que se conserva en la casona familiar de Santillana, con la única diferencia de que la inscripción que acompaña al lienzo mexicano es más extensa que la de la casona familiar, ya que en ella se hace mención expresa a la procedencia de don Pedro, además de a la fecha y lugar de enterramiento.

Por el contrario, en el cuadro de Santillana se omite, quizá por ser innecesario, la referencia genealógica y al lugar de nacimiento.

El hecho de que estemos ante dos retratos idénticos, salvo en lo que a la inscripción de las cartelas se refiere, pone de manifiesto que el del convento de San Sebastián copia al que se envió a Santillana, que sería realizado en vida de don Pedro por alguno de los principales pintores coloniales.