martes. 27.02.2024

Sara vestía ropas antiguas y cuando paseaba por el bosque con la caducifolia escuchaba el ronroneo de un gato persa que movía su cola como un plumífero a modo de gesto de alegría. Sara era una niña todavía pequeñita que vivía en conexión con la naturaleza. Sus dos trenzas se balanceaban cuando se topaba con un caracol. Le cogía en su mano y con cuidado acariciaba sus cuernos con un dedo.

Todo era un estallido de colores entrado el otoño, menos el día en que un árbol enfermo se precipitó sobre su delicado cuerpo. El bosque, siempre tan enigmático, transformó el cuerpo inerte de Sara en tierra húmeda. Beethoven sonaba de fondo.

Réquiem en el bosque
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