martes. 21.05.2024

Yo nunca he querido montar follones, crear polémicas, ni nada parecido. Mi único interés fue ensanchar los límites de la libertad de expresión. Lo hice durante la dictadura franquista y lo he seguido haciendo toda mi vida

Paloma Chamorro

Eran los martes de noche. Cita obligada para las personas que asistíamos con pasión a los cambios que efectuaba un país que fue de plomo y se abría a un amanecer colorido. Nos sentábamos frente al televisor, cuando la televisión era una ventana cultural y atrevida para las que no teníamos otra forma de atravesar la modernidad. A veces no entendíamos todo lo que esos martes dichosos veíamos en la pantalla, incluso la perplejidad nos turbaba un poco, pero jamás nos lo perdíamos porque era un programa hipnótico.

Lo dirigía, producía y presentaba una mujer con imagen afterpunk, con un pelo crepado hasta límites inverosímiles, que incluso copiamos algunas con riesgo para la integridad capilar. Su imagen ya indicaba que el programa no era usual. Estamos hablando de los años 1983 hasta 1985. Dos años nada más que parecían un mundo.

Hablamos de Paloma Chamorro, nacida en Madrid un cuatro de marzo de 1949, en una familia de alta burguesía. Su padre era fiscal y se educó en un colegio de monjas donde alguna vez, confesaría con retranca, lavaron su cara con estropajo por pintarse demasiado. También contaba que era feliz los veranos en el pueblo jugando con chicos porque se sentía uno más entre ellos. Hasta en eso fue precursora aun sin saberlo. Connotaciones queer en una infancia salvaje.

Le apasionaba cualquier cosa relacionada con el arte y la vanguardia

Más tarde estudió filosofía pura en la Complutense, coqueteando, en los últimos años del franquismo con el teatro independiente, de la mano de su hermana y de movimientos culturales un tanto marginales que bullían en la capital de España. Le apasionaba cualquier cosa relacionada con el arte y la vanguardia. La dictadura se resquebrajaba de forma visible y los/as jóvenes del momento, quizá no querían cambiar el mundo como los que eran un poco mayores, pero sentían la curiosidad por contemplarlo y vivir la modernidad hasta el tuétano. Se trataba de asomar la cabeza por las rendijas que permitía un sistema caduco pero aún peligroso. Los movimientos culturales, artísticos, musicales, volaban desde Londres, Nueva York, París y en Madrid se cocía algo extraño que años después dio en llamarse Movida.

Paloma comenzó pronto a destacar. En los primeros setenta y de forma casual, entró en RTVE, en programas de divulgación cultural. Paloma era pequeña de talla, muy inteligente, y con un carisma especial lo que le hacía extremadamente molesta para los popes de la cultura que se movían en un ambiente hegemónico por los estudios televisivos. En 1973 y 74 trabaja en el programa Galerías, donde hace de todo. Es telefonista, sirve café… hasta que comienza a destacar comiéndose al resto con su ligereza e inteligencia. Le siguen Cultura 2, Encuentros con las artes y las letras, desde 1976 al 77 donde su personalidad toma fuerza compartiendo mesa de debate con Fernando Sánchez Dragó entrevistando a pintores de renombre. Luego llegaría Trazos en 1977, donde comienza a colaborar en abril con el director Ramón G. Redondo, para pronto tomar ella misma la dirección del programa. Tuvo la osadía de entrevistar a Miró, y a Dalí, de forma prodigiosa, consiguiendo de ambos unas entrevistas que son consideradas las mejores que concedieron unos genios tan difíciles. Hasta que se cansó de hablar solo de pintura.

Eran tiempos de programas musicales míticos en la televisión. Había solo dos cadenas, públicas, donde se realizaban programas como Aplauso, Tocata, Popgrama, Rockopop, Plastic, La bola de cristal que prestigiaban, unos más que otros, las emisiones.

Surgió la idea cuando Paloma Chamorro vio que el programa Aplauso impuso a los Ramones el playback, ante la indignación que el hecho le produjo propuso un programa que aunara el arte, la música con las vanguardias más extravagantes que surgieran en el mundo. De esa idea inicial surgió La edad de oro, el programa de la Dos, mítico de los martes por la noche que nadie que pretendiera estar enterado del vanguardismo podía perderse.

Pocas televisiones del mundo han tenido un revulsivo cultural de ese calibre

Fueron solo dos años de programación pero es seguro que pocas televisiones del mundo han tenido un revulsivo cultural de ese calibre. Por La Edad de oro han desfilado artistas como Lou Reed, Tom Verlaine, Marc Almond, John Cale, Echo & Bunnymen o The Cars actuando en directo, mientras Chamorro entrevistaba a referentes de La Movida como Kaka de Luxe, Loquillo, Alaska y Dinarama, Gabinete Caligari o Derribos Arias The Smiths, The Lords of the New Church y Johnny Thunders, Alaska y los Pegamoides, Parálisis Permanente, Alaska y Dinarama, Radio Futura, Los Rebeldes, Loquillo, Danza Invisible o Almodóvar & McNamara. Pintores como Miquel Barceló, al que lanzó al estrellato y Pérez Villalta además de un número amplio de personas con las que charlaba mientras se sucedían las actuaciones en directo en un estudio de RTVE preparado como sala de conciertos. Son míticas las entrevistas que realizó a un Nazario completamente colocado, o a Stiv Bators enseñando el vello púbico y a una enloquecida pareja de Almodovar y MacNamara a los que solo conocían los entendidos, maquillados y realizando dúos imposibles. El público llenaba el estudio con total libertad como si se tratara de una sala de conciertos… con todos los condicionantes de alcohol y drogas que eso suponía en la época.

Fue un programa que tensó como ninguno los límites de una libertad de expresión que se producía, no tanto como lucha contra el sistema, sino como expresión meramente de ruptura del dique monolítico que se había vivido hasta entonces. Era demasiado y se lo hicieron notar.

Fue denunciada en 1985 por blasfemia (antecesora de Willy Toledo en ello) por emitir un video del grupo británico Moon Child, en que se mostraba a un licántropo con cabeza de cerdo crucificado. La fiscalía le pide dos meses pero el abogado denunciante Juan Riu Izquierdo (antecedente de Abogados Cristianos, como verán esta época no ha inventado nada, se hizo todo en los ochenta) le pedía dos años, cuatro meses y un día y 75.000 pts. de la época, que era una cantidad respetable. El proceso no se resolvió hasta 1993 cuando Paloma Chamorro sería absuelta. Lo que ocurrió durante ese tiempo es que las presiones mediáticas, sociales y judiciales fueron extremas.

La prensa derechista del momento, el Alcázar, ABC, Ya, la nombraban como Vilma Picapiedra y su aliento de burdel y estercolero”. Su programa era llamado “La edad del morro” acusándola de recibir un millón de pesetas por programa… El boicot que se le hizo dentro de la casa fue intenso hasta que los jefes de la cadena dejaron de hacer el programa y fueron marginándola hasta agotarla.

Al retirar La edad de oro, Paloma Chamorro estrenó el espacio de producción propia La realidad invertida, dedicado a los artistas contemporáneos más importantes, recogiendo su producción más destacada y los acontecimientos más significativos de su trayectoria profesional. Entre los entrevistados figuraron Joan Miró, Robert Mapplethorpe, Keith Haring, George Condo y David Hockney. Este espacio se emitió hasta enero de 1989.

Después de lo vivido durante la etapa de La edad de oro, Chamorro se desfondó y aunque hizo cosa de importancia, como un especial sobre Maruja Mallo y otro donde se conmemoraban los 250 aniversario de Goya, en 1997, se fue apartando de la televisión dedicándose a producir eventos culturales y gestionando espacios como el Círculo de Bellas Artes de Madrid.

La que había sido musa de la Movida, amiga hermanada de los artistas geniales y mediocres que se mezclaban en un Madrid brioso, juntándose en el Rastro para luego recalar en su casa para comer pasta de anchoas y helados Miko, se desdibujó de forma consciente, agotada como la propia Movida, por el exceso de ajetreo de años anteriores.

Paloma Chamorro dejó de trabajar en 2002 recluyéndose en Robledo de Chabela con su compañera de vida, para dedicarse al campo, cuidar sus animales y leer, leer mucho. De vez en cuando viajaban a Londres, París o Nueva York para sumergirse en los mares del arte sin lo que Paloma no sabía vivir pero tornando a la placidez del campo. Vida que eligió, la que había sido todo en el entorno urbano de una ciudad, Madrid, que quedaría unida a la Edad de Oro cultural que supuso la Movida.

Murió prematuramente un 29 de enero de 2017. Hace poco la televisión que la vio triunfar ofreció un programa hermoso que recoge su vida y su enorme talento.

Inolvidable e icónica, Paloma Chamorro, nos enseñó que la libertad llega de la mano del arte y de la cultura. Y también de un pelo crepado hasta lo imposible simbolizando unos años inolvidables.
 

Paloma Chamorro
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