sábado. 24.02.2024

A veces la noche se parecía a una boca de metro donde los sintecho dormían entre cartones. Tan cruel podría ser que se convertía en una diosa sin compasión. Toda la oscuridad que se colgaba en las copas de los árboles afilaba los dientes de sierra de la ciudad. Una maldición era vivir entre las llamaradas del infierno. El temor a que no volviera a clarear el día se había instalado entre caras de plasma y sonrisas de hiena.

-Lo presiento, es el final -dijo un ingeniero en paro.

-Tengo veneno suficiente -respondió el diablo.

-¿Para qué morir tan deprisa?

Nadie quería gritar, se conformaban con el destino que les tenía asignada la noche. "¡Circo Hermanos Legaña! ¡El mejor espectáculo para las familias!" rompía el silencio por la desagradable megafonía de una furgoneta con publicidad y fanfarria de otra época. No podía ser más oportuna porque la vida es como un circo repleto de acróbatas.

Noche de acróbatas
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