martes. 27.02.2024

Su casa de madera olía a serrín. Las paredes estaban empapeladas de carteles anunciadores del que fue su circo y de fotos en blanco y negro de las principales atracciones. Una tarde Mr. Kite paseaba bajo una fina lluvia y reparó en una tienda de antigüedades. Su mano derecha estaba inquieta, no sabía qué buscaba en las estanterías, pero su cerebro no paraba de darle órdenes. Cuando parecía que nada en especial le interesaba, encontró un cartel de colores estridentes del payaso Salsipuedes que se convirtió en la atracción más demandada de su circo. Pero el empresario de las ilusiones sufría de coulrofobia. Le temía y nunca guardó ningún recuerdo de él y así quería continuar.              

El tiempo empeoró por la noche y el estruendo de la tormenta sobresaltó a Mr. Kite. Encendió la bombilla de la lámpara y sentado en una silla aguardaba el payaso con dientes afilados, máscara pavorosa y una voz de ultratumba. "Me debes toda tu fama, pero cuando no te hacía falta me despediste". Y con más odio si cabe le acusaba: "He vivido en la miseria, sucio explotador". Antes de que le respondiera con los temblores de la muerte, Salsipuedes se abalanzó sobre él. Los dientes, pequeños puñales, le abrieron la yugular.                                                  

Al día siguiente Mr. Kite tomaba pensativo un café en la cocina. Decía en voz baja "¡Vaya pesadilla! Si a ese payaso le pasó por encima una apisonadora".

Mr. Kite
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