jueves. 29.02.2024

Perdimos la cordura entre funcionarios vestidos de gris y miradas opacas. Habíamos ido a solucionar un trámite pero nadie sabía nada, absolutamente nada. Sus palabras sonaban a computadora. Era una pequeña cárcel de donde queríamos salir. Todos ellos se pusieron en pie y caminaban desde sus mesas repletas de papeles hacia nosotros dos. No podíamos movernos de aquella oficina, estábamos atrapados debajo de lámparas de araña.

-Sonrían señores, sonrían -decían con voz monótona.

El ambiente resultaba amenazante. Estábamos destinados a quedarnos retenidos para siempre. Sudábamos, más ella que yo, la angustia nos convertía en seres alienados. El techo se estaba agrietando e iba a caer sobre nuestros cuerpos. No pudimos recordar más en ese universo kafkiano. El resto de aquella truculenta historia quedó archivada en un ordenador.

La oficina
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