viernes 15/10/21
cultura

Inauguración de una muestra retrospectiva de la pintora Isabel Villar

Sala de Arte Robayera del Ayuntamiento de Miengo, situada en las antiguas escuelas de Cudón, alberga esta exposición que podrá visitarse hasta el próximo 28 de agosto.

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Los escenarios naturales que sirven de contexto a sus figuras, ya se trate de jardines, bosques, campos labrados, llanuras o playas que nos sitúan en paisajes castellanos o de la costa cantábrica

La Sala de Arte Robayera del Ayuntamiento de Miengo, situada en las antiguas escuelas de Cudón, inaugurará este sábado, 23 de julio, a las 19.30 horas, una muestra retrospectiva de la pintora Isabel Villar (Salamanca, 1934), que podrá visitarse hasta el próximo 28 de agosto.

Bajo el epígrafe 'En un lugar que yo veo', la exposición reivindica el papel de la pintora en la historia del arte español del último medio siglo como todo un referente de independencia y libertad, a través de una selección de cerca de una veintena de obras, algunas inéditas, realizadas por la artista de origen salmantino entre 1975 y 2016.

Bajo el epígrafe 'En un lugar que yo veo', la exposición reivindica el papel de la pintora en la historia del arte español del último medio siglo como todo un referente de independencia y libertad

Isabel Villar muestra en esta exposición su singular universo iconográfico, vertebrado por figuras solitarias de rostros hieráticos que posan en primer plano -y normalmente desplazadas del centro- junto a todo un repertorio de animales salvajes que parecen extraídos de ilustraciones enciclopédicas (lobos, tigres, leones, rinocerontes, focas, monos, hipopótamos, aves exóticas, okapis y lemures) en escenarios abiertos, dominados por una vegetación exuberante, que acaban remitiendo a una suerte de paraíso perdido donde los seres humanos, los animales y las plantas conviven en armonía formando una unidad con el paisaje.

La exposición incluye asimismo escenas protagonizadas por ángeles, niñas-mariposa que vuelan como cometas, pastores con su rebaño, retratos de grupo que visten atuendos del pasado evocando las fotografías de un viejo álbum familiar, bodegones y una pieza escultórica de su primera etapa.

En ellas se abordan temas como el paso del tiempo, la memoria, la pérdida del equilibrio ecológico y el diálogo entre los seres humanos con la naturaleza, tal como explica la historiadora del arte Pedrona Torrens en el texto del catálogo que acompaña la exposición.

Isabel Villar funde lo más salvaje junto a lo más apacible en escenas que, pese a emparejar lo aparentemente incompatible, transmiten serenidad y sosiego, pero también una honda nostalgia. Nos convierte en voyeurs de un mundo en el que "lo único que se ve es que algo se oculta", según destacó Fernando Savater. Se trata de un naturalismo extraño, perfectamente orquestado, que posibilita sentir una civilización otra, donde los humanos confraternizan con el resto de seres vivos.

La aparente ingenuidad de su obra, profundamente deliberada y no exenta de ironía, así como el intenso lirismo que desprenden sus composiciones, hacen que su pintura resulte tan accesible como cautivadora y enigmática, ya que en el fondo parece abordar otra dimensión del tiempo.

Se abordan temas como el paso del tiempo, la memoria, la pérdida del equilibrio ecológico y el diálogo entre los seres humanos con la naturaleza

Fiel a sí misma y a su universo interior, su obra no siempre ha sido correctamente interpretada, situándose a menudo bajo la etiqueta naif; sin embargo, Isabel Villar posee una amplia formación académica y su trabajo, además de su evidente dominio técnico, incorpora múltiples referencias a la historia del arte, desde determinados planteamientos primitivistas que remiten a la obra de Henri Rousseau (el Aduanero) a toques surrealizantes que evocan las composiciones de René Magritte, pasando por la pintura medieval o el Renacimiento italiano.

Su pintura, según puso de manifiesto Savater, resiste "el tránsito fugaz de la moda", haciendo surgir lo inesperado, generando un mundo propio, intensamente original, que nos traslada a una nueva realidad pictórica llena de fantasía e imaginación.

Los escenarios naturales que sirven de contexto a sus figuras, ya se trate de jardines, bosques, campos labrados, llanuras o playas que nos sitúan en paisajes castellanos o de la costa cantábrica, están construidos a partir de toques repetidos, rigurosamente ordenados, aplicando una pincelada minuciosa, un dibujo preciso y una paleta de colores vivos e intensos.

La pintura de Isabel Villar hace gala de una técnica muy elaborada, detallista y llena de matices, que combina perspectivas y planos escalonados superpuestos, dominados por una diagonal ascendente y por amplios horizontes que subrayan la horizontalidad de sus composiciones.

Su incuestionable personalidad artística, profundamente independiente y coherente a lo largo del tiempo, ha sido puesta en valor por autores como Carmen Martín Gaite, Fernando Savater, Josefina Aldeoca, Francisco Calvo Serraller, Vicente Aguilera Cerni, Marcos Ricardo Barnatán o Rosa María Pereda, entre otros nombres significativos de la literatura y la crítica de arte.

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